El candidato más popular
Le cuento al Prócer que en un reciente encuentro familiar relaté el siguiente trauma infantil
Le cuento al Prócer que en un reciente encuentro familiar relaté el siguiente trauma infantil. En esa época se acostumbraba a rayar las paredes con un chilenismo relativo al aparato reproductor masculino. Tan extendida estaba esa práctica, que se decía que era el candidato más popular de Chile. A la sazón yo tendría siete años, y como veía esta palabra escrita en todas partes e ignoraba su significado, la asumí como parte del entorno. Con la convicción de que el candidato popular aquel era un aditamento urbano necesario, encontré que en mi casa faltaba y, para suplir la carencia, grabé con un cortaplumas su nombre en el pasamanos de madera de la escalera. Un día, mi mamá invitó a unas amigas y al subir la escalera descubrió con horror y vergüenza la palabreja aquella y, con gritos de indignación, indagó quién era el autor de tamaña ordinariez. Al descubrir que había sido yo, fui castigado con varias palmadas en el trasero. Le comento que ahora los jóvenes se horrorizan de que nuestros padres nos castigaran físicamente por las faltas que cometíamos, pero no tienen en cuenta que dicho castigo era muy eficaz para evitar que reincidiéramos en ellas.
"¿Estás seguro?", me pregunta el Prócer. "Mira, acuérdate que hace algunos años ese popular chilenismo apareció rayado en el Arco del Triunfo, en París, con un tono poco amigable hacia un político francés. Y según recuerdo, estuviste por ahí en esa época", señala con una sonrisa pícara.