Sábado, 25 de Abril de 2026

Acorazado por el arte

ChileEl Mercurio, Chile 25 de abril de 2026

Por cuarenta años, Gonzalo Ilabaca se ha dedicado a la pintura; como artista autodidacta y que ha recorrido el mundo, eligió Valparaíso para vivir, porque "tiene condiciones que son pasto para las llamas en el arte". Y es aquí donde ha desarrollado su obra, plástica y escrita, en una casona en Playa Ancha a la que llamó El Submarino Azul y donde, desde el año pasado, recibe a quienes quieran conocer su mundo inspirador.

E n esta casa las paredes hablan. Cada superficie está cubierta por cuadros que el artista Gonzalo Ilabaca (66) ha ido colgando desde que llegó a vivir ahí en 1994; unas 500 obras, entre pinturas propias de las que no ha querido deshacerse, y creaciones de amigos y conocidos que forman parte de su colección. Todas tienen una historia que contar y a través de ellas se entiende el recorrido que él ha hecho en estos 40 años de trayectoria. Estos muros revestidos en arte son también su protección contra el mundo exterior: "La parte acorazada del Submarino Azul", dice, refiriéndose al nombre que le puso a esta construcción encaramada en el sector de Playa Ancha, en Valparaíso, que además de su vivienda es su taller, galería y museo personal.
En los distintos recintos de la antigua casona, levantada en 1916 en adobe y madera, aparecen retratadas sus hijas Pascuala y Danila; los largos viajes que realizó con su familia por Chile, México e India; personajes icónicos del Puerto y los que están dentro de él, "que aparecen cuando no pinto la realidad, sino mi interior". Un espacio colorido y fascinante que Ilabaca ha completado con libros, recuerdos, muebles viejos, grabados y fotografías.
Pero es en el taller -"la sala de máquinas del submarino"- donde guarda lo más valioso para él; la caja de pinturas que era de su mamá. "Tiene tres atributos maravillosos. Del caos que ves ahí nace este orden, que es con lo que me gano la vida; es un artefacto que no ha cambiado nada en años y, por último, produce confianza, es una llave para abrir puertas". Con esa caja salía a trabajar y llegaba al Roland Bar, un clásico local porteño que cerró en 1994. "Si yo hubiera llevado una cámara, nadie me hubiera dejado tomar fotos, pero con esta cajita me instalaba y podía pintar a la gente. Y si tenía suerte, hasta me podían contar su vida". Gracias a esa capacidad de escuchar, escribió Valparaíso-Roland Bar ; luego vino Valparaíso de noche y las 7 vidas de Eugenio Carramiñana , además de dos enormes manuales visuales, "Valparaíso para principiantes y moribundos" y "El libro del hambre".
-Esta ciudad es muy estimulante. Imagínate que Carramiñana era un vecino con el que me juntaba a almorzar aquí en un boliche en la esquina y durante un año me contó toda su vida. Fueron 80 horas de grabación que transcribí y edité. Entonces, Valparaíso me permite hacer pinturas y escribir; no es llegar y encontrar un lugar así -dice como un inmigrante que llegó en los años 80 y que por medio de sus obras ha querido mostrar la idiosincrasia porteña, con frases como esta: "En todo porteño hay un carpintero en potencia, un crítico empedernido, un hábil busquilla. Todo lo recicla, colecciona y comercia (...). Si se encuentra cuatro tablas, se hace una casa increíble encaramada en los cerros. Pero si heredan una casona grande, se pierde, la subdivide, la llena de piezas de inquilinos...".
El mundo singular que ha creado Ilabaca en su propia casa, resguardado por sus cuadros y un conocimiento profundo de la ciudad, pensó en que sería bueno mostrarlo, por eso el año pasado abrió El Submarino Azul al público a través de recorridos guiados que él mismo realiza (@el_submarino_azul), a modo de un viaje inmersivo por su pintura y su trayectoria. Este comienza en una sala donde recibe a grupos de máximo 12 personas y pasa por su dormitorio, el taller y todas las habitaciones; solo en una de ellas, la galería, se pueden adquirir obras. Lo demás pertenece a su colección personal, incluidas las banderas que heredó del Roland Bar y que son las que por décadas dejaron los marineros de distintos países que lo visitaban.
-Yo tengo todo el día para pintar; eso no significa que pinte todo el día, pero en el fondo toda mi vida me he dedicado solamente a pintar -dice. Esta casa es reflejo de eso, de su capacidad de trabajar sin parar y de seguir disfrutando lo que hace en ese tranquilo sector de Valparaíso.
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