La nostalgia que viene
Recordarás, dilecto amigo, dice un interlocutor del sabio Critilo, aquel tonto eslogan de hace algunas décadas que rezaba "la alegría ya viene", fruto de aquellos creativos publicitarios que no solamente influyen en las personas, sino que también modelan sus esperanzas
Recordarás, dilecto amigo, dice un interlocutor del sabio Critilo, aquel tonto eslogan de hace algunas décadas que rezaba "la alegría ya viene", fruto de aquellos creativos publicitarios que no solamente influyen en las personas, sino que también modelan sus esperanzas.
Ante todo cambio social o político es ineludible pensar que, como van las cosas de este mundo, siempre habrá quienes celebren lo nuevo y quienes añoren lo viejo. Ya lo decía Maquiavelo cuando advertía que los cambios siempre serán tibios para algunos, ardientes para otros y fríos para los que pensaban que la vida no cambia y que los privilegios obtenidos se mantienen.
El prudente Critilo, que conoce algo a su gente, se apresura a pensar que siempre habrá nostalgias. Muchos aún recuerdan con afecto a la Unión Soviética o la República Democrática Alemana. Otros quisieran reconstituir regímenes que las generaciones terminan por aceptar.
La pregunta es, sin duda, qué es lo que se añorará. Si las formas externas de la vida social, si las prebendas y privilegios, si la superficialidad de las decisiones, si los afanes refundacionales que todo nuevo grupo cree poder concretar. Las nostalgias son sentimientos y no razones. Pero que de haberlas, las hay y siempre habrá.