Domingo, 19 de Abril de 2026

La "ley trans" y el bloque de granito

UruguayEl País, Uruguay 19 de abril de 2026

El caso del empleado del BROU que usó un cupo reservado a personas "trans" deja en evidencia un error clásico de la política actual.

Al final del día, todo el debate político se pude reducir a una cosa: el voluntarismo contra la realidad. Y la realidad, pesada como un bloque de granito cayendo desde una montaña, siempre termina imponiéndose.

Eso pensábamos días atrás cuando estalló la polémica en torno a la contratación por parte del Banco República de una persona "trans". Por si se le escapó la noticia, resulta que grupos de personas "trans" (¡perdón!... ¡colectivos!), manifestaron su molestia porque un empleado logró un ascenso dentro del banco, apelando a la cuota que la ley 19.684 impone a las oficinas públicas.

¿Por qué están molestas estas personas? Porque al parecer el beneficiario cambió su partida de nacimiento de hombre a mujer, pero en su vida personal se sigue vistiendo y actuando como un hombre. Al punto que los jerarcas del banco recibieron una denuncia anónima que sostiene que "se hizo un uso abusivo e inmoral de una ley defectuosa para abrirse camino en el empleo público en detrimento de personas que verdaderamente lidian con una verdadera disforia de género". Sí, dos veces "verdadero".

Pero lo más jugoso es la declaración del implicado que, apelando a una lógica total, dijo que "¿Quién tiene la capacidad de decir cómo me identifico? He decidido vivirlo a mí manera". Para agregar de forma insidiosa que "me parece de una violencia particular que, una vez que uno se anima, lo denuncien así". Decimos insidiosa porque los grupos (perdón de nuevo... ¡¡colectivos!!) que impulsan estas leyes, tienen la tendencia a decir que todo el que contradice su visión, ejerce "violencia". Con lo cual la declaración del implicado es una perfecta utilización del discurso que genera estas leyes, plagadas de voluntarismo, en contra de sus impulsores.

Como decía el amigo Rodrigo Caballero en su columna en El País: "Qué le van a decir? ¿Qué hay un dress code obligatorio para las personas transgénero? Permítame que me mate de risa".

Casi que se escucha el sonido de ese bloque de granito arrastrando todo a su paso.

Allá por el año 2018, cuando se votó esta ley, publicamos un ar- tículo crítico que nos generó bastantes ataques e insultos de parte de mucha de esta misma gente que ahora la tacha de "defectuosa". Y allí destacábamos varios aspectos absurdos de la misma.

Para empezar, su lejanía con la realidad, ya que la ley exige que el 1% de las vacantes anuales del estado sean reservadas para "personas trans". Según los datos que se manejaban en ese momento para impulsar la ley, la población beneficiaria era de unas 800 personas, mientras que las vacantes anuales del estado son casi 30 mil. Con lo cual, en 4 años, todos los "trans" serían felices empleados públicos. Como era obvio, no pasó.

La segunda crítica era que la ley proclamaba con tono de prócer emancipador, que a partir de allí las personas "trans" tendrían derecho a la salud, educación y a la cultura. Y nosotros argumentábamos que esa población ya tenía esos derechos otorgados en la Constitución por un hecho levemente anterior a su condición sexual o genérica (no sabemos cómo hay que decirlo esta semana). Y es la de ser ciudadanos uruguayos.

El punto que buscábamos marcar era que es una estupidez querer construir una sociedad como si fuera una confederación de grupos (¡pero la p... ! ¡¡¡colectivos!!!). Y que si algo hemos aprendido de la historia es que los derechos son individuales. Porque somos todos seres únicos e irrepetibles, y la afiliación a alianzas grupales no eleva el valor de los mismos. Como dicen los liberales de verdad, hay que atender a la persona que es la minoría más chica, y la que más suele ser avasallada por la masa idiotizada.

Ayer sin ir más lejos, leíamos en O Globo un estudio sociológico que decía que la población LGBTQIA+ es más propensa a usar drogas y a edades más tempranas. La verdad es que lo que viene después de la "T" ya no sabemos qué es. Pero... ¿de dónde viene esa manía de querer poner una letra a cada condición de cada ser humano? ¿No se dan cuenta que no van a alcanzar tres abecedarios para incluir las peculiaridades de cada persona? ¡Por suerte!

Pero todavía más importante es la ingenuidad de creer que el goce de todos esos derechos se va a cumplir porque 130 señores en el parlamento levanten la mano una tarde cualquiera. Eso servirá para que 4 activistas profesionales les palmeen la espalda, y capaz que Open Society los invite a una charla en Bruselas. Pero andá a explicarle a la chica trans que cuida coches en Cuareim y Durazno que, gracias a la generosidad de los legisladores, ahora tiene derecho a la cultura, salud y educación.

Si ponerse frente a las tanquetas, como decía Mujica, es siempre mala idea, imagínese abajo de un bloque de granito. Lo inteligente sería intentar desviar de a poco su energía, en la dirección que nos gustaría que fuera. Y rezar de que, en el camino, no nos aplaste por pedantes.
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