Bibliotecas barriales: Los libros están más cerca de los vecinos
En Ñuñoa se desarrolla un modelo pionero, que busca establecer una red de estos espacios. La primera etapa inaugurará cuatro.
Cristián Toledo no disimula su orgullo apenas abre la puerta de la sede de la Junta de Vecinos de la Villa Salvador Cruz Gana, que preside, en Ñuñoa. Enciende la luz y muestra una sala que hoy, dice, luce demasiado distinta a lo que era hace solo unos pocos días. "Esto era un cuartucho abandonado", describe el espacio que ahora está totalmente remodelado, pintado y con dos estantes llenos de libros, listos para ser leídos por la comunidad.
Inaugurada el pasado 29 de abril, esta es la primera biblioteca barrial de Ñuñoa, un proyecto pionero de la Corporación Cultural de la comuna, que en junio abrirá otras tres sedes más, finalizando esta primera etapa de un proyecto más ambicioso y que busca establecer una red de 15 de estos espacios, dentro de los próximos años.
"En 2025 postulamos con el proyecto a los fondos concursables del gobierno regional y lo ganamos. Lo que se ve ahora es su ejecución", cuenta Ricardo Brodsky, director ejecutivo de la Corporación Cultural. "En esta etapa definimos cuatro lugares ubicados en la zona sur de la comuna, donde la gente tiene más dificultades para llegar a los espacios públicos de lectura", explica Brodsky. Las próximas inauguraciones serán en la Villa Los Alerces, la Plaza Zañartu y la Villa Rebeca Matte.
El modelo de la biblioteca barrial está inspirado en la biblioteca comunitaria Hernán Ramírez Necochea, en Villa Los Presidentes, una muestra exitosa de organización vecinal. Fue tomada como guía y se subió la apuesta, con el ánimo de gestionar una pionera red de bibliotecas de barrio. "Estos espacios estarán conectados bajo la corporación cultural para tener encuentros en torno a la lectura", dice Brodsky, pensando, incluso, en poder llevar a escritores a conversar sobre sus libros.
El director ejecutivo afirma que la inversión realizada "es baja para el gran impacto que tiene en la calidad de vida de las personas". La fase inicial del proyecto, con cuatro bibliotecas, costó $15 millones.
Compromiso de la comunidad
La sede de la Junta de Vecinos está ubicada junto a una multicancha, en un barrio que en pocos metros tiene una escuela y una iglesia. El sentido de comunidad, por lo menos en el diseño, se mantiene en este lugar y se busca fomentar.
"Esto ya está funcionando y pronto va a funcionar todavía mejor, porque estamos haciendo un convenio con el colegio que tenemos al lado. La idea es que los chicos salgan a las 5 de la tarde y esto se convierta en un mini after school , donde puedan hacer sus trabajos y tener un tiempo para leer. Esta fue una de las cosas que nos gustaron cuando nos presentaron el proyecto, ya que no iba a ser una biblioteca normal, sino que una 2.0, no con el típico letrero de 'silencio', sino que más abierta", agrega Cristián Toledo. Brodsky complementa: "Este lugar debe tener vida. Los proyectos van a fracasar si a la gente le da lo mismo que existan o no, pero si tiene una actividad permanente esto se transforma en una experiencia interesante. Por eso la idea es que todos los meses haya cuentacuentos, que se arme un club de lectura, porque sin el compromiso de la comunidad esto no va a funcionar".
Dentro de los próximos días, Caro Mouat, encargado del proyecto LectoRed en Ñuñoa, realizará una capacitación para los vecinos, que son los administradores voluntarios del espacio. "Es muy importante que exista un mediador, una persona que tenga las ganas de armar una comunidad, generar actividades y llamar a otras personas", plantea.
En las estanterías hay 390 libros, con una oferta que cubre los intereses de los vecinos. "Ellos manifestaron los libros que querían tener, y ahí se mencionaron muchas novelas, cosas de Isabel Allende, que era de lo más pedido, junto con los libros de autoayuda. También hay literatura infantil y juegos para niños neurodivergentes", dice Brodsky.
Y existe interés por leer. Mariela Riquelme es vecina y valora la transformación que tuvo este espacio. "Antes, cuando trabajaba -hoy está pensionada-, me compraba muchos libros, pero ahora no me alcanza el presupuesto. Entonces es súper importante que tengamos este lugar, cerca de nuestra casa, donde podamos pedir libros".
Ana Velarde, dueña de casa, reconoce no ser "buena para leer", pero "que lo está intentando". "Ahora estoy sacando mi cuarto medio y tener una biblioteca cerca es una motivación mayor para estudiar", señala.
Y las intervenciones para fomentar la lectura en la comuna siguen. Hace algunas semanas se inició, en la Plaza Sucre, el proyecto "Casitas de libros", con la instalación de un poste y una pequeña estructura donde los vecinos del lugar dejan y toman textos, fomentando el intercambio. "Nos gustaría extenderlo a todas las plazas de la comuna, estamos bien motivados con incentivar la lectura", dice Brodsky.