Jueves, 09 de Abril de 2026

¿Se estudia para trabajar?

ColombiaEl Tiempo, Colombia 9 de abril de 2026


Eduardo Behrentz
En días recientes, el candidato vicepresidencial Juan Daniel Oviedo afirmó en un escenario público que "La educación tiene que dar trabajo


Eduardo Behrentz
En días recientes, el candidato vicepresidencial Juan Daniel Oviedo afirmó en un escenario público que "La educación tiene que dar trabajo. Si no conecta con empleo, no está cumpliendo su propósito". Esta frase provocó críticas inmediatas. Varios le han reprochado reducir la educación a un fin utilitario y desconocer sus dimensiones humanas, morales y ciudadanas. El señalamiento parte de una premisa válida: la educación forma personas, no solo trabajadores. Incluye ética, criterio y participación cívica, entre otras. Sin embargo, la reacción omite un punto esencial: separar educación y trabajo no enriquece el debate, lo desconecta de la realidad. Aquí conviene ir a lo básico: ¿qué sentido tiene estudiar si no mejora las condiciones de vida? La formación integral no ocurre al margen de la economía. Sin ingreso digno, las libertades existen en el papel, pero no en la práctica. Elegir, participar o emprender exige capacidades reales. En contextos de pobreza, esas capacidades son limitadas. Amartya Sen lo expuso con contundencia en su libro Development as Freedom: el desarrollo permite y amplía las libertades efectivas. Sin base económica, los derechos democráticos pierden sustancia. En este marco sabemos que la educación es el principal motor de movilidad social. Su impacto se observa en resultados verificables: acceso a empleo de calidad, mejores ingresos, opciones de autoempleo y emprendimiento. Este es el estándar de oro de un sistema educativo que cumple. No conozco a ningún padre de familia que no tenga la expectativa de que invertir en la educación de sus hijos deba traerles un retorno de mejores ingresos, y con ellos una mejor calidad de vida. Y esto es igualmente cierto para quienes estudian ingeniería, economía, filosofía, arte o matemáticas. El problema del debate reciente es otro. Se romantiza la educación y se evita discutir resultados. Se privilegia la cobertura y se deja en segundo plano la empleabilidad. Aumentan los títulos, no necesariamente las oportunidades. Afirmar que estudiar debe servir para trabajar no empobrece la educación. Yo creo que la obliga a responder por su efecto más significativo. Cuando ese vínculo falla, aparecen costos claros: años de formación sin inserción laboral, endeudamiento sin retorno, frustración en jóvenes y familias. La promesa de movilidad pierde credibilidad. Si la frase de Oviedo incomoda, podemos matizarla. Debemos hablar de desarrollo integral, de ciudadanía, de formación para la vida. Pero sin eliminar el criterio central de que una educación de calidad debe mejorar las capacidades productivas de las personas. El país necesita menos discusión simbólica y más exigencia en resultados. Quizás este es el punto de Oviedo. Y en eso podemos estar de acuerdo con él: medir impacto, alinear programas con la demanda y reconocer que una actividad económica digna no es un efecto colateral de la educación. Es su principal razón de ser.
Rector@UniGermana.edu.co
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