Cobre chileno: desafiante futuro
Desafíos tecnológicos, regulatorios y económicos deben ser enfrentados para poder aprovechar el actual ciclo favorable.
El cobre, incluido el que se produce en Chile, enfrenta un auspicioso, aunque desafiante futuro. La creciente electrificación del planeta, impulsada por la electromovilidad y la sustitución de los combustibles fósiles, sumada a la digitalización de un conjunto cada vez más amplio de actividades, incluidas la inteligencia artificial y las cada vez más masivas bases de datos, utilizan cuantiosas cantidades de energía eléctrica movilizada mayoritariamente sobre conductores de cobre. Eso es lo que da sustento a ese auspicioso futuro.
Pero de ahí también que resulte preocupante, por un lado, y un llamado de atención, por otro, el que en el mes de febrero Chile haya disminuido su producción física de cobre a 387.554 toneladas, un 8,7% menos que en enero de este año y un 4,8% menos que en el mismo mes del año anterior, el nivel mensual más bajo desde 2017. Chile es el mayor productor mundial de cobre y el país con las mayores reservas del planeta, con un ecosistema de empresas suministradoras de la industria minera, y otras de apoyo ingenieril y geológico, robustas y de clase mundial. A pesar de eso, y de la sostenida tendencia al alza del precio del metal, mantiene su producción de cobre relativamente estancada desde hace una década. La cifra productiva de febrero solo refuerza lo anterior. ¿Cómo explicar esta aparentemente anómala situación?
La producción de cobre es una actividad cada vez más compleja en lo tecnológico, por la disminución de las leyes de los minerales, la creciente necesidad de uso de agua desalinizada del mar para no limitar el consumo humano de ese vital elemento y la mayor profundidad y dureza de la roca. Además, las mayores regulaciones ambientales y los mayores tiempos involucrados en desarrollar los proyectos, sumados a la creciente cuantía de las inversiones necesarias, imponen desafíos adicionales a los tecnológicos. Ese es el escenario que enfrenta la producción de cobre en Chile, y es el que explica en parte las dificultades que ha tenido el país para aprovechar sus reservas de mejor manera en un ciclo tan favorable como el actual.
Por esa razón, el Estado tiene una importante labor que cumplir, agilizando la tramitación de los proyectos y abandonando el antagonismo que mantuvo hacia la minería privada tanto en lo tributario como en lo regulatorio, especialmente ahora que el debate respecto del royalty finalizó con una legislación aprobada y en operación. La complementariedad entre la acción del Estado recién mencionada y el ímpetu inversor de las empresas que quieren aprovechar este ciclo favorable es la principal herramienta de apoyo que tiene el país para que los desafíos mencionados puedan ser superados exitosamente.