Cómo preparar la sucesión: el desafío de supervivencia de las empresas familiares
Encuesta detectó que aunque la mayoría ha avanzado en profesionalizar su gestión, persiste una brecha crítica en la preparación del traspaso de mando, lo que podría generar riesgos de gobernanza y conflictos internos en el mediano plazo.
La sucesión se consolida como el principal desafío pendiente en las empresas familiares chilenas, según revela un análisis elaborado por el Instituto de Directores de Chile (IdDC). Se previene que, a pesar de los avances en profesionalización del negocio, la preparación para el traspaso generacional continúa rezagada, configurando un riesgo estructural para la continuidad de estas organizaciones.
De acuerdo con el informe, basado en la realidad de 160 familias empresarias, un 67,5% de las firmas encuestadas mantiene a un miembro de la familia en la gerencia general, lo que confirma la fuerte presencia de las denominadas "familias gestoras". Sin embargo, esta concentración del liderazgo no va acompañada de una planificación adecuada: el 37,5% de las compañías no cuenta con un plan de sucesión, mientras que solo un 29,4% declara tener uno definido (ver gráfico).
"El gran punto ciego de las empresas familiares no está en el mercado, está en su propia transición generacional. Se profesionaliza el negocio, pero no la familia, y eso hace que la sucesión siga dependiendo de una persona, no de un sistema. Sin reglas claras, el traspaso deja de ser una decisión estratégica y se transforma en una crisis", explica Fadua Gajardo, directora ejecutiva del IdDC.
El estudio advierte que esta combinación -alta dependencia de líderes familiares y baja preparación para su reemplazo- expone a las empresas a escenarios de vacío de poder ante la salida inesperada de sus principales ejecutivos. En este contexto, la sucesión no solo implica un cambio de cargo, sino un proceso complejo que involucra aspectos emocionales, legitimidad frente a la organización y equilibrios internos entre miembros de la familia. Gajardo subraya que "la sucesión no es un evento, es un proceso de legitimidad que, si no se construye a tiempo, termina tensionando tanto al negocio como la armonía familiar".
La investigación identifica que el problema no radica en la falta de conciencia. Si bien existe conocimiento sobre la importancia de planificar la sucesión, persisten barreras culturales que la dificultan. Entre ellas destacan la reticencia a discutir asuntos sensibles como la distribución del poder y la creencia de que los vínculos familiares bastan para evitar conflictos.
El documento subraya la ausencia de herramientas clave para ordenar estos procesos. Solo un 36,3% de las empresas cuenta con un protocolo familiar formalizado, y apenas un 37,5% dispone de un consejo de familia. Estas instancias son consideradas fundamentales para separar los ámbitos de la familia y la empresa, y para establecer reglas claras en la toma de decisiones.
"Las empresas que logran trascender no son las que improvisan la sucesión, sino las que la preparan con un gobierno corporativo", sostiene Daniel Vega, socio fundador de la firma de montajes y maquinaria MPM.
Lenin Schiappacasse, de la empresa de logística STLI, agrega que, "como segunda generación, la sucesión ha sido un proceso de aprendizaje que ha fortalecido la confianza entre hermanos, con una visión compartida y respeto por nuestras diferencias".