Hearst es la diseñadora de los uniformes formales de la selección uruguaya para el Mundial, un proyecto que une dos pilares de la identidad del país: el fútbol y la producción nacional.
Gabriela Perezutti conocida globalmente como Gabriela Hearst está convencida de que lo bueno se construye de a poco. Esa manera de hacer la posicionó como referencia mundial en una industria cada vez más vertiginosa. Para este Mundial diseñó los trajes de la selección uruguaya, un hito más en una carrera que no para de cosechar los frutos de los valores que la consolidaron: el respeto por la naturaleza, la responsabilidad como sinónimo de lujo sostenible y el sacrificio de lo instantáneo por la permanencia. "La moda es el vehículo que uso para que mis hijos sepan de qué lado estuve haciendo las cosas", afirma en entrevista con El País desde su estudio en Nueva York. En pocos días volará a Uruguay para presentar los uniformes que confeccionó con lana merino del norte del país, realizados a medida para el plantel y la dirigencia por sastres italianos. Volverá, además, a donde todo empezó: su hogar, Paysandú. Allí se encuentra la Estancia Santa Amelia, fundada por su familia hace más de 170 años y fuente de la lana merino que utiliza en su marca: una materia prima que define como "perfecta". A continuación, un resumen de la entrevista.
¿Cómo se dio este cruce de la moda con el mundo del fútbol y tu vínculo con la Asociación Uruguaya de Fútbol (AUF)?
Empezamos a pensar en esto hace un año, cuando contacté al expresidente (Luis) Lacalle Pou para preguntarle con quién tenía que hablar para hacer los trajes. El presidente me puso en contacto con Ignacio Alonso (presidente de la AUF) y todo se fue dando. Había que trabajar con la materia prima que más me gusta, que es tela que está hecha de lana uruguaya del norte del país, de nuestra zona. Y eso era un sueño. Cuando nos dieron el ok, teníamos que buscar un lugar donde hacer el fitting de 40 personas, los jugadores y los directivos. Fuimos a Londres, donde jugaron el amistoso. Estábamos donde ellos estaban concentrando, entonces teníamos que estar quietas, no molestar para nada. Hicimos una especie de mini tiendita donde llevamos todas las muestras de las posibilidades de trajes y lo que haríamos con la lana merino. El uniforme fue elegido por ellos, por los jugadores, basado en diseños y patrones nuestros. Está en la veta de lo clásico y elegante, pero con pequeños detalles; algunos invisibles a los ojos y solo los jugadores saben que están ahí. Fue una experiencia alucinante porque teníamos que hacerlo rápido, en dos días; todo lo que estábamos haciendo nosotros era muy secundario, el desafío era molestar lo menos posible. Pero se dio todo tan natural y la pasamos tan bien... En un momento estábamos tomando mate todos juntos.
¿Tuviste en cuenta alguna referencia en particular al momento de diseñar las piezas? ¿En qué te inspiraste?
La reina de esto es la lana uruguaya. Lo que empieza todo esto es esta lana, que es perfecta. Lo principal es el traje se luciera y después estaba la parte de inspiración. Tenemos que pensar en que los jugadores tienen que estar elegantes, presentables como team, pero también en que va a hacer mucho calor. Entonces hasta las polos que hicimos son de una lana muy, muy finita: es todo muy elegante pero muy liviano a la vez. Es una oportunidad para que la gente entienda que la lana se usa para el verano y para el invierno, y que está desde antes de que el poliéster y el algodón inundaran el mercado de las fibras. Los equipos deportivos se hacían de lana, las medias para alpinismo se hacían de lana porque protegen del frío y también del calor. Hoy por hoy la lana representa solo un 2% de lo que se usa en el mundo de las fibras, y es el material más sustentable que podemos usar. En estas oportunidades podemos mostrar que la lana es high performance. Cuando hice los trajes para el ballet de San Francisco, los hice de toda lana tejida. Me preguntaban: "¿cómo van a bailar con lana los bailarines?", y les tenía que explicar que la lana puede regular la temperatura. La lana es la estrella en todo esto.
La Federación Rural también es parte de esto, ¿cómo ha sido el trabajo con este sector?
Para mi proyecto, Gabriela Hearst, he usado lana de mi campo. Pero la lana para estos los trajes es un material que ya estaba hecho, lana del norte del país. Lo que hicimos nosotros es construir con lo ya que existe y tratar de dejar la menor huella posible. Trabajar con lo que ya está hecho es algo que me encanta. Mucho de lo que exporta Uruguay, como la energía hidroeléctrica, es net-zero (cero emisiones netas), entonces esto es como dar la vuelta en todo el tema de la sostenibilidad. Y en cuanto a cómo se incorpora el mundo rural en el proyecto: es la industria más importante del país. Es lo que somos. Estoy muy orgullosa de eso, porque soy parte de esa cultura y de ese producto. Crecí escuchando ovejas, vacas y caballos. Mi papá fue uno de los primeros participantes de la Patria Gaucha, por ejemplo. En el exterior se conoce a Uruguay por José Ignacio, Punta del Este, pero esto es realmente lo que somos también.
Fitting de la selección uruguaya - Gabriela Hearst Tu marca viste mujeres. ¿Cómo fue entrar en este otro mundo y diseñar para hombres?
