Preocupa el aumento de la enfermedad renal crónica
edwin caicedo - redacción vida de hoy @CaicedoUcros
En Colombia, más de un millón de pacientes conviven con la enfermedad renal crónica, muchos de ellos sin diagnóstico oportuno
edwin caicedo - redacción vida de hoy @CaicedoUcros
En Colombia, más de un millón de pacientes conviven con la enfermedad renal crónica, muchos de ellos sin diagnóstico oportuno. Especialistas y organizaciones médicas hacen un llamado a reforzar la detección temprana de la enfermedad renal crónica, una condición que avanza de forma silenciosa y ya afecta a millones de personas en el mundo. La advertencia fue realizada por la Asociación Colombiana de Nefrología e Hipertensión Arterial (Asocolnef) y la compañía Bayer, que destacaron la necesidad de fortalecer la prevención y el diagnóstico temprano de la enfermedad renal diabética (ERD), una de las principales complicaciones de la diabetes y una de las causas más frecuentes de falla renal. Según cifras citadas por las organizaciones, cerca del 10 por ciento de la población mundial —aproximadamente 850 millones de personas— padece enfermedad renal crónica (ERC). Para 2023, esta condición se situó como la novena causa de muerte a nivel global y afecta al 14 por ciento de los adultos mayores de 20 años. El panorama se vuelve aún más preocupante cuando se analizan los efectos de la enfermedad renal asociada a la diabetes. De acuerdo con estudios científicos, cuando la diabetes comienza a comprometer la función del riñón, la esperanza de vida de los pacientes puede reducirse hasta en 16 años si no se interviene de manera oportuna. "Es fundamental entender que el corazón y los riñones funcionan como un sistema interconectado; cuando uno falla, el otro sufre", explicó la doctora Silvia Rey, asesora médica de Bayer para temas cardiorrenales. La especialista señaló que la enfermedad renal diabética no debe verse únicamente como una complicación aislada, sino como un factor que acelera el riesgo cardiovascular. De acuerdo con Rey, el abordaje médico debe ir más allá del control de la glucosa y apostar por estrategias que protejan simultáneamente ambos órganos. "Nuestro enfoque debe trascender el control de la glucosa, integrando terapias que protejan corazón y riñones al mismo tiempo para frenar la inflamación y el daño estructural antes de que sean irreversibles", afirmó. Enfermedad silenciosa Uno de los principales desafíos de la enfermedad renal crónica es su carácter silencioso. En sus etapas iniciales, la afección suele avanzar sin manifestaciones evidentes, lo que dificulta su diagnóstico temprano. La evidencia científica indica que la progresión de la enfermedad renal diabética está estrechamente ligada a factores metabólicos e inflamatorios que empeoran con el tiempo. Entre ellos, la diabetes ocupa un lugar central: cerca del 40 por ciento de las personas que viven con esta enfermedad desarrollan algún grado de daño renal. La hiperglucemia crónica, es decir, los niveles elevados de azúcar en la sangre durante largos periodos, puede deteriorar progresivamente la función del riñón incluso antes de que aparezcan síntomas. Además de la diabetes, existen otros factores que incrementan el riesgo de enfermedad renal crónica. Entre los principales se encuentran la hipertensión arterial y el sobrepeso u obesidad. A estos se suman estilos de vida adversos y la presencia de proteínas en la orina, un indicador temprano de daño renal. En algunos pacientes, el primer signo detectable es el aumento de proteínas en la orina, conocido como albuminuria. En otros casos, el deterioro se evidencia mediante una disminución significativa de la tasa de filtración glomerular, una medida clave para evaluar la capacidad de los riñones de filtrar desechos del organismo. En el país, el desafío también es significativo. Según el más reciente informe de la Cuenta de Alto Costo, publicado en 2024, más de un millón de colombianos conviven con enfermedad renal crónica. Sin embargo, esta cifra podría representar solo una parte del problema debido al carácter asintomático de la enfermedad en sus primeras fases. Muchos son diagnosticados cuando la patología ya ha avanzado hasta etapas críticas e incluso irreversibles. Esta situación preocupa al sistema de salud, especialmente porque numerosos pacientes ingresan a los programas de nefroprotección en fases tardías, cuando las opciones terapéuticas son más complejas y costosas. Entre estas alternativas se encuentran tratamientos como la diálisis o el trasplante renal, procedimientos que suelen requerirse cuando el daño en los riñones es avanzado. El riesgo se intensifica si se tiene en cuenta la prevalencia de la diabetes en el país. Actualmente, cerca de dos millones de colombianos viven con esta enfermedad, lo que convierte a la enfermedad renal diabética en la complicación microvascular más común y en una de las principales vías hacia la falla renal. "El gran reto en Colombia es detectar la enfermedad antes de que el paciente necesite una máquina de diálisis", señaló el doctor Juan Diego Montejo, presidente de Asocolnef. El especialista subrayó que una de las estrategias clave es ampliar el uso de pruebas sencillas que permitan identificar el daño renal en etapas tempranas. "Necesitamos masificar pruebas como la medición de albuminuria en todos los niveles de atención", indicó. La medición de albuminuria es considerada uno de los marcadores más sensibles para detectar tempranamente el daño renal y predecir la progresión de la enfermedad cardiorrenal. Este examen permite identificar alteraciones incluso antes de que el filtrado glomerular comience a deteriorarse. Pese a su importancia, en Colombia solo cuatro de cada diez pacientes cuentan con esta medición, lo que evidencia una subutilización de esta herramienta diagnóstica. Según los expertos, esta brecha puede retrasar decisiones terapéuticas clave y limitar las posibilidades de prevenir el deterioro progresivo de los riñones. El impacto de la enfermedad renal diabética no se limita al ámbito clínico. También implica una carga económica significativa para el sistema de salud. Se estima que el costo asociado a esta enfermedad alcanza los 428 millones de pesos por cada 1.000 pacientes, principalmente debido a hospitalizaciones cardiovasculares y tratamientos como la diálisis. Además, puede reducir más de 10 años de vida. Detectar la enfermedad en sus primeras etapas no solo permitiría mejorar la calidad de vida de los pacientes, sino también reducir la presión sobre el sistema de salud.