Son los que mantienen a raya a los ciclistas en medio de la velocidad y la tensión de la competencia, pero también parte de una familia que trasciende categorías y generaciones.
Son una pieza clave en el engranaje que sostiene a la
Vuelta Ciclista del Uruguay. Los
comisarios son quienes garantizan que
la carrera se desarrolle con justicia, los que ordenan el caos cuando el pelotón se rompe y los que, con criterio y experiencia, mantienen a raya a los ciclistas en medio de la velocidad y la tensión de la competencia.
Pero en el
ciclismo hay una particularidad que los distingue de otros deportes: no son figuras lejanas, sino parte de la
familia. La mayoría lleva décadas recorriendo rutas, categorías y generaciones, viendo crecer a los corredores desde niños hasta cruzárselos en la élite. Los conocen, los formaron indirectamente y conviven con ellos más allá de la línea de meta. Autoridad en carrera, cercanía fuera de ella.
En ese cruce entre reglamento y pertenencia aparece la historia de
César Machado, 37 años como comisario y toda una vida dentro del
ciclismo uruguayo. Su primera Vuelta fue en 1992, cuando apenas tenía poco más de 20 años y el pelotón lo integraban nombres como "Sergio Tesitore, Federico Moreira, Gregorio Bare y otros corredores destacados de aquella época, relata en diálogo con
Ovación.
Su vínculo con el ciclismo viene de origen: "Mi familia es una de las fundadoras del
Club Ciclista Minas y también trabajó con el
Club Ciclista Verdún, también de Minas. Y años más tarde, yo siendo Policía pero sin muchas condiciones como corredor, fundamos el
Club Ciclista Policial de Lavalleja".
Machado no solo es comisario de élite: también trabaja en formativas, donde se construye ese lazo que distingue al ciclismo. "Lo que me gusta del Codecam es ver a los niños de 6 a 16 años cómo van aprendiendo. Después los ves acá, ya grandes, algunos hasta recibidos y que tomaron otros caminos, pero siguen pendientes de esto que es una pasión", relató. Es el mismo recorrido que explica por qué, puertas adentro, el vínculo con los protagonistas trasciende su rol.
Por supuesto, la vida del comisario está lejos de ser exclusiva del ciclismo. "Somos obreros normales de ocho horas. Yo trabajo en una carpintería, entro a las 6 de la mañana y salgo a las 7 de la tarde", dice. Y después, la otra jornada: preparar licencias, ajustar tiempos, viajar por el interior del país a las carreras. "A veces hay que hacer horas de más para compensar lo que vamos a salir después".
"El que le gusta esto lo disfruta. Ayer (por el domingo) la entrada a Salto estuvo espectacular, con la cantidad de gente. Eso es lo lindo", expresa con entusiasmo porque él, como los otros colegas que lo acompañan, está en su salsa.
El equipo arbitral que sostiene la carrera lo conforman
Gabriela Baccino,
Carlos Suárez,
Martín Correa,
Norma Machado,
Carlos De León,
Galo Rivero,
Maiko Mattos,
Walter Iraola,
José Silva,
Reinaldo Doldán y el colombiano
Fabio Arcila (los 11 de la foto), comisario general de la carrera, con una destacada trayectoria internacional en el ciclismo. Nombres que, con distintos recorridos, cumplen el mismo rol silencioso pero determinante en cada etapa
La de edición de este año es la cuarta en el currículum del colombiano Arcila: 1998, 2011, 2025 y 2026. Desde esa mirada más amplia, también reconoce la evolución de la prueba: "Hoy es mucho más profesional. Los corredores tienen otra preparación y el nivel de organización es más alto".
Arcila, que fue comisario en
Juegos Olímpicos y
Campeonatos del Mundo, pone en perspectiva el crecimiento: "Con los años se van aprendiendo cosas y aplicándolas a la carrera, que mejora edición tras edición". Y a la hora de ubicar a Uruguay en el mapa, marca el parámetro: "Eso se mide en los campeonatos Panamericanos, según el rendimiento y las medallas en junior, sub 23 y élite".
Entre la experiencia local y la mirada internacional, los comisarios sostienen un equilibrio delicado: hacer cumplir las reglas sin perder el vínculo humano. En nuestra Vuelta, donde todos se conocen, ese rol se vuelve aún más fino. Son jueces, pero también parte de una historia compartida que se sigue escribiendo, año a año, sobre la ruta.