A los tropezones
Concluyó el domingo en Washington la más reciente edición de las reuniones de primavera, que hacen de manera conjunta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI)
Concluyó el domingo en Washington la más reciente edición de las reuniones de primavera, que hacen de manera conjunta el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional (FMI). Aunque a primera vista la cita acabó siendo igual a la de todos los años, no hay duda de que estuvo marcada por grandes particularidades. La más llamativa es el tono pesimista en torno a la marcha de la economía del planeta. Si en enero el pronóstico de crecimiento global para 2026 había sido de 3,3 % con posibilidades de ubicarse más arriba, ahora este se redujo a 3,1 % en lo que se llama el escenario de referencia. Y es que aparte de la cifra mencionada, el FMI habló de perspectivas mucho más oscuras al plantear un par de realidades eventuales más. Todo por cuenta de lo sucedido en el Medio Oriente en las últimas semanas, que ha desembocado en la interrupción del tránsito de embarcaciones por el estrecho de Ormuz. Esa parálisis ha trastornado no solo el despacho de cerca de una quinta parte del petróleo y el gas natural que se exportan internacionalmente, sino la disponibilidad de una gran cantidad de derivados que van desde los fertilizantes a la gasolina de aviación. Si bien en más de una ocasión se ha anunciado la pronta superación del impasse, como lo demostraron los sucesos de ayer, las esperanzas de que la crisis sea superada con rapidez probablemente son infundadas. El incidente en el cual un carguero iraní resultó atacado por la marina estadounidense ocasionó una respuesta armada que volvió a demostrar la volatilidad en esa zona geográfica. Debido a ello, cobran credibilidad las dos visiones de carácter más pesimistas de las que habló el Fondo Monetario, dependiendo de la duración de los trastornos y la permanencia de las mayores cotizaciones de los hidrocarburos. La que podría describirse como la intermedia plantea que el Producto Interno Bruto mundial tendría una expansión del 2,5% y la más extrema lo rebaja hasta el 2% este año. No menos inquietante es que la inflación, que parecía encaminada a mantenerse estable o incluso descender, apunta a ser más elevada. El alza en el costo de los combustibles encarece los servicios de transporte y las actividades industriales, algo que eventualmente se les trasladará a los consumidores. De hecho, el FMI menciona como caso extremo alzas que podrían llegar a ser del 6% anual en el nivel general de precios a nivel global. Incluso si la situación no llega a ese extremo, el anhelo de que las tasas de interés en el hemisferio norte bajen queda aplazado hasta que las condiciones cambien. Hablando con franqueza, es mayor la factibilidad de que vengan reajustes hacia arriba si los bancos centrales deciden aplicar la receta de siempre para controlar las presiones inflacionarias, como sucede en Colombia. Todo lo anterior permite entender lo dicho en Washington, en el sentido de que la economía mundial enfrenta su coyuntura más desafiante después de la pandemia de comienzos de la década. Es verdad que la invasión de Rusia a Ucrania en febrero de 2022 ocasionó muchas turbulencias, pero estas acabaron siendo de orden más pasajero. Por el contrario, ahora la madeja se ve mucho más enredada. Aun si la frágil tregua que está a punto de expirar en inmediaciones del Golfo Pérsico acaba extendiéndose, habrá que esperar meses para que las aguas queden limpias de minas y las primas de seguros empiecen a descender. Ello quiere decir que el choque de oferta seguirá, con lo cual la economía mundial seguirá andando a tropezones en el futuro previsible.