¿Quién decide: la IA o tú?
Lue Araujo
La neurociencia ha probado que aprendemos por repetición
Lue Araujo
La neurociencia ha probado que aprendemos por repetición. La neuroplasticidad describe la capacidad del cerebro para reorganizarse con la experiencia. En la práctica, lo que pensamos y repetimos una y otra vez fortalece ciertas conexiones y vuelve más familiar una manera de ver el mundo. Hasta hace muy poco, buena parte de esa repetición provenía de otras personas, de diarios, de libros, de la radio, de la televisión. Discutíamos con seres humanos. Nos informábamos a través de ellos. Contrastábamos argumentos, tonos, intereses, sesgos y consecuencias. Eso no garantizaba llegar a la verdad, pero sí nos obligaba a convivir con la fricción entre humanos. Ahora es distinto. Ahora, la información proviene de máquinas entrenadas con algoritmos. Les pedimos que analicen, resuman, comparen, recomienden y, cada vez más, que piensen por nosotros. Para muchas tareas esto es extraordinariamente útil. El problema es no darnos cuenta que estamos tratando sus respuestas como si fueran la verdad revelada, y no como lo que realmente son: outputs probabilísticos que exigen criterio humano para ser interpretados. Sin sonar fatalista, algo de esto me hace pensar en el experimento que Stanley Milgram realizó en 1963 para entender la obediencia a los Nazis. El objetivo era establecer por qué una persona obedece cuando una autoridad le ordena dañar a otra. (En el experimento el 65% de los participantes activaron una -supuesta- descarga eléctrica fatal sobre otra persona). Milgram mostró tres cosas: que la cercanía con quien sufre reduce la obediencia, que el ejemplo de otros fortalece la desobediencia, y que la autoridad del contexto puede imponerse sobre la conciencia moral individual. Eso debería hacernos pensar. Una cosa es debatir con personas, y otra muy distinta es debatir con sistemas que no sienten, no sufren, no cargan responsabilidad moral y, sin embargo, producen argumentos con tono de autoridad, que influencian nuestras decisiones. El riesgo que veo es que la IA puede convertirse en una máquina de repetición que refuerce nuestros sesgos, solidifique nuestras narrativas y haga todavía más automático nuestro comportamiento. No soy anti tecnología. Al contrario. Celebro que está expandiendo la capacidad humana de aprender, crear y resolver problemas. Pero no se nos puede olvidar lo más importante: nosotros somos más que la máquina. Y también somos más que nuestro paradigma. Los paradigmas viven en el subconsciente y, tras bambalinas, influyen en decisiones, acciones y resultados. La pregunta de esta era es si la IA va a ayudarnos a ver ese programa y rediseñarlo (cuando sea limitante), o si simplemente va a reforzarlo. Esa diferencia será decisiva para individuos, familias, empresas y países. Porque la IA no corrige automáticamente un mindset de escasez, miedo o cinismo. Lo amplifica. Pero también puede amplifi car curiosidad, criterio, responsabilidad y abundancia. La gran ventaja en la era de la IA no será usar más máquinas, sino conservar algo profundamente humano: la capacidad de pensar con criterio, decidir con conciencia y no entregarle el timón moral de nuestra vida a una inteligencia que no tiene alma, pero sí un enorme poder de repetición y persuasión.
Coach de mindset y alto rendimiento lue@luearaujo.com, @luearaujo