El estratega y asesor presidencial fue articulador en campañas ganadoras como la de Juan Manuel Santos (Colombia), Mariano Rajoy (España), Felipe Calderón y Vicente Fox (México).
Ha sido parte de muchas campañas en todo el mundo, entre ellas 19 victoriosas; incluso se lo ha presentado como el "creador de presidentes". Entre las más destacadas están las de Juan Manuel Santos (Colombia), Mariano Rajoy (España) y Felipe Calderón (México).
La semana pasada estuvo en Uruguay para la Cumbre Mundial de Comunicación Política y habló con El País sobre estrategia y el gobierno de Yamandú Orsi.
- ¿Cómo se crea un presidente?
-Con la persona, primero. Si no tienes persona, no tienes presidente. Después de la persona, necesitas construir un camino, que a veces se ha confundido con la dinámica del personaje, pero que es un camino de liderazgo que pone, en términos electorales, algunos elementos que son importantes. Uno de ellos es, y es clave, el propósito por el cual la persona se presenta a ser presidente. Luego hay cuatro elementos convergentes muy importantes que entran a discusión de la persona y del liderazgo. Uno, los valores. Dos, la determinación. Tres, la energía con la que es capaz de presentarse a su elección. Y cuatro, las ideas. No la ideología, las ideas. Bajo mi perspectiva, la ideología es pan para hoy y hambre para mañana. Estamos asistiendo, tu generación y la mía, a la muerte de las ideologías en agonía lenta.
-¿Cuál es la diferencia entre las ideas y la ideología?
-Las ideas tienen la misma raíz del latín. Ideas viene a ser básicamente un constructo que materializa algo en específico. La ideología es un componente de la misma raíz que busca tener control mental de las personas. La ideología es un alimento, la idea es un constructo que se realiza. Por ejemplo, la disputa, muy eterna todavía, que está en extinción también, entre la izquierda y la derecha. Todo lo que hay ahí son procesos ideológicos de control de las personas.
-¿Cuáles son las campañas más memorables que le ha dejado hasta ahora su carrera?
-El caso más emocional que me ha marcado, porque mataron a mi presidente, fue en Haití. En Haití tuve la oportunidad de hacer dos campañas, Michel Martelly y JovenelMoïse, que es el que mataron en el año 2021, un 11 de julio, el día que iba a presentar una lista de narcopolíticos del país y a aquellos de la alta sociedad haitiana que se dedicaban al tráfico de personas. Justamente ese día lo mataron. Esa fue una campaña muy profunda para mí. Luego hay dos campañas más que me marcaron también más en la región cercana. Una es Felipe Calderón en el año 2006 y otra Juan Manuel Santos en 2014. Ambas fueron campañas muy duras. En el caso de Calderón, le ganó antes a Andrés Manuel López Obrador, que después fue presidente, por 250.000 votos, y veníamos 20 puntos abajo. Fueron momentos muy contrastantes y agresivos. En el caso de Santos, fue la primera vez que un presidente en funciones (él era ya presidente) perdió la primera vuelta. Yo llegué un mes antes de perder la primera vuelta, y a ganar la segunda en solo 21 días. Fue una campaña muy intensa, muy rápida, con un presidente en funciones candidato, que implica un montón de desafíos. Hay una más que también me marcó mucho, que es la de Liberia, en África, un país muy pobre. Logramos derrotar a un narco, un exjugador de fútbol que se llama GeorgeWeah. Se convirtió en una especie de institucionalizador del narcomenudeo para los jóvenes y le ganamos con un abuelito de 78 años encantador derrotando al sistema en ese momento en Liberia.
-¿Cómo está hoy en día el modelo democrático?
-El modelo de democracia está muy exhausto. Está muy bordeado por autocracias, dictaduras y modelos paralelos, que obliga a los ciudadanos en el mundo, y los que estemos preocupados por esto, a crear un nuevo modelo de democracia que realmente nos empiece a representar en los tiempos que vivimos. La democracia uruguaya a ustedes los habrá representado en los últimos 40 años, pero intuyo que a las nuevas generaciones y a las más longevas como la mía, que todavía estamos en este mundo, nuestras democracias cada vez empiezan a representarnos menos. Por eso los niveles de votación. En Europa para elegir un parlamentarioeuropeo tienes votaciones del 20 o 23%. El 80 restante no vota por un parlamentario que te representa y que te aplica leyes en el país.
-En Uruguay, particularmente tras la última campaña, se ha criticado desde varios lados que el debate político se centra en temas menores que no están en consonancia con los problemas de la gente. ¿Cuál es su opinión sobre esto?
