No es un juego de ‘niños’
Colombia no puede esperar a que el fenómeno de El Niño se materialice para reaccionar
Colombia no puede esperar a que el fenómeno de El Niño se materialice para reaccionar. Si el evento 2026-2027 llega con la fuerza que hoy se proyecta, la confiabilidad del sistema eléctrico dependerá de decisiones que deben tomarse desde ya: ahorrar agua, asegurar combustibles, ordenar mantenimientos y alinear incentivos. El análisis técnico de operación ya advierte que, en escenarios deficitarios, el Sistema Interconectado Nacional podría enfrentar niveles de exigencia inéditos y poner en riesgo la atención segura de la demanda. La señal más clara está en los embalses. La recomendación de maximizar reservas desde agosto de 2026 y llegar al inicio del verano con un nivel agregado superior al 80% es, en la práctica, una póliza contra el temido apagón que azotó al país en 1992. Pero ese seguro no es gratis: lograrlo exige desplazar generación hidráulica y sostener una participación térmica mayor y prolongada. El debate, entonces, es doble. Técnico: sin térmicas y sin combustibles, el 80% es un deseo. Económico: el "ahorro" de agua puede encarecer los precios en bolsa y se ha advertido que el kilovatio hora podría pasar de estar por debajo de 300 pesos a acercarse a 900 pesos, o incluso por encima. Pretender confiabilidad sin reconocer ese efecto temporal solo alimenta la improvisación y aquí aparece el segundo problema: la oferta que no llega. El país tenía previsto incorporar 4.475 megavatios en 2026, pero al cierre de abril solo había entrado el 6,5% (291 megavatios), y el rezago viene de años anteriores. Con menos energía nueva de la prevista, la sequía se vuelve más riesgosa y el margen para "equivocarse" desaparece. Por eso, la preparación no puede limitarse a mensajes de ahorro: debe ser un plan operativo y regulatorio, con responsables y metas verificables. El operador del mercado -XM- plantea varias piezas de ese plan: gestión coordinada entre energía y combustibles (gas, carbón y líquidos), seguimiento a inventarios y logística, y coordinación de mantenimientos para que ni generación ni transmisión resten disponibilidad en el momento crítico. También propone abrir la puerta, con ajustes normativos, a la inyección permanente de excedentes de autogeneración y de plantas no despachadas centralmente, e incentivar un pronóstico y una declaración de disponibilidad más rigurosos en plantas solares. Además, recomienda seguimiento continuo a la probabilidad, duración e impacto del evento climático y revisar de forma integral los estatutos de desabastecimiento y racionamiento para preservar la confiabilidad. El tercer frente es institucional: la Superintendencia de Servicios Públicos anunció monitoreo permanente y alertas, tras revisar eficiencia de despacho y proyecciones de demanda y disponibilidad. Bienvenido el control, pero no alcanza si la política pública se reduce a decretos de emergencia que luego se caen. La Corte Constitucional declaró inexequible el decreto del "aporte solidario de energía" y ordenó devolver o compensar lo recaudado, recordando que los atajos jurídicos aumentan la incertidumbre financiera y regulatoria. El Niño 2026-2027 será una prueba de gobernanza. Asegurar embalses, combustibles y disponibilidad implica aceptar costos y comunicar con honestidad: mejor un ajuste gradual y predecible que el trauma de un racionamiento eléctrico. La confiabilidad se construye meses antes, con reglas estables y coordinación técnica, no cuando el embalse ya está al límite. Y cuando el precio en bolsa suba, la respuesta debe ser protección focalizada al usuario vulnerable y no castigos al que entrega energía firme.