Jueves, 09 de Abril de 2026

Europa e Israel, una brecha creciente

ArgentinaLa Nación, Argentina 8 de abril de 2026

Una manifestación en Berlín contra las acciones militares lanzadas por EE

Una manifestación en Berlín contra las acciones militares lanzadas por EE.UU. e Israel contra Irán



Las recientes declaraciones de varios gobiernos europeos cuestionando las operaciones militares de Israel en la región han vuelto a poner de manifiesto una tensión creciente entre Europa y aquél país. Detrás de esos llamados a la moderación y de las críticas diplomáticas se insinúa algo más profundo que un desacuerdo puntual sobre decisiones tácticas: una divergencia cada vez más visible entre dos maneras distintas de entender la guerra, la seguridad y el lugar del poder en la política internacional.

Durante décadas, Israel fue percibido en gran parte de Europa como un aliado natural dentro del mundo occidental. Desde la creación del Estado israelí en 1948, la relación atravesó momentos de cooperación y también episodios de fricción. Sin embargo, la divergencia actual parece más profunda, porque refleja transformaciones internas dentro de las propias sociedades europeas.

Las críticas europeas suelen centrarse en las formas de la guerra -la proporcionalidad del uso de la fuerza, el respeto del derecho internacional o la necesidad de evitar una escalada regional-. Pero para Israel el problema se formula de otra manera : cómo garantizar su propia supervivencia en un entorno donde durante décadas distintos actores han atacado su territorio o cuestionado abiertamente su existencia.

Europa tiende a interpretar los conflictos armados a través del lenguaje del derecho internacional, la proporcionalidad y la diplomacia. Israel, en cambio, los interpreta desde una lógica mucho más elemental: la necesidad de impedir que amenazas militares hostiles se consoliden en sus propias fronteras.

La actual guerra entre Israel y Hezbollah en el sur del Líbano -que según distintos reportes internacionales ha provocado más de un millón de desplazados- ha intensificado esas diferencias. Para muchos gobiernos europeos, la prioridad es evitar una expansión regional del conflicto y preservar la estabilidad del Líbano. Para Israel, en cambio, el objetivo central es impedir que Hezbollah consolide una amenaza militar permanente en su frontera norte.

También influyen transformaciones internas profundas dentro de las propias sociedades europeas. En las últimas décadas, la inmigración procedente del mundo musulmán y la evolución cultural y política del continente han introducido nuevas sensibilidades respecto del conflicto de Medio Oriente. En ese contexto, los gobiernos europeos enfrentan presiones internas cada vez mayores para adoptar posiciones más críticas hacia Israel, reflejando cambios en la opinión pública del propio continente.

Las encuestas recientes en varios países europeos muestran además un deterioro significativo de la percepción pública sobre Israel, lo que contribuye a reforzar la presión política interna sobre los gobiernos del continente.

Desde esta perspectiva, la creciente tensión entre Europa e Israel no revela necesariamente un cambio en Israel. Israel sigue interpretando su entorno estratégico a partir de categorías clásicas de poder, seguridad y disuasión. Lo que parece haber cambiado es Europa : su cultura política, sus prioridades estratégicas y la manera en que entiende el uso de la fuerza en el sistema internacional.

Este cambio europeo no ocurrió de manera repentina. Comenzó a gestarse tras el fin de la Guerra Fría y se profundizó con las transformaciones demográficas, culturales y políticas que atravesaron al continente en las últimas décadas.

En parte, esa diferencia también refleja una experiencia histórica distinta. Durante décadas, la seguridad europea estuvo garantizada en gran medida por el paraguas estratégico de Estados Unidos. Esa realidad permitió que el continente desarrollara una cultura política cada vez más normativa respecto del uso de la fuerza. Israel, en cambio, ha debido construir su seguridad en un entorno mucho más incierto.

Esta divergencia se vuelve aún más visible en el contexto más amplio de las tensiones entre Europa y Estados Unidos respecto del conflicto con Irán, donde varios gobiernos europeos han insistido en privilegiar la vía diplomática frente a la escalada militar.

En un sistema internacional que vuelve a organizarse en torno al poder, la disuasión y la competencia entre estados, Europa podría descubrir que su visión normativa del orden internacional resulta cada vez más difícil de sostener frente a aliados que interpretan las amenazas desde una lógica mucho más dura de seguridad.

En ese contexto, la distancia entre Europa e Israel no es solo una disputa diplomática: es el reflejo de dos maneras distintas de entender la supervivencia . Si esa diferencia continúa profundizándose, podría terminar generando algo más que tensiones diplomáticas: una divergencia estratégica creciente dentro del propio mundo occidental, donde los actores ya no comparten el mismo diagnóstico sobre las amenazas ni las mismas herramientas para enfrentarlas.

Abogado y escritor
La Nación Argentina O Globo Brasil El Mercurio Chile
El Tiempo Colombia La Nación Costa Rica La Prensa Gráfica El Salvador
El Universal México El Comercio Perú El Nuevo Dia Puerto Rico
Listin Diario República
Dominicana
El País Uruguay El Nacional Venezuela