Domingo, 12 de Abril de 2026

Gasto y mayor riesgo país impulsan inflación: Taboada

ColombiaEl Tiempo, Colombia 12 de abril de 2026

Mauricio Galindo - Editor de Economía @galmau
Bibiana Taboada es una de las mujeres de la junta directiva del Banco de la República que, junto con su colega Olga Lucía Acosta, fue objeto de ataques personales del presidente Gustavo Petro, luego de decidir subir la tasa de interés de referencia para atajar las alzas de precios y bajarles la temperatura a las expectativas que hay sobre más inflación

Mauricio Galindo - Editor de Economía @galmau
Bibiana Taboada es una de las mujeres de la junta directiva del Banco de la República que, junto con su colega Olga Lucía Acosta, fue objeto de ataques personales del presidente Gustavo Petro, luego de decidir subir la tasa de interés de referencia para atajar las alzas de precios y bajarles la temperatura a las expectativas que hay sobre más inflación. Días después, el jueves pasado, el Dane informó que la inflación subió en marzo a 5,56 por ciento anual, lo que va confirmando los temores que se han venido expresando en el banco central. En esta conversación, Taboada explica por qué la decisión busca defender el poder de compra de la gente y cómo eso debe ayudar a un crecimiento sostenible de la producción. También habla de la independencia del banco, así como de la forma en que recibió las arremetidas. La codirectora subraya la importancia de la credibilidad de la política monetaria: "No es algo romántico, se trata de que el banco sea creíble. Si hoy el banco dice que la inflación va a ser de 3 por ciento y los agentes creen, seguramente ajustarán sus decisiones con ese 3 por ciento como referencia". De lo contrario, "se generan espirales inflacionarias que después son muy difíciles de controlar". También expresa la necesidad de que la política monetaria actúe ante choques de oferta de cierta magnitud que puedan alterar de manera generalizada la inflación que la gente espera en el futuro, "porque podemos evitar que esos choques se transmitan a toda la economía y hagan nuevamente más difícil nuestra tarea de bajar la inflación". Las dos últimas decisiones de subir tasas, por su magnitud, muestran una gran preocupación por la inflación. ¿Cómo le explica a la gente que padece la inflación esa preocupación? Después de la pandemia tuvimos un pico inflacionario muy alto, por arriba del 13 por ciento. Para controlar esa inflación el Banco de la República tuvo que incrementar sus tasas de manera muy pronunciada. Hubo incrementos tan grandes como los de ahora o hasta mayores. La tasa llegó a estar arriba del 13 por ciento y eso permitió que la inflación comenzara a caer, de más de 13 por ciento a niveles cercanos al 5 por ciento al finalizar el 2024. Después de eso, la tendencia a la baja se detuvo. Y en todo 2025 la inflación se quedó un poco por arriba del 5 por ciento. La trayectoria se detuvo por diferentes razones, como excesos de demanda importantes que la producción nacional no ha sido capaz de absorber. Ya hacia finales de 2025 empezábamos a cuestionarnos si nuestra postura de política era suficiente para que la inflación continuara cayendo. ¿Y luego qué pasa con el cambio de año? Ahora en 2026 recibimos un choque importante que es el incremento del salario mínimo por encima del 23 por ciento cuando la inflación había sido cercana al 5 por ciento. Independientemente de si uno considera que es bueno o malo o si tiene efectos redistributivos, eso incrementó enseguida las expectativas de inflación. Rápidamente los agentes de la economía dijeron, "ya la inflación no va a ser del 3 por ciento, o no se va a acercar como teníamos previsto, sino que más bien se va a quedar arriba de cinco, incluso va a subir más". Eso nos obliga a tomar medidas para contener la inflación. ¿Qué consecuencias tiene esto en términos de decisiones? ¿Cuál es el costo de que el banco no tome esas medidas? En este momento probablemente el costo sería no que la inflación se quedara quieta, sino que se incrementara este año como el próximo, porque hay diferentes presiones tanto de oferta como de demanda que están presionando al alza los precios de la economía. ¿Y si no subimos las tasas de interés y la inflación se incrementa, cómo las bajamos después? Tendríamos que subir las tasas aún más y dejarlas arriba por más tiempo para que la inflación eventualmente retornara a la meta. Quisiera resaltar que esas decisiones recientes están soportadas en múltiples análisis, por supuesto de los miembros de junta, con el soporte del equipo técnico del Banco, reconocido a nivel nacional e internacional por la calidad de sus análisis. Estas decisiones, digamos, no se producen en el vacío, sino que vienen soportadas por unos análisis de la mejor calidad con las herramientas que se utilizan aquí en el Banco de la República, pero también en todos o en muchos de los bancos centrales a nivel a nivel global. Usted decía que hay varias razones presionando los precios, y se ha hablado mucho del papel del gasto público. ¿Cómo ese gasto hace subir el costo de la vida? La política macroeconómica debería guiarse por un principio de contraciclicidad. ¿Esto qué quiere decir? Que la política tanto monetaria como fiscal deberían estimular la economía en momentos de crisis, como fue en la pandemia, ante las pérdidas de empleo y las limitaciones para que la economía operara. Y en épocas de auge, cuando la economía crece más allá de lo que da su capacidad productiva, la política macroeconómica debería desacelerar esa demanda para que se alinee con lo que puede producir la economía. En el periodo más reciente, la economía ha estado creciendo sobre todo impulsaba por el consumo, especialmente el privado. El consumo de los hogares ha sido muy dinámico. Y eso ha llevado a que la demanda sea mayor a lo que se puede ofrecer, lo cual genera inflación. El gasto público en este momento no está siendo contracíclico, está siendo procíclico porque está estimulando ese consumo que ya era muy dinámico. El gasto público hoy estimula ese consumo privado. Le mete más