Lunes, 13 de Abril de 2026

Un cambio en la trayectoria del crecimiento económico argentino

ArgentinaLa Nación, Argentina 11 de abril de 2026

Un cambio en la trayectoria del crecimiento económico argentino En 1798 el reverendo Robert Malthus publicó una obra que lo inmortalizó, con pronósticos a futuro que la revolución industrial, entonces en curso, terminó invalidando

Un cambio en la trayectoria del crecimiento económico argentino



En 1798 el reverendo Robert Malthus publicó una obra que lo inmortalizó, con pronósticos a futuro que la revolución industrial, entonces en curso, terminó invalidando. En Ensayo sobre el principio de la población Malthus sigue la guía metodológica que adquirió notoriedad científica cuando Isaac Newton enunció la famosa ley según la cual la fuerza es igual a la masa por la aceleración.

Francis Bacon ya había difundido en la comunidad científica que interactuaba en la Europa del siglo XVIII la idea que las ciencias físicas y naturales observaban e identificaban regularidades que la experimentación se encargaba de reproducir, y que, a partir de la prueba se expresaban en proposiciones que, en forma de ley, traducían el descubrimiento científico. La ciencia investigaba el universo y la naturaleza para descubrir leyes que permitieran explicar la mecánica de su funcionamiento. Malthus todavía no tenía la perspectiva de la "singularidad" que se estaba dando en el mundo económico de sus días, e investigaba una ciencia social con la información que le proporcionaba la historia y el dato estadístico disponible. Hacia atrás observaba una economía que por milenios había tenido un comportamiento cuasi estacionario con una correlación entre el crecimiento de la población y la producción de alimentos que permitía inferir cierta regularidad .

Durante la mayor parte de la historia humana la economía operó con un comportamiento ajustado a la visión malthusiana: los avances técnicos y productivos temporales tendían a traducirse en un crecimiento de la población, pero no en mayores ingresos por persona. En la práctica eso significa que el producto mundial total podía crecer (porque crecía el número de habitantes), pero el producto por habitante permanecía aproximadamente constante a lo largo de siglos. La regularidad observada era simple: una mejora tecnológica elevaba la producción disponible, había más alimentos/recursos y la mortalidad bajaba y/o la fecundidad subía, entonces la población crecía hasta que la renta per cápita volvía a acercarse a los niveles de subsistencia. El crecimiento "se comía a sí mismo" demográficamente en lugar de acumularse en mayor riqueza per cápita. A su vez, las guerras, las hambrunas y las pestes, acompañaban el proceso de convergencia y nivelación milenaria a esa regularidad de la subsistencia . Todo esto llevó al clérigo inglés a postular su ley de interpretación del fenómeno que se estilizó como la relación entre una población que crece a tasas geométricas, mientras los alimentos lo hacen a tasas aritméticas, con las consecuentes crisis y las consiguientes recomendaciones de control demográfico, todavía vigentes en muchos foros de pensamiento. El espejo retrovisor que le permitió a Malthus postular su ley, no le permitió, sin embargo, advertir que en su presente el "palo de hockey" que relevaba la regularidad pasada en su mango, empezaba a exhibir el tramo de crecimiento disruptivo a tasas aceleradas y acumuladas del producto y de la población (cabeza o pala de hockey) como consecuencia del proceso de industrialización que tenía epicentro en Europa y en su propia Inglaterra.

Joel Mokyr, Premio Nobel de Economía del año pasado, en su libro A Culture of Growth. The Origen of Modern Economy, se propone analizar y dar a luz las razones que llevaron a una economía mundial de subsistencia milenaria a romper esa trayectoria y a empezar a crecer a tasas acumuladas y sostenidas que han permitido en los últimos 200 años aumentar el ingreso per cápita por 10 y la población mundial por 6. Para Mokyr, tanto la historia como la teoría económica siguen en deuda con ese interrogante crucial que marca la mayor "singularidad" en la disciplina económica. La revolución industrial fue precedida, según este investigador, por una revolución en el mundo de las ideas que abrevó en un cambio cultural que a su vez cristalizó en instituciones que permitieron la multiplicación de las transacciones, la división del trabajo y el proceso de acumulación capitalista. El origen, según Mokyr, lo generó una fertilización cruzada de ideas que se fue gestando en los siglos XVI y XVII y que dio lugar, como nunca había sucedido antes, al establecimiento de vasos comunicantes entre los descubrimientos científicos (multiplicados por el nuevo método de investigación científica), los desarrollos tecnológicos asociados, y su difusión comercial. El circuito ciencia, tecnología e innovación potenciado por la operación de una economía de mercado en contextos institucionales respetuosos de la propiedad privada y del cumplimiento de los contratos. La interacción y difusión de las nuevas ideas tuvo el protagonismo de una organización transnacional e informal conocida como República Literaria, "el gran mercado de ideas" que interrelacionó el pensamiento europeo en las distintas disciplinas científicas en una Europa todavía marcada por las divisiones políticas. La institución "ha recibido mucha atención por parte de los historiadores, pero su relevancia en la generación y difusión de conocimiento útil no ha sido suficientemente apreciada". Fue una universidad "invisible" de académicos e intelectuales conectados internacionalmente, basados en el entendimiento común que el conocimiento es un bien público a ser distribuido y compartido en la sociedad. Esto condujo, según Mokyr, a promover la creación sostenida del conocimiento.

