Miércoles, 08 de Abril de 2026

Lectura deliciosa

ColombiaEl Tiempo, Colombia 8 de abril de 2026


Miguel Gómez Martínez
Porque soy un hombre de fe, la Semana Santa es un momento de reflexión en asuntos espirituales, misteriosos y profundos


Miguel Gómez Martínez
Porque soy un hombre de fe, la Semana Santa es un momento de reflexión en asuntos espirituales, misteriosos y profundos. Siento que me hace mucho bien ese receso donde la tradición religiosa juega para mí un papel muy especial. Muy a propósito, este año, además, me devoré "El Hijo del Hombre" de Juan Estaban Constaín, una lectura deliciosa que ambienta el surgimiento del cristianismo en el apasionante período que va de la muerte de Alejandro (323 a.C) a la crucifixión del Redentor en el primer siglo de esta era. El libro es erudito, muy investigado y lleno de relatos encadenados entre el helenismo, Roma y el Levante, que hoy llamamos el Medio Oriente. Confieso que el estilo literario de Constaín exige concentración porque las largas frases van acompañadas de proposiciones subordinadas y salpicadas de abundantes comentarios del escritor que resultan picantes, cínicos, irónicos y muy personales. Su descripción del desarrollo de la sociedad romana desde los primitivos reyes al imperio pasando por el período republicano es magistral y logra recrear los pilares de esta sociedad sin igual, que dominó al mundo e incorporó el legado griego en la noción de Occidente (con mayúsculas como afirma el autor). Pero tal vez lo que más disfruté es el relato del papel del pueblo judío en este período histórico. La dificultad de todos los poderes circundantes para manejar una sociedad singular "en el mundo mediterráneo oriental en el que la lengua era el griego, pero la dominación política, económica, jurídica y militar es romana, y en el centro de todo eso se encontraba el Estado teocrático del pueblo de Israel". Porque la singularidad del pueblo judío, la de haber sido elegido por Dios, ha sido un dolor de cabeza permanente para egipcios, fenicios, asirios, babilonios, persas, griegos, romanos y, más recientemente, cristianos y musulmanes. Este pueblo cerrado convirtió al judaísmo, como afirma el autor, "en una forma de vida y no sólo un sistema doctrinario, en un conjunto de prácticas que iban y que van desde lo más elemental de la vida cotidiana hasta lo más elevado de la comprensión de la divinidad". Bien hace Constaín en advertir que los paralelos históricos son peligrosos porque "la historia sirve y debería servir … para reconocer lo excepcional de cada uno de los momentos, para distinguir el carácter único e irrepetible de cada acontecimiento y sus protagonistas célebres o anónimos". Pero no puede uno dejar de trasladar lo acontecido hace siglos a la vibrante actualidad. La Judea de los romanos sigue siendo hoy la ficha que no cuadra en el rompecabezas regional. Por muchas vueltas que se le den a la pieza, no entra ni calza. Jesús tampoco calzaba en esa sociedad dividida y dominada en la que nació ni en un mundo como el de hoy, tentado por los placeres del helenismo y la comodidad del paganismo. Su mensaje era y es revolucionario porque el amor al prójimo es un concepto profundo que incomoda y exige compromiso.
migomahu@gmail.com
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