Movilidad digital sí, pero …
Catalina Prieto
La movilidad urbana en Colombia atraviesa una transformación digital profunda
Catalina Prieto
La movilidad urbana en Colombia atraviesa una transformación digital profunda. Hoy, planear un trayecto, pedir un servicio o comparar opciones de transporte ocurre, casi siempre, desde una pantalla. Esta revolución tecnológica promete rapidez, eficiencia y datos en tiempo real, pero deja una pregunta abierta: ¿realmente mejora la experiencia del usuario o solo hace más visibles los problemas de siempre? De acuerdo con Alianza IN, en 2025, las aplicaciones de movilidad, Uber, DiDi, Cabify e InDrive, consolidaron su presencia en el país con más de 21 millones de usuarios, una cifra que equivale a cerca del 50 % de la población colombiana. Es decir, uno de cada dos ciudadanos ya interactúa con plataformas digitales para desplazarse. Este dato no solo confirma la masificación de estas tecnologías, sino que evidencia un cambio estructural en la forma de moverse y tomar decisiones cotidianas. Desde la gestión pública, esta transformación también se refleja en el uso de datos. El Ministerio de Transporte, a través de Transporte en Cifras, y las Secretarías de Movilidad han fortalecido la publicación de información sobre pasajeros, modos de transporte y congestión. Hoy, tanto autoridades como ciudadanos pueden consultar indicadores para entender cómo se mueve la ciudad, el país y anticiparse a diferentes escenarios. Para los usuarios, la tecnología ha cambiado la experiencia incluso antes de salir de casa. Herramientas de geolocalización, planeación de rutas y estimación de tiempos ofrecen una sensación de control que antes no existía. Iniciativas como el Observatorio de Movilidad de Bogotá, de la Secretaría Distrital de Movilidad, permiten integrar datos públicos a decisiones individuales y elegir alternativas frente al tráfico. Sin embargo, la promesa digital convive con una realidad compleja. El crecimiento de las apps no elimina los cuellos de botella urbanos: buses llenos, vías saturadas y tiempos impredecibles siguen marcando el día a día. La tecnología optimiza la experiencia, pero no reemplaza la infraestructura ni resuelve por sí sola la congestión. Las políticas públicas lo confirman. Medidas como el pico y placa o el Día sin Carro siguen siendo necesarias para contener el volumen de vehículos. Al mismo tiempo, persisten brechas de acceso digital que limitan el alcance real de estas soluciones. En este contexto, la inteligencia artificial y el análisis de datos empiezan a jugar un rol clave: predicen demanda, optimizan rutas y mejoran la gestión. Pero su impacto solo será sostenible si avanza al mismo ritmo que la inversión en infraestructura y la inclusión digital. Desde la perspectiva del mercado y de actores como CarroYa el mensaje es claro: si la mitad del país ya se mueve apoyado en tecnología, el reto no es sumar más aplicaciones, sino responder a un usuario más informado, exigente y consciente de su tiempo. La movilidad del siglo XXI no es solo digital: es una experiencia híbrida que debe traducirse en viajes más eficientes, equitativos y humanos.
CEO de CarroYa.