Miércoles, 01 de Abril de 2026

Una vigilia que nos interpela

ArgentinaLa Nación, Argentina 31 de marzo de 2026

Río Grande

Río Grande. Faltan minutos para el 2 de abril de 1984. Tres veteranos rinden tributo en soledad a sus compañeros caídos en las islas. No hay escenarios ni discursos; solo un tambor que ofrece algo de luz y calor. Aquella escena fue el inicio de algo que nadie pudo imaginar.

Este gesto comenzó a repetirse y multiplicarse. Primero en Tierra del Fuego. Luego en otras provincias. Hoy esa llama se enciende desde La Quiaca hasta Ushuaia, desde la cordillera hasta el litoral, desde las costas del Atlántico hasta nuestras bases en la Antártida. Traspasa fronteras reapareciendo allí donde argentinos -lejos de su terruño- se reúnen para esperar el 2 de abril. A la medianoche, el Himno Nacional Argentino eleva corazones rindiendo homenaje a nuestros héroes. Un gesto silencioso devino en una marea arrasadora.

Desde la restauración democrática, la Argentina atravesó crisis económicas devastadoras, recuperaciones transitorias, fracturas políticas persistentes y entusiasmos efímeros que derivaron en nuevas frustraciones. Gobiernos de todos los signos políticos prometieron devolvernos el rumbo perdido, reconstruir el sueño colectivo. No lo lograron. Y mientras tanto, esta corriente subterránea siguió creciendo. Resulta difícil encontrar una localidad argentina donde, en la medianoche previa al 2 de abril, no se realice una de estas vigilias.

En España invertebrada, José Ortega y Gasset advertía que las naciones se debilitan cuando las fuerzas dispersivas erosionan la conciencia de un destino común expectable. Frente a ello reafirmaba, sólo un "proyecto sugestivo de vida en común" es capaz de enlazar particularismos y tensiones divisivas. Algo de ese impulso parece insinuarse en estas noches de memoria compartida y agradecida . Apenas vislumbramos lo que ocurre en la epidermis del fenómeno. Constatamos su existencia, su irrefrenable crecimiento, pero no acertamos a descubrir la naturaleza profunda de la onda expansiva que lo impulsa.

No es casual que estas vigilias evoquen la tradición pascual: la espera en la oscuridad, un "cirio" y el surgir de una luz que contagia y vence las tinieblas. Esa imagen nos recuerda que aún en momentos de mucha oscuridad existen razones para la esperanza.

En una de esas vigilias -la que se realizará el 1° de abril en Playa Unión, Rawson- llegará la imagen de Nuestra Señora de Luján que acompañó a las tropas durante el conflicto. Se rezará por los caídos y sus familias; también por quienes murieron en el continente a causa de las heridas invisibles de la guerra. Para muchas familias, ese gesto abrirá un espacio de memoria y consuelo largamente esperado.

Tal vez por eso estas vigilias interpelan. Mientras una Argentina está secuestrada en la lógica del enfrentamiento, otra —silenciosa, paciente, tenaz— viene construyendo algo distinto, desde abajo, apoyada en valores que nos unen: memoria, gratitud, fe, sacrificio, esperanza.

Pequeños gestos inician grandes cambios históricos; casi nadie los registra, hasta que repetidos por centenares de miles revelan la existencia de consensos profundos que nos hermanan.

Tal vez entonces no importe tanto poder explicar qué fuerza impulsa estas vigilias, sino descubrir cómo abrazarnos a esa corriente de esperanza.

Abogado
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