presión a la demanda, y la capacidad productiva de la economía no es suficiente para suplir toda esa demanda, por lo cual hay incremento de precios y también un incremento muy importante de las importaciones, dado que a nivel nacional no se puede suplir esa demanda, y por ese lado se incrementan los precios. ¿Y hay otra forma en que el gasto impacta? Ese gasto público también genera dudas sobre la sostenibilidad de las finanzas públicas e incertidumbre en términos de las fuentes de su financiamiento, y genera presiones en las tasas de interés de la deuda pública lo cual, de alguna manera, perjudica a los colombianos que tarde o temprano tenemos que pagar por esos mayores intereses ya sea a través de impuestos o de menores gastos e inversiones que son necesarios en diferentes sectores de la sociedad. Son esos dos canales a través de los cuales el gasto público puede estar influyendo en la inflación. Las decisiones tomadas tienen la tasa de referencia unos seis puntos por encima de la inflación. ¿Por qué consideran necesaria esa diferencia tan amplia? La tasa de referencia no solo se debe comparar con la inflación actual, sino con la inflación esperada, y esta creció casi 300 puntos básicos entre noviembre del año pasado -cuando tuvimos la discusión de meta de inflación- y hoy. Si se compara la tasa de interés con esas expectativas o con la inflación esperada de aquí a un año, la diferencia no es tan grande como sugieres, porque desafortunadamente la expectativa es que la inflación crezca. Es relevante comparar con la inflación esperada porque cuando alguien va a hacer una inversión no solo mira la inflación hoy. Mira lo que va a ser la inflación de aquí a un año, a 2 años o incluso periodos más largos. La tasa de interés también se debe comparar con respecto a la tasa de interés neutral de la economía: la tasa en la cual no se generan presiones inflacionarias ni desinflacionarias. Esa tasa neutral se ha incrementado también en los últimos años porque ha incrementado la percepción de riesgo país y lo que uno llama la tasa libre de riesgos, que es la tasa neutral externa. En la cumbre de bancos centrales en Jackson Hole, los ataques a la independencia de la banca central fueron tema central, como se nota en el discurso de Jerome Powell, lo que además coincidió con la destitución (luego revocada por la justicia) de Lisa Cook de su puesto en la Fed. ¿Por qué la importancia de la independencia de los bancos centrales? En efecto, a nivel mundial la independencia del banco central se ha puesto en duda por diferentes gobiernos, actores o analistas del debate público. La necesidad de bancos centrales independientes sale de una tensión entre objetivos de corto y de largo plazo. Los de corto plazo en muchas ocasiones son los que más interesan a los gobiernos de turno. Eso es comprensible porque quieren obtener resultados mientras todavía están en el gobierno. Pero en economía los resultados de corto plazo pueden ir en contra de beneficios sostenibles en el largo plazo. Entonces, la independencia surge para buscar cuidar esos beneficios de largo plazo de la sociedad, que son la inflación baja y estable y el crecimiento sostenido. Se puede hacer crecer la economía de manera muy acelerada, a punta de diferentes estímulos, fiscales y monetarios, pero si no se implementan medidas estructurales para que la producción crezca al mismo ritmo, esta no alcanza a responder y se incrementan los precios. La inflación resultante afecta a toda la población, sobre todo a la más vulnerable, la que no tiene otro activo, más allá que su salario. No tiene inversiones financieras, no tiene activos físicos. Si la inflación crece, sus salarios rápidamente pierden valor y no pueden comprar lo mismo que un mes o unos meses atrás. La alternativa es hacer crecer la economía de manera sostenida, manteniendo los precios, o una inflación baja y estable. Cuando se hace crecer la economía de manera acelerada y crece la inflación muy rápido, tal vez el gobierno de turno se acabe, pero el siguiente gobierno va a tener que enfrentar la realidad de una inflación elevada, de un crecimiento insostenible y probablemente la necesidad de contraer de manera muy agresiva la economía para que los precios bajen. Eso no es bueno para nadie. Volviendo a Colombia, el Presidente criticó la decisión, como lo han hecho otros presidentes en otros momentos. Pero en esta ocasión hubo descalificaciones personales. ¿Cómo recibe ese hecho? No es extraño que haya desacuerdos entre el Gobierno y el banco, es algo común y eso surge de la tensión que mencionaba en la pregunta anterior, y tampoco es extraño que haya diferencias en el interior de la junta, que es un órgano colegiado, plural, con diversidad de opiniones. La junta tiene siete miembros: el gerente, el ministro de Hacienda y cinco codirectores independientes. De esos cinco, cada gobierno, según el arreglo constitucional, nombra a dos a un poco más de la mitad de su periodo. Por circunstancias particulares, este gobierno nombró a los dos que le correspondían, y a otro. Es decir que en la composición actual, solo dos codirectores fueron nombrados por el gobierno anterior y yo soy uno de esos dos, y cumplí mi primer periodo en febrero del año pasado. Cuando el gobierno actual nombró los dos codirectores que le correspondían decidió reemplazar a otros y que yo permaneciera. Mi experiencia en la Junta ha sido retadora, sin duda, en momentos retadores para los bancos centrales alrededor del mundo. Lograr que la inflación bajara después de la pandemia fue una situación que exigió mucho análisis y estudio, y en el caso colombiano no hemos terminado el proceso. Recibo las críticas de manera analítica, con humildad, siempre tratando de hacer lo que considero que es mejor para el país y en línea con el mandato constitucional que tengo como codirectora de la junta.

"Cuando se hace crecer la economía de manera acelerada, el siguiente gobierno va a tener que enfrentar la realidad de una inflación elevada, de un crecimiento insostenible".
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