Empleo sin convergencia
En los últimos tres años, en Colombia creció el número de ocupados, pero esa mejora no corrigió la concentración territorial del mercado laboral
En los últimos tres años, en Colombia creció el número de ocupados, pero esa mejora no corrigió la concentración territorial del mercado laboral. El centro económico, sobre todo Bogotá, siguió capturando una parte desproporcionada del crecimiento, mientras buena parte de la periferia Caribe y Pacífico avanzó desde rezagos altos sin alterar de fondo la desigualdad espacial que enfrenta el país. Los datos recientes del Dane reflejan nuestra realidad. Entre el trimestre móvil diciembre de 2022-febrero de 2023 y diciembre de 2025-febrero de 2026, el número de ocupados pasó de 22 millones a 23,8 millones, lo que representa un aumento de 1,7 millones. La pregunta es dónde se concentró esa mejora. En esa respuesta está buena parte del debate regional del país. Bogotá creó 510.000 ocupados adicionales y Medellín Área Metropolitana generó 203.000. Juntas sumaron el 40% del crecimiento nacional, aunque ambas aglomeraciones representan el 23% de la población. No solo crecieron más porque son grandes; crecieron por encima de su peso demográfico. Si bien algunas ciudades intermedias crecieron más rápido en términos porcentuales, eso no alcanza para hablar de una convergencia territorial robusta. Ibagué aumentó 18,4% su número de ocupados, Riohacha 17,4%, Quibdó 15,6% y Sincelejo 13%. Son señales positivas, pero parten de bases pequeñas y todavía no modifican la estructura general del empleo en Colombia. La diferencia se vuelve más clara al observar la tasa de ocupación. Mientras Bogotá la elevó de 58,7% a 64,4%, y Medellín de 57,7% a 60,1%, en las áreas metropolitanas de Barranquilla, Cartagena y Cali esa tasa cayó, y en Cúcuta quedó prácticamente estancada. Las ramas de actividad ayudan a entender por qué ocurre esto. La que más creció en Colombia en los últimos tres años fue administración pública, educación y salud, con 426.000 nuevos ocupados. Aunque hubo una expansión casi generalizada, Bogotá volvió a concentrar una parte desproporcionada del avance, y ya concentra el 25,4% de los ocupados nacionales de esa rama, pese a representar el 15,5% de la población. La manufactura, por su parte, sumó 345.000 ocupados, pero Bogotá sola explicó el 40,5% del aumento nacional y elevó su participación en la rama de 18,5% a 21,3%, mientras que otras ciudades perdieron peso relativo. Pero no todo va en contravía de las regiones históricamente rezagadas. La informalidad laboral cayó de 57,7% a 55,3% en Colombia, y varias ciudades del Caribe redujeron con fuerza ese indicador. Barranquilla bajó 7,1 puntos, Montería 6,9, Santa Marta 7,1 y Riohacha 6,8. El problema es que esa mejora todavía no cambia la estructura general del empleo de calidad. Mientras Bogotá y Medellín mantienen informalidades mucho más bajas, cercanas al 35%, la periferia sigue cargando rezagos más profundos, con tasas superiores al 50% e incluso al 60% en algunos casos. Sí hay señales parciales de cierre de brechas, pero todavía no hay convergencia suficiente. En el fondo, esta es una discusión sobre desarrollo, no solo sobre empleo. La Ocde ha mostrado que Colombia está entre los países con mayores brechas de desarrollo regional. Por eso el mercado laboral urbano no debe leerse solo como una fotografía de coyuntura, sino como un reflejo del patrón histórico de desarrollo territorial que el país sigue sin corregir. El reto no es frenar al centro. El reto es lograr que el resto de Colombia deje de crecer desde tan atrás. Solo así el empleo servirá para converger y no para seguir ampliando la distancia entre ciudades.