Poder arbitrario
Miguel Gómez Martínez
De todas las desviaciones del poder, la más perversa es la arbitrariedad
Miguel Gómez Martínez
De todas las desviaciones del poder, la más perversa es la arbitrariedad. Cuando aquel que ejerce el poder recurre a la arbitrariedad, la legitimidad se derrumba. La arbitrariedad no tiene que ser monumental, puede incluso ser catalogada de una nimiedad. Pero deja traslucir la naturaleza real de quien la comete. Todo poder tiene facetas arbitrarias. Los griegos consideraban que la virtud debía ser la condición primaria de todo gobernante. Tal vez por lo mismo eran escépticos y desconfiados frente al poder y terminaron confiando en el pueblo sin darse cuenta de que también la masa podía ser arbitraria. Poder ejercido de manera arbitraria ha existido siempre y todas partes. En los últimos años hemos experimentado una enorme cantidad de abusos del poder que no son nada más que la expresión de un gobernante ególatra y autoritario que desprecia la ley y las instituciones. Hay lamentablemente muchos ejemplos. Arbitrariedad es nombrar en cargos de responsabilidad a personas que no reúnen los requisitos mínimos para ejercer los cargos. Los gabinetes ministeriales en los últimos años tienen personajes que adolecen de formación, experiencia y cualidades morales para ejercer funciones muy delicadas. Ministerios tan importantes como Educación, Relaciones Exteriores, Defensa, Minas, Hacienda, Cultura, Salud, Deporte, Igualdad, Medio Ambiente han sido confiados a personas con capacidades inferiores a los desafíos que implica gobernar. No hablemos de las calidades morales de muchos de ellos empezando por el de Interior, que es delegatario de las funciones presidenciales. Arbitrariedad es sostener a funcionarios que con sospechas de corrupción y varias indagaciones penales, como el caso de presidente de Ecopetrol, la más importante empresa del país, que se mantiene aferrado al cargo a pesar de haber generado una colosal pérdida de valor de la empresa y estar salpicado por varios escándalos graves. Arbitrariedad es intentar nombrar a una muchachita sin calificación en un cargo público y, luego de confirmarse que sus títulos son falsos, respaldarla sin importar el precedente que ello implica. Arbitrariedad es designar personas sin cumplir los requisitos y luego modificarlos para tapar la irregularidad. Arbitrariedad es destituir funcionarios por no compartir las ideas absurdas y locuras del ego populista del gobernante. Arbitrario es endeudar al país de forma irracional e irresponsable pasando de 800 a 1.300 billones de pesos. Irresponsable y abusivo, por lo tanto, arbitrario, es comprometer el futuro económico del país con un déficit fiscal sin precedente que podría incluso superar el 8 por ciento del PIB. Es arbitrario firmar decenas de miles de contratos y comprometer los escasos recursos fiscales en burocracia improductiva para satisfacer clientelas como se hizo antes de la entrada en vigor de la ley de garantías electorales. El gobierno actual ha convertido el desconocimiento de la ley en una forma de gobierno.
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