La actriz argentina habla de su carrera y de "El último viaje a China", el documental en el que con Carlos Perciavalle recuerda a su amiga y compinche
Soledad Silveyra estuvo en Montevideo para hablar de una amiga,
China Zorrilla, pero aún estaba conmovida por la muerte de otro compinche,
Luis Brandoni, que había ocurrido una semana antes del encuentro de Silveyra con El País.
"Estoy con una piña que me ha dado la vida, que fue perder a mi compañero Brandoni", dice. "En cuanto lo digo, todavía no se me va la emoción porque estoy muy golpeada: fue una pérdida enorme. Beto merece un duelo largo". Ambos estaban compartiendo elenco en la obra Quien es quien en la calle Corrientes.
"Ahora tengo dos flor de ángeles que me cuidan", dice Silveyra. "A China la tengo hace rato y ahora Brandoni".
Silveyra estuvo en Montevideo para hablar de
El último viaje a China, el documental en el que, junto a
Carlos Perciavalle, rememora, justamente, a China Zorrilla, su amiga, maestra y cómplice. La película, que está en cartel en cines uruguayos y dirige el argentino Alejandro Maci, es un repaso vital a una de las grandes figuras populares del Río de la Plata.
Sobre eso y alguna otra cosa, El País charló con Silveyra.
Me decía que uno de sus ángeles protectores es China. ¿Cómo siente que la cuida?China me cuida siempre. Ahora, por ejemplo, estoy con un dolor porque me rompí la cadera, así que le estoy diciendo: "China, por favor, ayudame, ayudame". La tengo en todos lados. La tengo en mi mesa de luz, en los camarines.
Y ahora la evoca en El último viaje a China...Estoy muy contenta porque veo que la película despierta el interés. La vi con mi sobrina uruguaya en Buenos Aires y lloraba y reía, y lloraba y reía, y pasaba de un estado al otro. Ayer fui al cine acá y la experiencia de estar con la gente fue muy conmovedora. Toda gente grande, eso sí. A mí lo que me importa es que los jóvenes vean a la China. A esa generación tal vez ella no llegó, o no la conocen o solo saben de ella por sus madres y sus abuelas, pero la tienen que escuchar, porque realmente es una clase de vida lo que da la China. Es muy importante.
¿Cómo era cuando se juntaban?Era el desparramo. Era la alegría, las ganas. Yo le debo muchas cosas a China, muchas. Aprendí mucho de ella, de la vida y de la actuación.
¿Qué la hacía distinta como actriz a China?Para mí era una gran actriz de comedia, imbatible. Lo demostró en Esperando la carroza y en tantas otras. Te decía: "Esperá a que la gente se ría, no hagas nada para que la gente se ría. El chiste tiene que caer solo. Nada de caras, nada. Pausa, pausa. y viene, pausa y viene". Inolvidable. Y tenía razón. Eso también me lo había enseñado Osvaldo Miranda, otro gran comediante argentino. Yo estaba haciendo 40 quilates con él y Mirtha Legrand y me iba y yo miraba a Osvaldo, porque siempre me llamó la atención. Tenía 17 años. Y él me decía: "Piba, hoy no se van a reír como a vos te gusta". "¿Cómo no?". "No, no se van a reír". Salía y no se reían. Al día siguiente venía, me veía que yo lo estaba mirando y decía: "Hoy se ríen, piba". Se reían. Entonces ahí comprendí que todo depende del actor. Todo depende de cómo se diga. Brandoni , sobre todo de más grande, tenía eso que tenía la China.
Esas cosas han hecho de usted una mejor actriz...Espero que sí. Me siento más grande, con mayores posibilidades. Se crece en esta profesión. También se destruye, pero eso ya depende del ánimo de cada uno.
¿Cómo lo evitó usted?Vengo de mucho dolor. Yo me hice solita. Por eso me quedó el "solita y sola". A los seis años me encerraba en mi cuarto y tenía un disco en el que había, de un lado, "La farolera tropezó", y del otro lado, "Solita y sola", que tenía una frase que decía: "Déjenla sola, solita y sola, que la quiero ver bailar, saltar y brincar, andar por los aires y moverse con mucho donaire". Esa frase que escuché siempre, rodeada de dolor, se ha convertido en un mantra en mi vida, que me salvó. Una canción para niños ha sido mi gran compañera de vida. Los secretos de la vida se esconden en los lugares menos pensados.
¿Quiénes fueron sus grandes maestros junto con China?Héctor Alterio, Jorge Mayor, Elsa Berenguer, Osvaldo Miranda, Luis Sandrini...
¿Cómo era Sandrini?Era un padre para todos, la bondad personificada. "¿Y el plano de la nena?", decía, siempre cuidándome. Con él hice El profesor hippie. El grande, como sabe que es grande, no necesita ser egoísta. Es muy generoso, porque está muy seguro de sí mismo. Entonces no te va a pelear un plano, no vas a ver miserias. Es raro que un grande sea miserable. No me he encontrado con ninguno en mi vida, gracias a Dios, grande y que sea miserable. Nunca.
¿Cómo llegó a la actuación?Por necesidad. Venía de una familia muy paqueta, de San Isidro, y mi madre se separa y no había un mango. A casa venía Zelmar Gueñol, uno de Los Cinco Grandes del Buen Humor, y me escuchaba a mí, que me encerraba en el baño e imitaba a Pinky, hacía Antígona sin saberlo. Y un día me dijo si no quería trabajar. Y le dije: "Mirá, yo lo único que quiero es traer un mango a mi casa". Ya se habían vendido todos los cuadros, todas las cosas, era un horror. Y yo quería ganar un mango para dejar de tomar sopa de arroz todos los días. Ahí me fui a dar una prueba a Teleonce. Hice mi primera novela de Corín Tellado con María Aurelia Bisutti, Rodolfo Salerno y la Tana Rinaldi. Y no paré.
¿Cuál es el secreto de mantenerse tanto tiempo?Hay algo que se produce con la gente, que se identifica o no. Siempre es la gente. Pero es un soberano voluble y te puede abandonar, pero si vos sos más o menos coherente y en los reportajes transmitís lo que realmente sos, te bancan. La gente se da cuenta de todo.
Volviendo al documental, ¿queda algo por saber de China?La China tiene siempre cosas por saber. Aunque ella igual contaba todo. Así que no sé si algo por contar, pero seguramente sí algo por descubrir.