Colombia y la parábola de ‘la rana hervida’
La capacidad de una sociedad para acostumbrarse a dinámicas dañinas, asumiéndolas como normales, cediendo y aceptando progresivamente prácticas nocivas, me recuerda el ejemplo de la parábola de la ‘rana hervida’
La capacidad de una sociedad para acostumbrarse a dinámicas dañinas, asumiéndolas como normales, cediendo y aceptando progresivamente prácticas nocivas, me recuerda el ejemplo de la parábola de la ‘rana hervida’. Esta acepta niveles de temperatura cuando se sumerge en agua que se calienta lentamente, pero salta si se la sumerge a esa misma temperatura súbitamente, y se muere. Colombia, en los tres años largos del gobierno Petro, demuestra cómo los niveles de corrupción acompañados del deterioro intencionado de las instituciones, pueden llegar a niveles previamente inimaginables. No es excusa aducir que anteriormente había corrupción, para desconocer la realidad de la situación actual. El personaje con quien compitió Gustavo Petro, a quien se refería la gente como ‘el ingeniero’, me hace recordar a Gabriel Antonio Goyeneche, quien fue candidato a presidente, por la primera de cinco elecciones en el año 1958. Conocido como ‘candidato vitalicio’, fue autor de un sinnúmero de propuestas descabelladas. El disparate y el absurdo fueron su forma de hacer política. Sin embargo, nunca logró que el electorado lo tomara en serio. Lo que en esa época parecía risible y en la práctica era inofensivo, en este caso el ingeniero llegó inclusive a puntear en las encuestas. Eventualmente esto ayudó a que Petro pudiera posesionarse como presidente de la República. Hoy estamos de nuevo frente a un escenario que anteriormente hubiera parecido de ficción. Un candidato silencioso, protegido desde el Palacio de Nariño de forma claramente irregular, enfrenta una oposición que aparentemente no teme ser derrotada. Las campañas de los posibles candidatos a llegar a la segunda vuelta, no logran articularse. Es imposible no reflexionar sobre el nivel de tolerancia al que se ha llegado, con lo que se evidencia como comportamiento inaceptable tanto en lo moral como en lo legal. De no reaccionar, es posible que Colombia, que vive crisis de salud, déficit fiscal desbordado y deuda desproporcionada al tamaño de su economía llegue, mediante una reforma constitucional, inclusive a eliminar la propiedad privada. Sin pretender que el ideal es regresar al status quo ante, Colombia se merece la oportunidad de buscar un modelo que, estimulando la movilidad social, provea de bienestar a quienes hoy y ayer, han vivido en situación inaceptable. La generación que asume el liderazgo, estoy seguro que logrará, dada la oportunidad, encontrar ese modelo de sociedad. Escribe Hannah Arendt que los principios básicos de la convivencia se transforman cuando ciudadanos corrientes asumen como legítimo el rechazo de aquellos que por una u otra razón fueron señalados como ‘inaceptables’. Las prácticas del actual gobierno cabrían en lo que ella definió como la "banalidad del mal", pues aquellos que detentan el poder están llamando a una lucha de clases que busca enfrentar el pueblo con aquellos que Petro llama "el estrato 20". Esos "empresarios desagradecidos" como los denomina el presidente, no reaccionan. Siguen el comportamiento de la "rana hervida".
Salomon Kassin
Banquero de inversión.