Jueves, 16 de Abril de 2026

El costo de ignorar la revolución tecnológica

ColombiaEl Tiempo, Colombia 16 de abril de 2026

Catherine Pereira
Los desarrollos tecnológicos de los últimos tres años han sido vertiginosos, impulsados por la inteligencia artificial (IA) y su uso generalizado desde que, en 2022, se dio a conocer ChatGPT

Catherine Pereira
Los desarrollos tecnológicos de los últimos tres años han sido vertiginosos, impulsados por la inteligencia artificial (IA) y su uso generalizado desde que, en 2022, se dio a conocer ChatGPT. Muy rápidamente, le siguieron otros modelos de lenguaje, como Claude, Gemini y Glock, con los que las grandes compañías tecnológicas han cautivado a millones de usuarios. Aun con sus retos, la tecnología en general le ha permitido a la humanidad vivir mejor porque ha democratizado el acceso a la educación, la salud y la telemedicina, la comunicación a cero costos, el trabajo remoto, y simplifica tareas permitiéndonos ser más productivos. De acuerdo con el Foro Económico Mundial, las nuevas tecnologías no solo cambiarán las industrias, sino que también elevarán la demanda de alfabetización tecnológica y pensamiento creativo, ya que la IA y la automatización asumirán las tareas rutinarias, dejando a los profesionales los roles de participación, articulación y dirección de ecosistemas de alta complejidad tecnológica. Quienes no comprendan y usen estas tecnologías estarán condenados a quedar por fuera de las posibilidades laborales que surjan de sus campos de aplicación, como la automatización, la robótica y el procesamiento de imágenes. No obstante, en medio de este reto de talento humano, los colombianos elegimos dedicar recursos a promover movilizaciones sociales en lugar de invertir ese tiempo y esos recursos en programas escolares para educar a nuestra juventud en la comprensión y el uso de la IA. En el caso de las empresas, un informe de McKinsey estima que, en industrias específicas, el uso generalizado de la IA reduciría en un 20% los gastos operacionales, lo que impactaría positivamente las utilidades en el corto plazo entre el 9% y el 15%, pero con un nivel de competencia en las industrias que erosionaría rápidamente las fuentes de ganancia. Aun así, el país prefiere crear nuevos impuestos antes que apoyar la implementación de la IA para proteger el trabajo y competir a nivel global. Cualquiera diría que no hay vida después de la IA y que es imposible que innovaciones tan disruptivas como ella puedan surgir tan vertiginosamente en los próximos cinco años y cambiar decididamente el panorama de nuestras vidas y de industrias enteras. Por ello, en medio de las discusiones sobre la independencia del banco central, decidí investigar las tecnologías emergentes, que son muchas y deberían estar siendo promovidas en las convocatorias de MinCiencias. Entre ellas, menciono algunas que podrían ser determinantes para la sostenibilidad, el medio ambiente y la salud en el país. Colombia ha priorizado la transición energética; sin embargo, solo el 14% de la energía que consume proviene de fuentes renovables. Algunas tecnologías que podrían impactar la sostenibilidad incluyen compuestos para baterías que actúan simultáneamente como chasis de vehículos y almacenan energía, lo que eliminaría la necesidad de baterías tradicionales en un país con un uso extensivo de las carreteras. Otra tecnología es la denominada energía osmótica, que aprovecha la desalinización del agua de mar para generar energía limpia, superando las intermitencias de la generación solar o eólica. Una oportunidad para nuestra agricultura podría ser también la fijación de nitrógeno verde, que permitiría producir fertilizantes sin recurrir a combustibles fósiles. En cuanto a la salud y el medio ambiente, el país podría promover el uso de sensores inteligentes que integran IA para monitorear en tiempo real cambios moleculares en toxinas, ADN y patógenos, sin intervención humana, aplicables a la salud y la seguridad ambiental. Además, se podrían utilizar dispositivos para compartir datos y elaborar mapas ambientales precisos, lo que mejoraría la respuesta ante desastres y haría innecesaria más de una emergencia económica. Por otra parte, el Ministerio de Salud y Protección Social de Colombia calcula que el 20% de la población es obesa y otro 40% tiene sobrepeso, lo cual acarrea consecuencias y costos derivados de las patologías asociadas. En este contexto, sería muy beneficioso que, en vez de promover el "Chu Chu", definamos una política pública para proveer GLP-1 de bajo costo —medicamentos para la diabetes tipo 2 y la obesidad—, ya que estos medicamentos no están sujetos a patentes desde este año. Los GLP-1 tienen, además, la capacidad de frenar el deterioro cognitivo, con lo cual en Colombia podríamos contribuir a tratar a 250.000 personas diagnosticadas con Alzheimer y a manejar el deterioro cognitivo en los adultos mayores. Otras dos tecnologías costo-eficientes para la salud serían: el uso de bacterias o células vivas que actúan como fábricas de medicamentos en el cuerpo humano para tratar enfermedades crónicas; y la aplicación de nanoenzimas para realizar diagnósticos rápidos y tratamientos oncológicos a bajo costo. En Colombia, más de 500.000 personas son tratadas por cáncer y se diagnostican más de 40.000 casos nuevos cada año. Con este tipo de tecnologías no solo salvaríamos vidas, sino que también podríamos hacerlo a menor costo para el sistema de salud. Por todo lo anterior, emergerán tecnologías disruptivas, más allá de la IA, que serán determinantes para el futuro, y de lo que debemos estar conversando es sobre cómo podemos lograr beneficios para los colombianos, en vez de reinventar la rueda y pretender que la independencia del Banco Central les daña.
Profesora Asociada Universidad de La Sabana.
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