Jueves, 02 de Abril de 2026

El último gigante: cómo es el drama con Oscar Martínez que dirige Marcos Carnevale y ya llegó a Netflix

UruguayEl País, Uruguay 2 de abril de 2026

Oscar Martínez vuelve a trabajar con el director de "Inseparables" en una historia sobre perdón y abandono filmada en las Cataratas del Iguazú. "El último gigante" ya llegó a la plataforma de streaming.

Antes de los éxitos, las plataformas y las salas llenas, Marcos Carnevale era un adolescente en un pueblo de Córdoba que soñaba con filmar, aunque fuera una sola película. Mucho antes de hacer dupla con Adrián Suar en televisión y dirigir éxitos del cine argentino como Elsa y Fred, No soy tu mami, Corazón de león e Inseparables, le tocó convencer a su entorno de que el cine no era una fantasía.

Tenía con qué. Carnevale se convirtió en uno de los directores más exitosos del cine argentino reciente, junto a nombres como Juan José Campanella y Damián Szifron, aunque con un perfil más orientado al cine popular. También formó parte en éxitos de la televisión como 099 Central, Padre Coraje, Valientes, Malparida y Los ricos no piden permiso.


Su obra está construida sobre historias de vínculos reconocibles, con un tono cercano que privilegia la emoción sobre el riesgo narrativo. El desarrollo de las historias avanza sin sorpresas y todo está más o menos donde uno se lo espera. Esos condimentos están en su última película, El último gigante, que llegó a Netflix y se centra en la relación padre e hijo como en las heridas sin cerrar por el abandono.

"A lo largo de mi carrera me han dicho muchas veces que mis películas son comerciales, y me lo siguen diciendo. Creo que es un prejuicio", decía Carnevale a El País en 2019, antes de hacer una alianza con Netflix que ya ha dado títulos como Granizo, Corazón loco, Corazón delator y Goyo, varios entre lo más visto en la plataforma de streaming. Otros méritos recientes son el éxito en calle Corrientes del año pasado, La cena de los tontos, y la próxima obra que lo reúne con Guillermo Francella: Desde el jardín. También fue guionista de La casaca de Dios que dirigió Fernán Mirás y protagonizaron Natalia Oreiro y Jorge Marrale, que se estrenó en el festival de Málaga y llega a los cines de Uruguay el 16 de abril.

https://www.youtube.com/watch?v=ojssghBcAac
"No existe la receta del éxito, pero sí los ingredientes, parámetros, que por otro lado van mutando con las épocas", comentaba Carnevale en aquella entrevista. Señalaba, por ejemplo, que hoy ve "lentísimas" las producciones históricas de Pol-ka que en su momento eran consideradas una innovación.

Con El último gigante, Carnevale muestra todo su estilo conocido, y la emocionalidad atraviesa toda la historia. La trama se centra en Boris (Matías Mayer), quien trabaja como guía en las cataratas del Iguazú, tiene una novia, amigos y una simpática y enamoradiza madre, Leticia (Inés Estévez), que canta karaoke en el boliche del pueblo ("Nel blu dipinto di blu", de Domenico Modugno y "The Sound of Silence", de Paul Simon) despuntando el vicio de una carrera que no fue en la música.


Esa vida tranquila y hasta rutinaria cambia cuando aparece Julian (Oscar Martínez), el padre de Boris, quien ha estado ausente en las últimas décadas de su vida. Por qué abandonó a su familia (era piloto y tenía otra familia en Buenos Aires) y cuál es el motivo de su visita se irá conociendo con los minutos. Aunque como ocurre en las historias de Carnevale, que también escribió el guion, todo es un tanto predecible.

A Carnevale no le interesan la vuelta de tuerca final ni las preguntas filosóficas que acompañan el regreso de un padre ausente a la vida de un hombre adulto. Su cine va por lo seguro, moviendo la trama entre el drama familiar simpático y la comedia negra liviana, sin jugársela demasiado.

La película se centra en el tire y afloje de un vínculo forzado, entre reencuentros, reproches, escapes del hospital y conflictos familiares (Silvia Kutika tiene un precioso personaje) sin sanar en esa relación. Al mismo tiempo, abre subtramas la historia de esa familia que no fue, unos apuntes de comedia relacionado a las drogas y hasta un conflicto ligado a la eutanasia que quedan apenas esbozadas y diluyen (como las escenas turísticas de las Cataratas) el foco del relato.


Martínez, quien vuelve a trabajar bajo las órdenes de Carnevale luego de Inseparables (2015), aporta su presencia a un Julián que tiene capas, dudas y una mezcla de orgullo por su hijo y la vulnerabilidad por su salud, lo que suma a la historia. Por su parte, Mayer (el Polaco de Barrabrava) construye un Boris contenido y emocionalmente bloqueado, que se irá moviendo entre castigar, perdonar y ayudar a su padre. Todo esto marcado por diálogos un tanto olvidables, una banda sonora que intenta subrayar los momentos para emocionarse, y moralejas de manual de autoayuda. El efecto igual funciona, porque Carnevale tiene oficio y solvencia como para llevar a la película a buen puerto.

Porque el director, aunque diga que su cine está influenciado por los maestros italianos del neorrealismo (lo que no siempre se percibe en su cine), no busca reinventar nada. Con una premisa simple y actores sólidos, apunta a lo que mejor le sale: emocionar. Y en ese terreno el del cine popular que no arriesga, pero cumple sigue siendo un nombre confiable.

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