Hungría le da la espalda al modelo Orban
La del domingo no fue una elección entre derecha e izquierda.
La derrota de Viktor Orban en las elecciones de Hungría marca el final de su proyecto de instaurar una "democracia iliberal" y muestra que la expansión en Europa de los movimientos de derecha radical y de nacionalismos populistas puede tener un límite. Los húngaros le dieron la espalda a un líder que aprovechó un inmenso apoyo inicial para hacer transformaciones políticas que le permitieron en sus 16 años de gobierno centralizar el poder, degradar el Estado de Derecho y expandir la corrupción, empobreciendo al país, uno de los que menos crecen en la Unión Europea. El triunfo opositor abre las expectativas de que Hungría vuelva a una política menos díscola con Bruselas, que permita, por ejemplo, destrabar las ayudas a Ucrania.
Esta no fue una elección entre derecha e izquierda, sino una que enfrentó a una "autocracia electoral", como la definió la UE, con una amplia oposición unida bajo el liderazgo de un político joven, Peter Magyar, de centroderecha, que supo interpretar el fastidio de una sociedad agobiada por la corrupción y el mal desempeño económico. Los dos tercios del Parlamento que obtuvieron Magyar y su partido Tisza (la izquierda no logró ningún escaño) permitirán al próximo gobierno hacer cambios constitucionales y revertir reformas importantes para reinstaurar el régimen democrático pluralista que Orban intervino para beneficio de su partido y el suyo propio. La orientación claramente europeísta de Magyar es la principal diferencia con la política que implementó Orban, un euroescéptico que enfureció a sus socios por su cercanía con Vladimir Putin, que lo llevó a vetar sanciones contra Rusia y las ayudas financieras a Ucrania.
La Unión Europea sancionó en varias oportunidades a Hungría por vulneraciones a las libertades fundamentales. En un informe de 2025 se criticó la falta de transparencia en la designación de jueces, las fallas en el combate a la corrupción, la poca independencia de los medios de comunicación públicos y las dificultades que se ponían a las organizaciones civiles. Estas observaciones estaban en el trasfondo de las sanciones que se le impusieron al país en varias oportunidades y que, en estos momentos, tienen congelados importantes fondos de ayuda europea. Magyar prometió hacer reformas en esos ámbitos para destrabar las remesas, fundamentales para la recuperación económica del país y el cumplimiento de sus promesas electorales.
La derrota de Orban es un trago amargo para Donald Trump y su vicepresidente JD Vance, quienes apoyaron incondicionalmente a Orban, al punto de que este, antes de viajar a Pakistán para negociar con los iraníes, pasó por Budapest, donde participó en mitines con el líder húngaro. A diferencia de la mayoría de los dirigentes mundiales, Trump no comentó las elecciones el domingo ni le envió un inmediato saludo al ganador; quizás estaba muy concentrado en otros asuntos. Magyar recibió fríos saludos de Moscú, con el que necesariamente deberá continuar manteniendo buenas relaciones, porque Hungría es dependiente neto del gas y el petróleo rusos, al menos hasta que encuentre proveedores alternativos.