-Lo que pasa es que estamos sobreinvestigados y sobreanalizados para entender el humano desde que abre el ojo, va al baño, se cepilla, come, sale de la casa, etcétera. Se busca tratar de intervenirlo como un objeto. Y en ese objeto, en la mayoría de las campañas, estamos yendo al chiquitaje porque es donde creemos, en nuestra industria, hay más rentabilidad de voto. Pero no es cierto. Lo que pasa es que no hay un liderazgo que sobresalga de la media y que muestre la capacidad para arrastrar en los temas que importan de verdad. Por eso nos vamos a lo chiquito. El problema no es político ni de la política, es del tamaño de los liderazgos políticos que tenemos en el mundo, incluyendo Uruguay. Se soluciona con liderazgo.
-¿Cómo definiría a un buen candidato a presidente?
-Hay un factor fundamental: la coherencia, que es un acto de coraje existencial. Cuando uno la ejerce, llegar -si ese es el propósito- es solo cuestión de tiempo. Luego el sistema puede joderte la vida, pero con coherencia el éxito es inevitable. El "consumidor votante" milita; y lo que milita son significados, por lo tanto, su trabajo es vigilar esa coherencia. Es cierto que en estos tiempos el consumidor ha cambiado. Surgió DonaldTrump, nada menos que en EstadosUnidos, que no es coherente. Hoy llegan muchos como él y seguirán llegando, porque gran parte de nuestra sociedad está compuesta aún por electores que no son coherentes en su propia vida. Pero hay que tener en cuenta que el día que los liderazgos manifiesten coherencia, nuestras sociedades cambiarán y entraremos en un nuevo tránsito. La situación actual no será permanente.
-O sea, según su tesis, ha habido una degradación en la política, en los políticos, pero esta también existe en el propio electorado...
-El electorado es el primero que se degrada; y en consecuencia exige, elige y vota a líderes degradados.
-¿La política es una consecuencia del electorado?
-Absolutamente. Luego, el "sistema de los políticos" -que no es lo mismo que la política, la cual es una noble herramienta- ejerce el control del rebaño por interés propio; elabora sistemas que le permiten ejercer el control de la comunidad.
-¿Es más importante la coherencia o la autenticidad?
-La autenticidad es una manifestación de la coherencia vivida. Cuando el elector ve que eres auténtico -aunque te equivoques, tengas heridas o cometas errores; si ve que sufres dolores o que te ha pasado cualquier cosa en la vida, pero lo manifiestas porque eres humano-, el elector te reconoce como alguien capaz de liderarlo.
-Una debilidad que se le critica mucho al gobierno de Orsi, pero que empezó a percibirse ya durante la campaña, es la comunicación. Desde el punto de vista de un gobierno, ¿qué hace a una buena comunicación y cuál es la consecuencia de no tenerla?
-La consecuencia de no tener una buena comunicación es el descenso en los niveles de aprobación. El presidente empieza a caer. Te diré lo que me comentó Felipe Calderón, expresidente de México, cuando trabajé para su gobierno: cuando caímos al 40% en la primera crisis, me dijo: "El problema no es caer así nada más; el problema es que con 40 puntos empiezas a tener problemas de gobernabilidad". Entonces, tanto para ese caso como para el de Uruguay, lo cierto es que si cae la aprobación, surgen problemas de gobernabilidad, porque uno no gobierna solo, sino con elementos y factores. Dentro de la propia coalición y el ecosistema político empiezan a cuestionarse por qué las cosas van mal. Todo eso sucede cuando no hay una buena comunicación.
-¿En qué consiste una buena comunicación gubernamental?
-Desde mi punto de vista, es aquel ejercicio donde el líder es capaz, tras haber llegado al poder, de seguir en la calle con la gente resolviendo problemas. La mayoría de los presidentes con los que he trabajado terminan aislados. Aislados de todo: de la gente, de quienes quieren ayudar de buena voluntad y, finalmente, de su propio círculo íntimo. Sufren el síndrome de una profunda soledad en el poder porque no hubo coherencia para llegar. Hubo reto, ambición y ganas de poder, pero no coherencia.
-¿Qué rol juegan, en este esquema, los partidos políticos? ¿También están en crisis? En Uruguay tanto el gobierno del Frente Amplio como los partidos de la oposición, en especial el Nacional y el Colorado, que tienen 200 años de historia, marcan como una virtud un buen clima de convivencia.
-Sí, claro. Uruguay es un "bicho" extraño, porque su tamaño favorece la convivencia; todavía mantiene cierto nivel de sostenibilidad. Pero la inmensa mayoría de los países, especialmente en Latinoamérica, padecen una "partiditis" y "candiditis" total. En Colombia hubo 40 candidatos antes de la primera vuelta; en Perú, 50 candidatos con 50 franquicias políticas. En países como Argentina y Paraguay el tejido de los partidos está roto. Los partidos ya no representan a los ciudadanos; sus liderazgos se han alejado de la gente y la gente se ha alejado de la política. Inevitablemente van a chocar con el sistema, porque forman parte de una institucionalidad que se está cayendo a pedazos.