En primer lugar es un honor. Poder ser una partecita chiquita de este proceso y representar los valores de mi país la autenticidad, la calidad y la integridad, que tanto se necesitan hoy en el mundo, es muy importante. En la conversación global tienen que estar estas características tan nobles, y toda mi experiencia con la AUF y con los jugadores ha sido muy noble. Trabajar con gente con tanta grandeza es un honor, más allá del género. Esto representa al colectivo.
¿Han cambiado esos valores a lo largo de tu carrera, desde que empezaste con Candela hasta acá?
Justo hace unos días estaba con Stephanie (de Lavalette), que es mi mano derecha y trabaja conmigo, y tenía puesta una blusa de Candela de seda, que tiene prácticamente 20 años, y está perfecta. Pero lo que ha pasado en mi industria es horrible: ahora podés comprar un vestido de 5 mil dólares, hecho de poliéster, pero estás comprando una marca famosa. Hubo una baja de calidad de la materia prima. Todo lo que uso yo es de fibras naturales.
¿Cómo mantenés esa mirada de largo plazo en esta época de instantaneidad? ¿Qué te ancla a esa visión?
Muchísimas veces hemos estado ante decisiones que pueden ser beneficiosas a corto plazo, pero no las tomamos porque no son beneficiosas a lo largo plazo. Elegimos un crecimiento constante, pero no abrupto. Las cosas buenas se construyen de a poco para que duren. Nosotros vamos a nuestro tiempo. Esta marca tiene 10 años, y mi hijo tiene 10 años: a veces miro y pienso "ok, la marca es un niño de 10 años". Y se trata siempre pensar en los problemas del futuro: cuando sea adolescente, por ejemplo. Entonces el crecimiento a largo plazo es la única manera en la que yo me manejo. Nunca voy a tomar la satisfacción instantánea si tengo que pagar un precio a largo plazo: prefiero esperar un poco más.
Esta oportunidad con la AUF te hace estar más en contacto con Uruguay, ¿qué se siente volver? ¿Es un círculo que se cierra?
Es un círculo continuo. Voy a Uruguay todos los años, a veces me gustaría ir más de una o dos veces por año. Es mi país. A veces es difícil: cuando estás ahí te quejás de tu país porque es chiquito o hay ciertas limitaciones del mercado, pero hoy por hoy es mucho más fácil exportar la calidad uruguaya de lo que podría haber sido en el pasado. Uruguay es un país increíble. Es mi casa y estoy orgullosa de eso.
¿Cómo has compaginado ese amor por la naturaleza y por cómo creciste con el estilo de vida de Nueva York?
Hay una palabra en inglés, "grit", que significa tener garra. Tenés que bancarte la presión. En el campo necesitás eso. Tenés que saber tomar decisiones rápido. Hay un accidente, por ejemplo, y estás en el medio de la nada. Hay obstáculos como la sequía, enfermedad del ganado; el campo siempre está poblado de situaciones a resolver. Nueva York también tiene esa garra, no es una ciudad fácil. No es "ideal" para vivir. Tenés que sobrevivir dos años acá, si no la ciudad te escupe. Pero a la misma vez tiene esa fuerza. Ahí es donde se conectan esas dos partes conmigo.
Has hablado de la sostenibilidad como responsabilidad. ¿Cómo la definís hoy en día?
Hoy seguimos muy en línea con nuestra misión de tratar de hacer el producto que tenga el menor impacto posible. La decisión sobre qué es lo mejor para nuestra madre tierra es la primera. Cómo producimos, cómo lo hacemos: todo el tiempo nos estamos fijando en eso y todo el tiempo estamos mejorando algo. Fuimos de los primeros en hacer muchísimas cosas, el primer show que hicimos era todo reciclado, en backstage no había plástico. Había telas usadas, "deadstock", que las estábamos rehaciendo. Ahora lo hace todo el mundo, pero en ese momento era novedad. No era algo que estuviera bien visto tampoco. Después hicimos el primer show en el que medimos la huella de carbono, cambiamos el packaging para que fuera biodegradable. Lo hicimos durante la pandemia del covid con un team muy chiquito, de 20 y pico de personas. Ahí me daba cuenta de que si nosotros podíamos hacer esto, las marcas grandes también. Lo que tenés que tener es ganas de hacerlo. Hoy por hoy, desde 2021, 2022, tengo muy claro que el tema de sustentabilidad es un tema de energía. El resto del mundo se mide en su mayoría en el uso de petróleo. Eso es lo que está causando el cambio climático, y se sabe desde 1970. Las buenas noticias, que a veces no se cuentan tanto, es que están estas energías limpias como la energía nuclear o la energía de fusión. Los humanos estamos muy cerca de hacer comercial la energía de fusión. Eso está llegando. Cuando cambiemos el sistema adictivo que tenemos de usar petróleo -no en Uruguay, que es ejemplo en energía limpia-, va a haber un gran cambio. La dependencia del petróleo tiene que parar, es como una misión suicida. Y yo tengo fe en la humanidad, en todos los nombres que no son famosos, en toda la gente brillante que ha dado su inteligencia a la ciencia para el mejoramiento de todos nosotros. En este momento, mucho de mi trabajo es ilustrar el trabajo de ellos. La moda es el vehículo que yo uso para transmitir ese mensaje y que mis hijos sepan de qué lado estuve haciendo las cosas.