Mutatis mutandi, la decadencia cuasi secular de la Argentina también ofrece regularidades que condicionan el análisis y los pronósticos futuros, sobre todo cuando los datos estadísticos que alimentan los modelos económicos se combinan con la propensión determinista que domina nuestra idiosincrasia (o "condenados" al éxito, o fatales fracasados). En nuestro pasado, hay una secuencia casi monótona y repetitiva de déficit fiscales, políticas monetarias laxas y crisis cambiarias con explosiones cíclicas de las cuentas públicas y de las cuentas externas. Hay procesos de stop and go (años de expansión seguidos de años de contracción) retroalimentados por condiciones que se repiten, y hay políticas procíclicas que profundizan los auges y las caídas. El bajo crecimiento promedio que arrastra décadas se ha transformado casi que en un augurio de futuros nuevos estancamientos o caídas. Para colmo, la demografía empieza a agotar el bono demográfico (envejecimiento poblacional), con consecuencias más serias en un contexto de baja tasa de inversión y baja productividad. La tasa de crecimiento promedio de los últimos 50 años ha estado por debajo del 2%, y la de crecimiento poblacional alrededor del 1%. La trayectoria nos condena a duplicar el ingreso per cápita en unos 72 años (el mango del palo de hockey metafórico de la Argentina declinante). ¿Habrá un punto de inflexión que nos proyecte a la trayectoria de la cabeza del palo de hockey para crecer a tasas sostenidas mucho más altas de manera de mejorar el ingreso per cápita y converger a los niveles de riqueza de los países desarrollados? Para duplicar el producto en diez años debemos crecer a tasas de 7,2% anual acumulado. Esto permitiría a su vez duplicar el ingreso per cápita en los próximos doce años, pero aun así no alcanzaríamos el actual ingreso per cápita que tienen los españoles. Para crecer a esas tasas hay que incorporar más horas de trabajo y reducir la informalidad laboral a un 15/20% (tenemos pendiente una mayor inserción de la mujer en la fuerza laboral ampliando la base de la población económicamente activa); necesitamos mucha más inversión a partir de un aumento de la tasa de ahorro interno (que el ahorro argentino deje de huir al "colchón" o al exterior) y es imprescindible un salto en la productividad. Por prueba y error muchos fracasos del pasado han dejado algunas lecciones prácticas: no más déficit en las cuentas públicas, no más emisión para financiar desequilibrios fiscales, no más deuda pública, no más monetización con capitales golondrinas (carry trade), no más atraso cambiario para frenar la inflación, no más inflación (erradicarla).

Pero al catálogo de "no" hay que sumarle ideas conducentes a transformar la estructura productiva generando nuevos empleos formales : ideas sobre desregulación, apertura económica, eliminación de barreras a la competencia, reforma laboral, reforma impositiva, reforma previsional. En este "mercado de ideas" hay propuestas que insisten en la dolarización y otras que defienden un régimen bimonetario; ideas que buscan fortalecer la autonomía del banco central e ideas que derivan en su eliminación. Ideas que descansan en la función empresarial y en la coordinación espontánea del mercado para alcanzar el crecimiento sostenido en un marco institucional de respeto a la propiedad y a los contratos, e ideas que integran la función empresarial a una estrategia de desarrollo, con mercados competitivos, bienes públicos de calidad, infraestructura que vertebre el país con la región y el mundo, y previsibilidad institucional. Ideas sobre la inserción de la Argentina en el nuevo orden mundial, replanteando el Mercosur o transformándolo en acuerdo de libre comercio. Hay que enriquecer todos estos debates para superar las ideas perimidas y fracasadas estableciendo puentes de diálogo y fertilización cruzada de ideas con la consigna de afianzar el nuevo rumbo y consolidar consensos mayoritarios, a sabiendas que el éxito del cambio económico se evaluará en las tasas de crecimiento sostenido de la Argentina de los próximos años .

Doctor en Economía y doctor en Derecho
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