El motor se enfría
El gasto de los hogares colombianos sigue creciendo, pero cada vez con menos fuerza
El gasto de los hogares colombianos sigue creciendo, pero cada vez con menos fuerza. En una economía donde el consumo fue el principal soporte del PIB en 2025 y en la que el comercio y los servicios siguen sosteniendo buena parte de la actividad en 2026, esa moderación es una señal clara sobre la fragilidad del crecimiento colombiano. La alerta la encendió el último reporte de Raddar, que muestra que el gasto de los hogares llegó a $98,6 billones, con un crecimiento nominal de 8,07%, pero de apenas 2,38% en términos reales. Según el indicador, el país acumula ocho meses consecutivos de menor crecimiento real del gasto. El consumo no ha entrado en terreno negativo, pero sí ha empezado a perder velocidad, y cuando el principal soporte de la demanda interna comienza a enfriarse, el problema se vuelve macroeconómico. Los datos del Dane ayudan a entender por qué esa moderación importa tanto. En 2025, el PIB creció 2,6%, mientras que el gasto de consumo final aumentó 4,2%. Dentro de ese resultado, el consumo final individual de los hogares creció 3,6% y el del gobierno general 7,1%. En otras palabras, el consumo sostuvo buena parte del crecimiento del año pasado. Por eso preocupa lo que está ocurriendo en 2026. El ISE de febrero mostró un crecimiento anual de 1,65% en su serie original, con un acumulado de 1,54% en enero-febrero. Es un crecimiento modesto y, sobre todo, revela una economía que avanza con una base estrecha, sostenida por algunos servicios, mientras otros sectores siguen débiles. En el ISE de febrero, las actividades terciarias crecieron 2,55%, mientras las primarias cayeron 2,08% y las secundarias apenas avanzaron 0,40%. Dentro de las terciarias, el bloque de comercio, transporte, alojamiento y comida creció 2,98%. En otras palabras, la economía sigue dependiendo del circuito más cercano al consumo, y si ese circuito pierde impulso, el crecimiento se vuelve todavía más vulnerable. Las señales más recientes del comportamiento del consumidor van en la misma dirección. Davivienda reportó que el gasto real con tarjetas creció 7,2% anual en marzo, por debajo del 10,7% observado en febrero, y que en la comparación mensual cayó 0,7%. No se trata de una medición completa del consumo de los hogares, pero sí de una señal temprana de menor impulso. Fedesarrollo añade otro matiz que conviene mirar con detenimiento. En el primer trimestre de 2026, el ICC subió 1,8 puntos frente al cierre de 2025, pero la valoración del hogar cayó 1 punto y la disposición a comprar bienes durables retrocedió 6,2 puntos. La mejor percepción sobre el futuro del país todavía no se traduce con la misma fuerza en el bolsillo de los hogares. Ahí está el riesgo que no conviene minimizar. Si el consumo se enfría al mismo tiempo que la inversión no despega, y mientras la industria, el agro y la construcción siguen mostrando un desempeño débil, el país puede quedar atrapado en un crecimiento de baja intensidad, insuficiente para elevar productividad, atraer inversión y consolidar confianza. El gran interrogante de 2026 es si el consumo seguirá teniendo la fuerza suficiente para sostener la expansión de una economía que todavía depende demasiado de él. El ajuste del salario mínimo puede respaldar la demanda, pero también volver más prudente al hogar si termina trasladándose a mayores precios y a mayores costos financieros. Si ese impulso se debilita, no solo perderá fuerza la demanda de los hogares. Quedará al descubierto la fragilidad de una economía que sigue dependiendo demasiado del consumo para crecer.