Viernes, 17 de Abril de 2026

Humildad tecnocrática

ColombiaEl Tiempo, Colombia 17 de abril de 2026


Julián López Murcia, DPhil
En una región del mundo comúnmente asociada con dictadores y populismo, el investigador peruano Eduardo Dargent escribió el libro Technocracy and Democracy in Latin America hace más de una década


Julián López Murcia, DPhil
En una región del mundo comúnmente asociada con dictadores y populismo, el investigador peruano Eduardo Dargent escribió el libro Technocracy and Democracy in Latin America hace más de una década. La foto de la carátula no puede ser más elocuente para los colombianos: el Presidente Carlos Lleras junto a varios de los patriarcas de la tecnocracia de nuestro país. No fue una elección fortuita. De sus investigaciones, Dargent concluyó que la tecnocracia colombiana fue una de las más autónomas y poderosas entre sus pares de la región. El legado de la tecnocracia criolla -típicamente, economistas con doctorado en universidades extranjeras prestigiosas, y carrera hacia las posiciones con mayor poder en el manejo económico- ha sido, en general, muy positivo. Nuestra estabilidad macroeconómica -mientras nuestros vecinos parecían en una montaña rusa- es una de sus conquistas más importantes. Sin embargo, el ritmo de sus logros no alcanzó a contener la llegada del populismo. Tampoco ayudó cierta falta de humildad en el debate público. Algunos tecnócratas colombianos se han animado a participar en la arena electoral con resultados muy pobres. Tal vez, sistemas parlamentarios como el de Italia (Mario Monti) o Grecia (Papademos) son más propicios para que lleguen a la primera magistratura del Estado -así sea por poco tiempo- líderes con mucho conocimiento y limitada capacidad de entusiasmar al electorado, para poner la casa en orden. Pero la dura arena electoral colombiana ha sido generalmente inclemente con esta tribu profesional. Resaltan excepciones de Juan Mario Laserna y Juan Daniel Oviedo. Eran sus territorios inexpugnables el Banco de la República, el Ministerio de Hacienda y el Departamento Nacional de Planeación, así como la última palabra en varios de los grandes debates fiscales y de políticas públicas -desde la Facultad de Economía de la Universidad de Los Andes y Fedesarrollo-. Pero la situación ha cambiado. El Banco sigue siendo la joya de la corona. Pero Hacienda y DNP son territorios, en buena parte, perdidos. Y en el debate público no sólo hay otros actores con fortaleza académica, sino una nueva economía de la atención en la que la estridencia frecuentemente derrota a la evidencia. Aunque ha habido casos de retorno tecnocrático en Europa y países como Chile, no veo un claro camino de retorno de la tecnocracia colombiana a los niveles de autonomía y poder que documentó Dargent. En todo caso, creo que son una fuerza importante que el país necesita, pero con un nuevo conjunto de ideas y herramientas y, sobre todo, mucha humildad tecnocrática para compartir la mesa con voces tradicionalmente marginadas que no van a perder el espacio ganado.
Director de Nalanda Analytica.
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