Salir de la coyuntura
En la medida de lo posible, conviene ocasionalmente tomar distancia de la coyuntura para no ser abatido ni agobiado por ella cuando es de índole negativa
En la medida de lo posible, conviene ocasionalmente tomar distancia de la coyuntura para no ser abatido ni agobiado por ella cuando es de índole negativa. Esto no implica ignorarla, pues los hechos acontecen y nos afectan en un sentido u otro, porque traen importantes consecuencias para nosotros. Sin embargo, es aconsejable vivirlos y observarlos con cierta libertad interior, sabiendo que no son las circunstancias las que dominan nuestras decisiones y nuestra relación anímico moral con ellas, sino que cada uno puede ejercer un cierto señorío respecto de aquello que sobreviene ante sí mismo o en su propio lugar de residencia.
Nadie es inmune a lo que irrumpe en su entorno, pero también la dinámica de la historia es muy convulsionada y variable, y rápidamente el sartén cambia de mango. Por consiguiente, una serenidad íntima y juiciosa, que nos haga ser cautelosos en el éxito y en el fracaso, en tiempos de paz y en períodos de conflicto, es una cualidad que contribuye a equilibrar y sanar a cualquiera. Para ello, por tanto, no hay que desesperar frente a lo malo ni tampoco carecer de una suficiente introspección que impida trazar una línea divisoria que sirva de frontera entre lo que pasa en el mundo y el sujeto que uno es. La agitación de lo exterior no debe privarnos nunca de la paz interior.