Seis meses exitosos
En apenas seis meses, Bre-B dejó de ser una novedad tecnológica para convertirse en una herramienta cotidiana para millones de colombianos
En apenas seis meses, Bre-B dejó de ser una novedad tecnológica para convertirse en una herramienta cotidiana para millones de colombianos. El sistema de pagos inmediatos desarrollado por el Banco de la República no solo creció rápido: empezó a transformar, de manera silenciosa pero constante, la forma en que las personas transfieren dinero, resuelven sus pagos diarios y reducen su dependencia del dinero en efectivo. Las cifras confirman ese cambio. A comienzos de abril de 2026, más de 34,6 millones de usuarios habían inscrito 103,3 millones de llaves. No se trata de un uso marginal ni de curiosidad inicial. La relación entre clientes y llaves muestra que quienes entran al sistema lo adoptan de lleno y lo integran a sus rutinas financieras. En apenas medio año se procesaron 638,6 millones de transacciones por un valor acumulado superior a los $100 billones, un volumen que sitúa a Bre-B como una pieza relevante del sistema de pagos del país. El monto promedio, cercano a los $157.000, deja claro que este no es solo un canal para pagos pequeños, sino una alternativa real para transferencias habituales entre personas, incluso en las regiones más apartadas del país. El ritmo de adopción resulta especialmente revelador, toda vez que el mayor salto se dio entre agosto y septiembre del año pasado, cuando el número de llaves pasó de 29,4 millones a más de 78 millones. Desde entonces, el crecimiento fue sostenido, sin retrocesos ni estancamientos relevantes. Esa continuidad habla de confianza en el sistema y de una experiencia de uso suficientemente estable para sostener el volumen. Por eso, la comparación con PIX, el sistema brasileño, no es exagerada. En Brasil, los pagos inmediatos terminaron desplazando una parte importante del efectivo y presionando el modelo tradicional de tarjetas débito y crédito de bajo cupo. En Colombia, el sistema Bre-B parece transitar una senda similar, aunque todavía esté en una fase temprana. Otro elemento clave está en el tipo de productos que soportan el mayor número de operaciones. Las cuentas de ahorro y, sobre todo, los depósitos de bajo monto, concentran buena parte de las transacciones enviadas y recibidas. En particular, estos últimos se consolidan como una puerta de entrada efectiva a la digitalización de pagos para personas que históricamente habían estado al margen del sistema financiero. En ese frente, Bre-B empieza a materializar una promesa largamente anunciada: inclusión financiera con uso real y sin fricciones excesivas. No obstante, el balance también deja tareas pendientes. Más del 96% de las llaves registradas corresponde a personas naturales. El espacio para crecer en pagos empresariales, comercios, nóminas y relaciones entre empresas sigue siendo amplio. Es ahí donde el impacto sobre eficiencia, formalización y productividad puede ser mayor y donde se jugará buena parte del verdadero alcance del sistema. La participación de 196 entidades y la coexistencia con otros sistemas de pago fortalecen la competencia y la interoperabilidad. Además, el reconocimiento internacional otorgado al Banco de la República valida el diseño y la implementación. Pero el desafío que empieza ahora es más exigente: sostener el crecimiento, profundizar el uso empresarial y lograr que este volumen se traduzca en menos efectivo, menores costos y un cambio estructural duradero en la manera como se mueve el dinero en Colombia.