Martes, 07 de Abril de 2026

Gas sin demoras

ColombiaEl Tiempo, Colombia 6 de abril de 2026

Luz Stella Murgas
Un país funciona como una gran avenida: está trazada, conecta los puntos clave, pero si los semáforos no están sincronizados y las obras se eternizan, el tráfico se hace más lento y nos desesperamos

Luz Stella Murgas
Un país funciona como una gran avenida: está trazada, conecta los puntos clave, pero si los semáforos no están sincronizados y las obras se eternizan, el tráfico se hace más lento y nos desesperamos. En el sector energético pasa algo parecido. El problema no es de recursos, sino de demoras en ejecución de proyectos, definiciones pendientes y decisiones que siguen en espera. Cuando eso ocurre, el sistema pierde fluidez y todos terminamos pagando el costo. Por eso vale la pena poner el debate donde realmente está. Colombia no tiene un problema de disponibilidad de gas natural. Tiene un problema práctico en el que los trámites se demoran, algunas reglas no conversan con la realidad y no somos capaces de sumar voluntades para generar consensos que impulsen la ejecución de proyectos estratégicos. En vez de avanzar hacia la transición energética, la pérdida de competitividad en gas natural nos está obligando a retroceder a energéticos más contaminantes. Si en 2026 queremos hablar con seriedad de seguridad energética, competitividad y transición, necesitamos destrabar lo que hoy frena al sistema. Sin banderas políticas y con agenda de país. Si lo miramos desde la competitividad, cuando el suministro se vuelve incierto o los precios no cierran, las industrias no esperan y reformulan sus decisiones. Este ajuste, con frecuencia, las lleva a usar energéticos coyunturalmente más económicos, pero más intensivos en emisiones. Una caldera que regresa al carbón puede emitir hasta 175.000 toneladas de CO2e, y cuando un hogar vuelve al cilindro de gas también siente el golpe en su bolsillo. El costo del retroceso lo pagamos todos, porque se debilita la competitividad y es más difícil avanzar en nuestras metas ambientales. Desde la perspectiva regulatoria, en gas natural los costos se ven con claridad de principio a fin. En otros energéticos, como GLP, hay más espacio para mover precios, y eso puede terminar cambiando la demanda, no porque sean más eficientes, sino porque no todos compiten con las mismas reglas. El punto no es "ganar" un pulso entre fuentes de energía: es asegurar que el usuario reciba señales claras y sin distorsiones, para que la competencia sea justa. En este panorama, no podemos perder de vista la confiabilidad. Hay infraestructura que no es un lujo, sino una póliza para que el país no quede expuesto cuando cambian las condiciones. Proyectos como los de regasificación ayudan a garantizar suministro en momentos críticos, pero requieren reglas claras para asignar costos y riesgos. Cuando no son predecibles, la inversión se ralentiza y el sistema se vuelve más vulnerable. La confiabilidad del gas natural se construye antes de la crisis, con visión de largo plazo y marcos que den certidumbre. La conversación que Colombia necesita en 2026 sobre gas natural no debe basarse en señalamientos, sino en subir oferta, un portafolio diversificado que garantice el suministro y sostenga la competitividad, reglas equilibradas que además se cumplan y la confiabilidad tratada como política de Estado. Por eso, el Congreso Naturgas será un espacio clave para poner estos cuellos de botella sobre la mesa, con evidencia, propuestas y voluntad de acuerdos que sirvan como punto de partida para decisiones que vuelvan a darle fluidez a la avenida, porque llegar tarde siempre es más caro que corregir a tiempo.
Presidenta de Naturgas.
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