Viernes, 10 de Abril de 2026

Acuerdo Mercosur-Unión Europea: la pérdida por aranceles se gana en impuestos y en nuevo flujo de inversiones

UruguayEl País, Uruguay 10 de abril de 2026

Vanessa Mock (Unión Europea), Juan Labraga (Ministerio de Economía y Finanzas) y Nicolás Albertoni (ex vicecanciller de Uruguay) fueron ponentes en un evento en el que plantearon lo que se espera del pacto.

"Con olas de tractores (en protestas de agricultores) subiendo por las calles en Bruselas, es difícil ir con las estadísticas y decirles que se van a beneficiar con el acuerdo Mercosur-Unión Europea", dijo Vanessa Mock, consejera de la Delegación de la Unión Europea (UE) en Uruguay, al aclarar que la resistencia no ha sido contra los países del Mercosur sino contra los acuerdos de la UE en general. No obstante, apuntó que últimamente hay mayor conciencia en los partidos políticos europeos de la necesidad de establecer alianzas, ante un contexto mundial cada vez más complejo.


La participación de Mock, junto con Juan Labraga, director de Asesoría de Política Comercial del Ministerio de Economía y Finanzas (MEF); y Nicolás Albertoni, ex vicecanciller de Uruguay, fue en el evento "Mercosur-Unión Europea" que organizó el estudio Vuille Lafourcade en el Hotel Radisson, el pasado martes.

Más allá de oposiciones al acuerdo, su puesta en vigor provisional está prevista para el próximo 1° de mayo y, según Mock, es poco probable que se revierta el pacto por el pronunciamiento que se espera del Tribunal de Justicia de la UE. Se refería a que el Parlamento Europeo remitió este acuerdo al Tribunal de Justicia de la UE el pasado enero, para que evalúe su compatibilidad legal con otras disposiciones, y ese proceso podría durar entre uno y dos años.

Al respecto, la diplomática estimó que, cuando llegue ese momento, los beneficios del pacto para ambas partes estarán bastante visibles por vía de los hechos, por lo que las resistencias a la aprobación plena del mismo habrán disminuido.


Lo cierto es que actualmente los dos bloques están trabajando en forma interinstitucional y conjunta para resolver problemas técnicos (como el tema de las cuotas, normas de certificados de origen, nuevas documentaciones, 70.000 líneas arancelarias a traducir, etcétera), que hacen proyectar que, debido a su complejidad, no estarán listos para el 1° de mayo, según cálculos de la UE.

De todas maneras, lo importante es que se entró en otra fase, en la que la eliminación de aranceles del 90% de las líneas productivas será más rápida para el Mercosur y más lenta para la UE, según lo previsto. "Esto traerá también un nuevo flujo de inversiones, por ejemplo en el sector de las energías verdes", proyectó Mock, al recordar que hoy en día la Inversión Extranjera Directa (IED) europea en Uruguay es el 46% del total.

Agregó que la UE tiene previsto aportes económicos y técnicos para apoyar la implementación del acuerdo.

En el plano económico

Labraga, sin restarle importancia a los avances del acuerdo, consideró que "lo más difícil está para adelante", al tiempo que reconoció que la UE dio más concesiones que el Mercosur.

Sobre los sectores más sensibles o que pueden salir perjudicados por el pacto al no tener la capacidad para competir con la calidad de artículos europeos, Labraga observó que "hay aranceles que llegan a cero a los ocho o diez años; o sea, hay todo ese tiempo para planificar, prepararse y competir en igualdad de condiciones que la UE".

Como sectores sensibles, mencionó el lácteo (donde aplicará una cuota espejo) y específicamente los quesos (con una cuota de 30.000 toneladas, que crece en diez años), lo que le queda grande a Uruguay. "Lo que pasó allí es que Brasil quería dar libre acceso a los quesos, y Argentina y Uruguay se opusieron. Entonces se llegó a esa cuota, es lo que logramos", reconoció, agregando que esto no aplica en el caso de Uruguay para el queso muzzarella. Sobre el queso Colonia, opinó que "hay que desarrollar su indicación geográfica, porque hay europeos interesados en consumirlo".

También destacó que surgirán oportunidades para nuevas líneas de productos y para el sector servicios, y valoró que el acuerdo tiene un capítulo especial para las pequeñas y medianas empresas (pymes).

Respecto a los ingresos del Estado, Labraga explicó que la renuncia arancelaria representará un costo fiscal, durante los primeros diez años del acuerdo, de US$ 5 millones por año; del año 10 al 15, de casi US$ 2 millones por año. Y al final del período, se reduce a US$ 60 millones. "Pero esa no es la pérdida de recaudación que va a tener Uruguay, porque esto no es lineal y, si el acuerdo está bien negociado, van a aumentar las importaciones de Europa y, por lo tanto, se recaudará más Imesi, más IVA y más impuestos internos de los importadores que generen ventas en el mercado local, etcétera", aclaró Labraga.

"Habrá pérdida de recaudación arancelaria, pero hay que ver el movimiento económico que genera el acuerdo, que es para lo que negociamos", acotó.

El economista afirmó además que el acuerdo prevé que en el año tres (1° de enero de 2029) se tiene que eliminar la tasa consular (que es un 5% aplicado a las importaciones de productos de origen europeo). Esa tasa recaudó US$ 40 millones en 2025.

Por ahora no está definido en el MEF si habrá o no un cronograma de desgrabación para esa tasa consular, pero se está estudiando.

Labraga habló de las cuotas de la carne y que el cero arancel a implementarse en el rubro a corto plazo significarán US$ 15 millones de ganancias para la industria frigorífica. Otra cuota importante es la del arroz, que son 60.000 toneladas anuales y que "le queda corta para Uruguay" -dijo-, pero que el país es el principal origen del Mercosur para este producto que importa la UE.

El MEF calcula que el acuerdo supondrá para Uruguay un aumento de 1,5% del PIB, del 4% en exportaciones y del 0,5% de empleo, a largo plazo.

Consultado sobre si la competencia de productos europeos en el mercado local significará que Uruguay pase a ser "más barato", Labraga respondió que podría incidir a la baja en ese sentido, pero que "hay otras razones por las que somos caros".

Diplomacia activa

Albertoni apuntó que "el acuerdo no lo cerró el Mercosur, sino el contexto geopolítico, que acumuló una serie de situaciones críticas" (crisis del multilateralismo, guerras, nuevos aranceles, política comercial de EE.UU.), al tiempo que consideró que la aplicación del mismo, por su magnitud, es asimilable a lo que sucedió con el ingreso al Mercosur (en 1991).

"Ahora hay tinta sobre papel, la implementación es casi tan importante como la negociación", afirmó Albertoni, reconociendo que el inicio de las conversaciones se dio durante el gobierno de Julio María Sanguinetti pero que avanzaron con los períodos presidenciales de otros colores.

El excanciller observó que el país aún tiende a negociar "ítem por ítem" como en los años '70, mientras que el mundo incluye cada vez más capítulos de propiedad intelectual, servicios financieros, políticas de género y otros temas que van más allá de los aranceles.

Asimismo, planteó que las empresas que no tienen mayores incentivos para invertir en innovación, con la nueva competencia europea sí la tendrán, sobre todo las pymes, por lo que prevé que ocurrirán más joint-ventures en estos años.

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