Sábado, 11 de Abril de 2026

Trump en busca de salidas de emergencias

UruguayEl País, Uruguay 11 de abril de 2026

Los próximos días tienen la palabra. Dirán cuál de las alas del régimen de Irán es la que impone su vuelo en las negociaciones.

"Nunca se miente tanto como antes de una elección, durante una guerra y después de una cacería". Donald Trump tiene dos de las tres razones que dio Otto Von Bismarck para mentir descaradamente en sus respectivos momentos. Está ante una elección de medio término en la que, si perdiera la mayoría en ambas cámaras, correría el riesgo de que los demócratas lo lleven a juicio político por alguna de las tantas razones que hay para un impeachment. Y está en medio de una guerra que no pudo justificar de manera convincente ante su país y buena parte del mundo, y en la que deambula errático buscando la salida de emergencia antes de que su desgastado liderazgo termine de languidecer bajo los escombros que están dejando las bombas en Medio Oriente.

Posiblemente, si fuera cazador mentiría también, atribuyéndose salvajes presas de su "fantástica" puntería.

Por cierto el oscuro régimen de los ayatolas tampoco goza de credibilidad. Jamás la tuvo. Si da una cifra de muertes causadas con sus habituales represiones contra las multitudinarias protestas que suelen desafiarlo, los iraníes y buena parte del mundo saben que deben multiplicarla por una o dos decenas para acercarse al número real. Las estadísticas de muertos y heridos que dejan las represiones, igual que las que dejó en 1989 la masacre de Tiananmén, en Irán siempre quedan en el misterio.

La invasión del 2003 a Irak porque supuestamente Saddam Hussein tenía armas de destrucción masiva y era aliado de Al Qaeda, dejó malherida la credibilidad de Washington a la hora de justificar una guerra. Saddam era un psicópata criminal, pero no tenía armas químicas y la organización terrorista que dirigía Osama Bin Laden era visceralmente enemiga de su dictadura laica.

Con Trump en el Despacho Oval, la palabra presidencial perdió lo que le quedaba de confiable. A eso se suma la complejidad del conflicto en marcha, donde el éxito y el fracaso de cada parte (Trump, Netanyahu, la teocracia oscurantista que aún impera en Irán y su brazo libanés Hezbollah) tienen parámetros diferentes.

Los líderes de Estados Unidos e Israel necesitan que al concluir la guerra ya no exista la teocracia del chiismo duodecimano y, si no fue totalmente destruido, que al menos se rinda y entregue hasta el último gramo del uranio enriquecido al 60% que mantiene oculto en algún rincón de Bushehr y se comprometa a no usar más sus centrifugadoras, aceptando recibir uranio enriquecido en Pakistán o en Turquía. De los dos, Trump es el más necesitado de mostrar tales logros para justificar haber metido a Estados Unidos en esta guerra. Netanyahu un poco menos, ya que para los israelíes resulta entendible estar en guerra contra un régimen que desde su origen se propuso abiertamente borrar del mapa a Israel y echar de Medio Oriente a los judíos.

En el régimen iraní, también hay un ala moderada que prioriza detener la destrucción del país y el sufrimiento de los iraníes, y un ala fanática para la cual martirizar al pueblo se justifica plenamente en pos de vencer al enemigo.
Los próximos días tienen la palabra. Dirán cuál de las alas del régimen es la que impone su vuelo. Si la abierta a detener la destrucción del país y el sufrimiento de los iraníes, o la más fanática, que justifica martirizar su pueblo hasta encontrar lo que más se parezca a una victoria.

De eso depende que Trump haya encontrado o no la puerta de emergencia que está buscando para salir cuanto antes del conflicto donde se diluye aceleradamente su liderazgo.
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