Conspiración en crisis
El Frente Amplio ve agonizar sus referencias políticas.
El mundo vive una realidad imprevisible impulsada por el presidente de los Estados Unidos Donald Trump, que incluye acciones en Venezuela y otras vinculadas a la isla de Cuba. Sobrevive aquí una dinastía familiar impulsada originalmente por Fidel Castro, quien constituyó una tiranía cruel, entregando literalmente al país como colonia al implosionado imperio soviético establecido en Rusia. A cambio de recibir miles de millones de dólares de subsidio encubiertos como operaciones de comercio internacional, que ayudaban a la sobrevivencia de la tiranía. Hasta ahora, por 67 años, ha habido allí un pueblo reprimido sin consideración de humanidad y un líder, un partido único, un diario, una radio, un canal de TV, y una economía fallida que es magna tragedia humana divulgada por los medios de comunicación planetarios.
Unos tres millones de exiliados, son testimonio de la situación del citado país. Reiteradamente desde allí se extendieron tentáculos de esa tragedia especialmente a América Latina. Una realidad que viene siendo derrumbada por nuevas circunstancias. La izquierda latinoamericana atraviesa hoy su momento más crítico en décadas. El Foro de São Paulo y el Grupo de Puebla, dos espacios que prometían ayer articular una alternativa "progresista" continental colapsan merced a sus contradicciones e incoherencias.
El Foro de São Paulo nació en 1990, en el contexto del colapso soviético ruso. Fue creado por Fidel Castro y Lula Da Silva, como un espacio de encuentro para organizaciones de izquierda. Treinta años después, el Grupo de Puebla fue creado en 2019 como su versión actualizada: una coalición más flexible de líderes populistas que buscaba capitalizar la llamada "Marea Rosada". Reunía a los gobiernos de izquierda que dominaron la región en la primera década de este siglo.
La implantación de la dictadura chavista en Venezuela que desconoció un libérrimo resultado electoral en su contra en 2024 y, una denuncia de violencia de género contra el expresidente argentino Alberto Fernández que forzó su suspensión del grupo al exponer la fragilidad moral de una organización que proclamaba compromiso con la igualdad de género, iniciaron una debacle. Aunque lo peor fue la incoherencia ideológica. Al relativizar violaciones sistemáticas de los derechos humanos en Nicaragua, Cuba y Venezuela. Quedó claro que ambas organizaciones exigían estándares democráticos en unos países mientras los relativizaban cuando se trataba de gobiernos "de los suyos". A lo que sumó el fracaso entre 2015 y 2023, de sus políticas económicas y de seguridad pública ineficaces, de gobiernos adictos, con aumento de la inseguridad y crisis social. Lo que generó desencanto ciudadano profundo y alimentó el resurgimiento continental de gobiernos de signo liberal.
Nuevos líderes como Lula da Silva, Gustavo Petro y Claudia Sheinbaum han intentado proyectar una narrativa diferente, pero su credibilidad también está erosionada por la cercanía con estructuras asociadas al crimen organizado -narcotráfico incluido- y regímenes autoritarios regionales. Las plataformas que deberían articularse desde la izquierda han sacrificado sus principios en el altar de la alineación geopolítica.
El Frente Amplio uruguayo ha sido partícipe activo de las organizaciones a que se ha aludido.