Irán se resiste
Para Trump no es gratis este fracaso, justo antes de partir a China.
El conflicto de Irán aún no tiene fecha de término. La negativa de Teherán a aceptar las condiciones propuestas por Washington dejó las negociaciones en suspenso y a Donald Trump enfurecido. Debilitado económica y militarmente, el régimen iraní se resiste a aceptar una derrota. Hasta hace unos días, Trump derrochaba optimismo por las "buenas conversaciones" que pondrían fin a una guerra que, decía, estaba ganada. Pero para las autoridades iraníes la mera supervivencia es una victoria, y no están dispuestas a ceder a demandas que les restarían su poder de negociación. Como dijo el Presidente Masoud Pezeshkian, "nunca bajaremos la cabeza ante el enemigo, y si surge un diálogo o negociaciones, no quiere decir que es una rendición o una retirada".
Todo esto no hace sino aumentar la inquietud respecto del curso de la guerra, por los graves efectos que ha tenido en la economía global y la seguridad regional. El precio del petróleo volvió a subir apenas se supo que no había acuerdo. Mientras el estrecho de Ormuz siga bloqueado e impida el normal flujo del crudo a los mercados mundiales, no se verá el final de la crisis. La semana pasada, Trump había anunciado un operativo para abrir el estrecho y dar paso seguro a los tanqueros, pero lo suspendió para darle oportunidad al diálogo, según dijo. Habrá que esperar a ver si ahora retoma ese llamado "Proyecto libertad", qué carácter toma y cómo responde la Guardia Revolucionaria Islámica, el verdadero poder del régimen.
Para Trump no es gratis este nuevo fracaso, justo antes de partir a China para un importante encuentro con Xi Jinping. Sin un acuerdo que mostrar, su liderazgo queda debilitado, más aún siendo el responsable de haberse embarcado en esta guerra, que creía tan fácil de ganar y que, en teoría, podría haber alentado un levantamiento de la población contra el despótico régimen teocrático. Si bien la cumbre tiene como tema de fondo el comercio, Irán será tópico ineludible. Como principal comprador de petróleo iraní, Beijing tiene gran influencia sobre Teherán, al que ha ayudado a desarrollar sus misiles balísticos, por lo que podría presionarlo para que acepte las principales condiciones de Trump: abrir Ormuz y terminar con su programa nuclear. Irán dice que tiene "legítimo derecho" a enriquecer uranio para uso pacífico, pero para ese fin no se requiere la gradación a la que ha llegado en sus plantas y, por lo demás, podría comprarlo a otros países.
Tras este último episodio, incluso con una presión china sobre Teherán, se ve difícil un rápido acuerdo. Irán no quiere ceder el control del estrecho y demanda reparaciones por los daños de la guerra, el fin de las sanciones económicas y -desconfiado de EE.UU., porque antes lo atacó en medio de negociaciones- que le den garantías de que ello no volverá a ocurrir. Trump había advertido que, si no le aceptaban su propuesta, iniciaría un bombardeo "de mayor nivel e intensidad". Si esa es su decisión, probablemente no dará la orden mientras esté en Beijing, y habría tiempo para un nuevo intento de mediación.