Aparece una vieja maleta con los planos de los Sacramentinos
130 planos originales del céntrico templo, dibujados a mano y sobre lino, fueron detectados y estudiados por investigadores de la Universidad Central. Los trazó el emblemático arquitecto Ricardo Larraín Bravo e incluyen áreas nunca construidas.
Una ajada maleta de cuero -que según sus etiquetas, viajó desde Argentina a Chile en 1908- fue entregada en 2024 a un grupo de académicos de la Universidad Central (UCEN), para que analizaran su contenido. La sorpresa fue grande: la maleta contenía más de cien hermosos y detallados planos, dibujados a lápiz sobre lino (y algunos coloreados). El autor de todos estos planos fue Ricardo Larraín Bravo (1879-1945), reconocido arquitecto chileno formado en París, pionero en la aplicación de nuevas técnicas constructivas, como el hormigón armado.
Larraín Bravo diseñó una serie de grandes residencias en la Alameda, calle República y el barrio París y Londres. Pero también, como pionero de la corriente del "higienismo" (que abordaba temáticas como la expansión urbana y la crisis habitacional), se interesó por la vivienda social. Fue autor de la población Huemul y del cité Adriana Cousiño, pero tal vez su obra más recordada en Santiago es el gran templo de los Sacramentinos, Monumento Histórico Nacional, emplazado en la céntrica zona de San Diego.
El hallazgo de los planos en la antigua maleta marcó un punto de inflexión en la investigación que realizaban académicos y alumnos de la Universidad Central, para efectuar un diagnóstico del estado de la iglesia, que sigue acogiendo a la comunidad, aunque tiene una serie de deterioros, por efecto de los terremotos de 1985 y 2010 y también por problemas de mantención.
Los planos -algunos en lino sepia y otros en lino azulado- comprenden detalles como rejas, escaleras y vitrales, elevaciones, planos generales y dibujos de la gran cúpula y de la enorme cripta subterránea, de más de 1.500 metros cuadrados (que posee uno de los pisos de parquet más antiguos de Chile). "El templo se construyó durante más de veinte años. Los planos -con un tratamiento muy fino del dibujo por parte de Larraín- permiten reconstruir esa historia larga y compleja. Es algo inédito para la historia del patrimonio arquitectónico del país", dice el historiador Simón Castillo, doctor en Arquitectura y Estudios Urbanos.
El académico subraya que algunos de los planos revelan alternativas no ejecutadas -desde retablos hasta configuraciones de las alas laterales-, "lo que amplía la comprensión de la obra más allá de su materialización final. Será un material clave para reordenar la lectura histórica del edificio y fortalece sus posibilidades de preservación".
El equipo de investigación del proyecto "Diagnóstico histórico de un patrimonio arquitectónico en riesgo: la Basílica de los Sacramentinos" lo integran también el doctor en Arquitectura y Patrimonio Marco Valencia y la estudiante de Arquitectura Tiare Sáez. Es una iniciativa del Centro de Investigación Arquitectónica, Urbanística y del Paisaje (Ceaup) de la UCEN, en convenio con la Fundación Sacramentinos, de reciente formación.
Conocida popularmente como "Basílica de los Sacramentinos" -a pesar de que no tiene el rango canónico de basílica-, la historia de este templo parte en 1908, con la llegada al país de la congregación de los Sacramentinos, quienes le encargaron la construcción de su iglesia a Larraín Bravo.
Siguiendo las instrucciones de los sacerdotes, el arquitecto diseñó un templo a semejanza del Sacré Coeur de París, compuesto por una cripta subterránea y una iglesia superior de estilo cercano al "romano bizantino". La construcción se desarrolló en dos fases, primero entre 1912 y 1920 y después, entre 1920 y 1934. Contó con la colaboración del arquitecto Víctor Jiménez Cruz -discípulo de Larraín- y del calculista Víctor Auclair.
"La maleta con los planos había sido resguardada por la Congregación de los Sacramentinos. Algunos documentos estaban dañados en sus orillas y pliegues, pero gran parte del material estaba en buen estado, aunque no había sido estudiado ni sistematizado. Así que cada plano fue catalogado con una cédula individual, que indica la fotografía referencial, medidas y antecedentes técnicos", indica Castillo.
El hallazgo dialoga también con otras fases del diagnóstico en curso. Ya se realizó, por ejemplo, un vuelo de dron que registró, a través de miles de fotos sacadas a cinco metros de distancia, el estado del revestimiento exterior. Estos datos se analizarán en colaboración con académicos de la Facultad de Ingeniería y Arquitectura de la UCEN. "Se contempla el uso de un escáner láser que permitirá generar un modelo de 'ortomosaico' en 3D, para identificar los daños en el exterior del edificio. Es una interesante combinación entre investigación histórica y tecnologías de levantamiento digital", explica el académico Marco Valencia.
Una vez elaborado el diagnóstico final, la idea es generar una coordinación con la institucionalidad patrimonial, en particular el Consejo de Monumentos Nacionales, para trabajar una estrategia adecuada de restauración del templo. Los prolijos planos de Larraín Bravo, guardados durante casi un siglo en un rincón del templo de los Sacramentinos, serán ahora clave para comprender la evolución constructiva del edificio y emprender el ansiado camino para su completa restauración, que ha tardado tantos años.