Domingo, 05 de Abril de 2026

Abuelito, dime tú...

ChileEl Mercurio, Chile 5 de abril de 2026

El mayor drama de Heidi no fue la orfandad; fue no tener nietos.

Alp-Öhi tenía cerca de 70 y vivía en la montaña. Algo gruñón, la soledad le acomodaba. Por eso fue un shock el arribo de Heidi, su nieta. La niña había quedado huérfana y su tía ya no podía cuidarla. Así, sin aviso, se convirtió en abuelo. El ajuste le tomó tiempo, pero el amor de la niña lo terminó encantando. Y es que para Heidi él era todo. "Dime por qué yo soy tan feliz // Abuelito // Nunca yo de ti me alejaré". La historia emocionó a millones.
¿Qué habrá sido de Heidi? Especulemos.
Recordemos que cuando ella llegó a la TV local, por ahí por 1975, tenía cinco años. Por lo tanto, hubiese crecido junto a esa generación de chilenos que pasó su adolescencia en dictadura y que luego experimentó los beneficios de un país que transitó a la democracia con alto crecimiento y progreso.
Su experiencia, uno puede sospechar, tendría que haber sido exitosa. El amor y esfuerzo de su abuelo más que habrían compensado el drama vivido de niña. Heidi podría haber llegado a la universidad y accedido a un buen empleo, encontrado pareja y formado familia. Y dadas las fechas, en los 90 podría haber tenido un hijo: Alpi, en honor a quien la marcó tanto. No olvidemos que abuelas y abuelos forman el capital social y cultural de toda familia.
Pensemos ahora en el hijo de Heidi. Como muchos jóvenes, Alpi crecería en un país que aún progresaba, pero a un ritmo menos vibrante. Un buen colegio y universidad hubiesen alimentado sus expectativas. Sin embargo, el frenazo económico iniciado la década pasada y el alza del costo de vida lo hubiesen obligado a ajustarlas. Una creciente preocupación por el cambio climático y el futuro del planeta podría haber hecho lo propio. Y quizás se hubiese embarcado en esa peculiar tendencia que intenta postergar el tránsito a la adultez lo más posible.
Por todo lo anterior, no hubiese sido raro que, como muchos en esa cohorte, Alpi optase por no traer niños al mundo. El fenómeno es dramático: mientras en 2015 hubo 250 mil nacimientos, en 2025 la cifra fue inferior a 147 mil. En un país que envejece, muchos adultos mayores nunca serán abuelos.
Frente a la decisión de Alpi, apuesto a que la desazón de Heidi habría sido grande. Hoy, camino a los 60, su deseo de escuchar un "abuelita, dime tú..." y de ser para un tercero lo que Alp-Öhi había sido para ella sería pura utopía. Quizás, por su resiliencia, se hubiese resignado dignamente. Es más, podría haber encontrado consuelo en su retoño que, al no tener hijos, dedicaría más tiempo a su madre.
Pero ahí sí que le hubiese caído la teja a Heidi. Ella podría resistir el dolor de no tener nietos, pero ¿qué pasaría con su hijo? Sin padres vivos, sin descendientes, ¿terminaría Alpi como su abuelo, solo en su montaña, pero sin nieta que lo hiciese recapacitar sobre todo el amor y afecto que se estaba perdiendo?
Hasta ahí dejo el cuento. El derrumbe actual en los nacimientos será un duro golpe para miles de adultos mayores que no tendrán nietos. Pero, aunque aún no lo vean, mayor será el pesar para la generación responsable de la tragedia.
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