Lunes, 27 de Abril de 2026

Putin observador

ChileEl Mercurio, Chile 27 de abril de 2026

Rusia vive problemas que no se solucionan solo con el alza del petróleo.

"Rusia es ahora una potencia regional, nada más", fue la sentencia de Barack Obama después de la anexión de Crimea, en 2014. Esa apreciación, que contraría la ambición de Vladimir Putin de recuperar el estatus de superpotencia perdido con la disolución de la URSS, es cada vez más evidente, al haber quedado Rusia relegada a un papel de mera observadora de los grandes acontecimientos globales. Frente a la guerra en Irán, a la captura de su aliado Nicolás Maduro y, antes, a la guerra en Gaza y a la caída de su protegido Bashar al Assad, en Siria, no ha podido más que emitir condenas retóricas. A Cuba, apenas logró enviar un buque con petróleo durante el bloqueo, y en Ucrania está lejos de una victoria. Putin no puede estar contento con esta situación.
Es cierto que el líder del Kremlin puede celebrar el haberse beneficiado directamente del alza del valor del crudo y de la suspensión de las sanciones de EE.UU., con lo que puede exportar libremente petróleo y gas a China e India a un buen precio, obteniendo pingües ganancias. Y ni siquiera tiene que aumentar mucho la producción, golpeada por los exitosos ataques de Ucrania a sus plantas petroleras. En marzo, según estimaciones independientes, los ingresos de Rusia por petróleo fueron los más altos de los dos años anteriores, y con apenas 16 por ciento de mayor venta, obtuvo 115 por ciento más. Sin embargo, para Putin todo esto puede ser un alivio, pero no una solución de fondo que le permita proclamar éxitos ni apaciguar un descontento que sube a medida que se alarga la guerra.
A cuatro años de la invasión, Rusia atraviesa problemas que no se solucionan solo con el alza del crudo. La economía se contrajo 1,8 por ciento el primer bimestre de este año; el déficit presupuestario del primer trimestre sobrepasó el estimado para todo 2026, y el Kremlin no puede reducir el gasto si quiere seguir con el ritmo de la "operación especial" en Ucrania. Putin pide bajar las tasas de interés -igual que Donald Trump, pero a él sí le hacen caso- para impulsar un debilitado crecimiento, pero arriesga que la inflación, ya en 5,8 por ciento, siga subiendo y de paso se afecte el empleo. En este panorama, con signos de una eventual crisis que puede agravarse con las nuevas sanciones de la Unión Europea, Putin expresa públicamente su molestia presionando a sus colaboradores para que arreglen el entuerto. En una sesión televisada, exigió a los más altos cargos del gobierno -Primer Ministro, jefa del Banco Central, viceministros- que le dieran explicaciones de por qué "la trayectoria de los indicadores macroeconómicos está por debajo de las expectativas", reconociendo que hay problemas, pero, como autócrata que es, atribuyendo la responsabilidad a otros.
Con su popularidad y la de su partido en el rango más bajo desde 2022, es posible que Putin, que nunca ha jugado limpio, intente alguna maniobra estratégica -en Ucrania o en otra parte- para asegurar la victoria en las elecciones parlamentarias de septiembre, en las que no se juega el puesto, como su aliado Orbán en Hungría, pero sí el prestigio y su "estatura internacional".
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