Gobernarse a sí mismo
El autogobierno es una cualidad esencial para el ser humano, pues es la manera de enrielar la libertad, sin que esta, desbocada, haga de la propia vida un infierno de caprichos inconducentes y desorientadores
El autogobierno es una cualidad esencial para el ser humano, pues es la manera de enrielar la libertad, sin que esta, desbocada, haga de la propia vida un infierno de caprichos inconducentes y desorientadores. Cada persona, por ende, requiere del dominio de sí al modo como una regla que sirve para fijar el trazo en una hoja.
Demasiado ímpetu y excesivo vértigo existencial desfavorecen el logro de cualquier proyecto vital. Alguien sin control de su yo se vuelve errático y bestial y, al fin y al cabo, su existencia le juega en contra. De ahí la importancia de comprender la propia libertad no como una concesión a sí mismo de lo que se le ocurra a la mente y al ánimo, sino más bien como un ejercicio deliberativo y resolutivo en torno a las responsabilidades que nos caben. De hecho, la libertad está en marcha todo el tiempo, y todos los días somos medidos por la vara de la conciencia que se autointerpela y que escudriña, como la lupa de un cirujano, la conducta que se quiere realizar.
Antes que mandar a otros conviene aprender sobre el señorío del yo. La autoridad siempre es más ejemplar cuando se predica con el ejemplo y no meramente con las palabras, ya que es en la acción donde la libertad alcanza su mayor empuje.