Sábado, 09 de Mayo de 2026

El pescante de Brasil

UruguayEl País, Uruguay 9 de mayo de 2026

El Mercosur ha sido usado por Brasil como una nueva forma institucional para el avance de sus intereses.

Un día, con su estilo de Sócrates del Martín Fierro, hablando de cuál debería ser nuestra política exterior, José Mujica dijo que el Uruguay debía ir subido al pescante del Brasil.

Horrible concepción. Pero, además, particularmente triste viniendo de alguien con raíces herreristas, (frecuentemente recordadas por él mismo).

Herrera jamás habría propuesto algo así. Una de sus preocupaciones fundamentadas y objeto reiterado de sus libros, artículos y discursos, era el preservar nuestra soberanía amenazada por el poder relativo, los intereses y las inclinaciones, de nuestros vecinos, (si bien es cierto que, en su época, la mayor amenaza venía de la orilla Oeste).

Raro también por lo que ha sido la experiencia del Uruguay en sus relaciones con el Brasil desde que se firmó el Tratado de Asunción y el Protocolo de Ouro Preto, documentos fundacionales del Mercosur.

Que "dibujan" el pescante alabado por el Sr. Mujica.

El Mercosur ha sido usado por Brasil como una nueva forma institucional para el avance de sus intereses. Intereses que, aunque parezca increíble a esta altura, muchos orientales no terminan de percibir.

Fue un gravísimo error (en el que no creo haya caído el Sr. Mujica) aquello de la política exterior en función de afinidades ideológicas, llevado adelante por Reinaldo Apolo Gargano, cuando ocupó el Palacio Santos (donde quieren perpetuar su memoria).

El canciller Lubetkin parece haberlo descubierto recientemente, al enterarse de que nuestro acceso al CPTPP (el llamado "Tratado del Pacífico"), solicitado hace tres años, venía trancado por el lobby brasilero. Angelito.

La política exterior brasilera, de hegemonía regional, ha cobrado nuevos bríos en el gobierno Lula III, a manos de un viejo exalumno de Itamaraty (del grupo llamado - incluso por el presidente Fernando Henrique Cardoso - los "barbudinhos") y pertinaz enemigo del Uruguay: el embajador Celso Amorín.

Nadie puede ignorar el poder del Brasil en relación con nosotros. Nadie que sepa un poco de historia (y sin eso, es imposible estructurar una política exterior), puede ignorar la tradición geopolítica del Brasil, desde su trazado por José María da Silva Paranhos, el Barón de Río Branco.

Brasil siempre ha apuntado a ser reconocido internacionalmente como un jugador de primer mundo, luchando para que eso se materializara a través de un lugar en el Consejo de Seguridad de la ONU.

Para Brasil el Mercosur fue siempre un tratado político antes que comercial. En definitiva, él era quien ponía el grueso del mercado ampliado. Lo que Brasil buscaba no era tanto mayor acceso comercial (ya tenía acuerdos con casi todos los países de América del Sur), sino el liderazgo político de un bloque que le aumentara la representatividad en sus negociaciones con los poderosos.

Todo eso aconseja ser realistas y no ponerse de punta con Brasil cuando no tenemos instrumentos suficientes como para hacerlo con éxito.

Pero no se sigue de ahí que el camino sea cabrestear mansamente y contentarse con las migajas que nos dejan.

Dicen los gringos: "if you can't beat them, join them". De acuerdo, pero no de cualquier manera.

Hasta hace no mucho tiempo, uno de los principales drivers de la política económica y comercial del Brasil era su industria y uno de los lobbies más efectivos la FIESP, representante principal del sector industrial (e impulsor de cuanto mecanismo de protección anduviera a mano).

Hoy eso ha cambiado mucho. El sector agroexportador brasilero creció - y sigue creciendo- exponencialmente. Ya representa un porcentaje mayor del producto que el de la industria tradicional y gravita sobre la política comercial brasilera con mayor fuerza que la FIESP y sus intereses son más afines a los nuestros.

La protección le sirve menos (porque gatilla reacciones espejo, dificultando el acceso a mercados de exportación).

Nuestra política exterior debe incorporar (de forma silenciosa) un componente de acercamiento a ese sector de la economía brasilera, para desarrollar las líneas de intereses comunes y, por ese camino, reducir las influencias de la Avda. Paulista y de los Barbudinhos de Itamaraty.

En defensa de nuestra soberanía.
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