Cuando la crónica no resulta
Hay ocasiones en que la crónica, esta crónica, simplemente no sale
Hay ocasiones en que la crónica, esta crónica, simplemente no sale. Ni la inspiración ni el trabajo del momento logran concretarse en un escrito lo suficientemente adecuado para constituirse, en este caso, en una columna mercurial. No se trata solo de la página en blanco, sino más bien de la mente en blanco que impide llevar a buen puerto el ejercicio de articulista de esta tribuna. Y, claro, no se puede enviar como texto una página vacía, una página sin palabras. No es que falten temas, pues surge un abanico infinito de opciones para ahondar en ellos en un escrito breve. Lo que ocurre, a veces al menos, es que esos temas no están en "sintonía" con la reflexión y el estado anímico del columnista. En instantes así, uno descubre con cierto pesar una distancia importante entre el propio afán por escribir y la falta de ideas para conciliarlas en una hoja.
Sin embargo, también esa "sequedad" creativa suele ser transitoria y, al cabo de un rato, normalmente algún contenido despierta a la mente de su aridez intelectiva y, felizmente para uno, la gacetilla pendiente, la página vacante, la tarea inconclusa no son más que una fugaz pausa forzada que prontamente logra ser superada por la imaginación, que resuelve con satisfactoria propiedad la difícil encrucijada narrativa en la que estaba inmersa.