Ascensores, seguridad y regulación
Liney
Malaver
Si usted ha tenido la oportunidad de montar en avión, y es de aquellos que le pone atención a los anuncios que hace el capitán a lo largo del vuelo, seguramente sabe que, cuando la aeronave entra en velocidad crucero, se alcanza una altitud que oscila entre los 9
Liney
Malaver
Si usted ha tenido la oportunidad de montar en avión, y es de aquellos que le pone atención a los anuncios que hace el capitán a lo largo del vuelo, seguramente sabe que, cuando la aeronave entra en velocidad crucero, se alcanza una altitud que oscila entre los 9.000 a los 11.000 metros sobre el nivel del mar. Lo curioso de esto es que, cuando esta información se emite, casi nadie entra en pánico; por el contrario, el anuncio pareciera pasar desapercibido, pues, de alguna manera, existe un consenso por confiar en la tecnología del fabricante, al igual que en la calidad del combustible, los repuestos y los mantenimientos. Con los ascensores sucede lo mismo. Las personas se montan en ellos y, pese a que saben que están dentro de un pozo a varios metros de altura, mantienen la calma y no se angustian, pues confían en que están dentro de un equipo bien mantenido y debidamente fabricado e instalado. Dicha confianza, en la práctica, se traduce en que, tanto la constructora del edificio -que pagó por la compra e instalación de los ascensores- como la administración de la copropiedad -responsable de contratar el servicio posventa-, hicieron y están haciendo todo lo necesario para garantizar el buen funcionamiento de estas unidades. Esto supone un proceso en dos grandes frentes. El primero consiste en que el constructor acuda a un fabricante de probada idoneidad: en posición de asesorarlo con los pormenores técnicos y en capacidad de instalar apta y oportunamente las referencias. El segundo frente, en el que el doliente es la administración, pasa por contratar el mantenimiento con una empresa que cuente con personal capacitado, acceso a garantías y repuestos originales. Sin embargo, pese a que se trata de equipos que transportan vidas humanas, el rigor con el que estos se mantienen no siempre es el apropiado. Dado que el servicio de posventa de los ascensores es el segundo rubro más oneroso dentro de la PH -después del de vigilancia-, un buen porcentaje de las administraciones está reduciendo gastos con mantenimientos poco calificados, en detrimento de la seguridad de los usuarios. Por todo lo anterior, para que el principal criterio a la hora de contratar los mantenimientos sea la seguridad, es que urge que en Colombia exista una regulación de carácter nacional para el transporte vertical; ya que a la fecha solo existen de alcance municipal (distrital), lo que incide en que haya ciudades con regulaciones más estrictas que otras o que haya ciudades con regulación y otras que no. Usar el ascensor, al igual que montar en avión, debe ser una experiencia segura y sin sobresaltos, en la que sin importar el piso -o los miles de metros sobre el nivel del mar- se tenga la tranquilidad de que la maquinaria fue mantenida para proteger la vida y no para ahorrarse unos pesos.
Directora ejecutiva de Estilo Ingeniería.