El Comercio, Perú
6 de mayo de 2026
No sé cómo fue la experiencia de los demás, mis queridos lectores, pero desde hace muchos años no veía a una ciudadanía ir a votar con tanta esperanza e ilusión
No sé cómo fue la experiencia de los demás, mis queridos lectores, pero desde hace muchos años no veía a una ciudadanía ir a votar con tanta esperanza e ilusión. Y no era por la calidad de los candidatos o la oferta partidaria o la viabilidad de sus propuestas, sino porque era una oportunidad para deshacernos de los políticos que habían hecho de nuestra república y sistema democrático una burla. Fue como si la exigencia de que se ?vayan todos? del 2022 renaciera no en las calles, sino las urnas.Estas elecciones fueron la última muestra de cuán angurrienta es nuestra clase política. Y por eso, el proceso estuvo manchado antes, durante y después de las elecciones. Antes, porque permitió que un Parlamento desacreditado bloqueara las medidas principales destinadas a mejorar la oferta y el proceso electoral, poco a poco deshaciéndose de los mecanismos y filtros necesarios para llegar a elecciones competitivas de calidad. Nuestros legisladores trabajaron para asegurar la reelección propia y de los cercanos.Estas esperanzas, quizás ingenuas, ya desaparecieron con los resultados de la primera vuelta. Lo más probable es que tengamos un gobierno de Fuerza Popular, en control de Ejecutivo y con mayoría relativa en el Parlamento. Y la historia nos muestra que las pocas veces que este partido ha tenido poder, lo ha utilizado para satisfacer intereses particulares y para fortalecer su clientelismo. Keiko Fujimori afirma no tener responsabilidad por lo ocurrido en las últimas décadas porque ?no han gobernado?. Pero sí han manejado el poder vía el Congreso y diversas instituciones. El reto es que se consolide un centro que impida los excesos fujimoristas y de la extrema derecha. Ojalá que Nieto y el Buen Gobierno logren constituirse como ese bloque, pero también que el ciudadano reconozca que la calle sigue siendo el cuarto poder y que ha estado muy descuidado en los últimos meses. Pero la realidad tiende a hoy enseñarnos que soñar sí cuesta y que lo estructural no cambia por buenos deseos, sino por trabajo y esfuerzo. Las fallas del día de las elecciones fueron alarmantes. Lo que amaneció como esperanza, terminó con un sabor amargo; nada funciona en el país. Basta con decir que los dos partidos políticos que más han obstaculizado los procesos electorales ya son los que dominarán el nuevo Congreso nacional.