Viernes, 15 de Mayo de 2026

Startup uruguaya que creó primer fármaco de la región contra la obesidad busca impulsar el Uruguay biotecnológico

UruguayEl País, Uruguay 15 de mayo de 2026

Pía Garat, CEO de Eolo Pharma, analiza los retos de financiar la biotecnología en el país, destaca la calidad del científico local y alerta por la necesidad de agilizar la importación de insumos

Eolo Pharma, la biotech uruguaya creada en 2018 por Pía Garat, Carlos Escande, Virginia López y Carlos Batthyany, podría transformarse en la primera empresa de Sudamérica en desarrollar un medicamento. Se trata de SANA, un fármaco para combatir la obesidad por termogénesis, un proceso natural del organismo que permite quemar la grasa del cuerpo. Desde su creación, la compañía ha captado US$ 7 millones de inversión, ya culminó un ensayo clínico en humanos de Fase 1 y está por comenzar la Fase 2.
Pero el camino no ha sido fácil. Garat, CEO de la empresa, remarcó que competir en ciencia desde Uruguay tiene ciertas desventajas frente a opciones globales, tanto por costos como por acceso a insumos clave para su industria. Sin embargo, reconoce que el talento uruguayo compite de igual a igual con el mundo y que este factor es el que permite destacarse. La CEO plantea la necesidad de que Uruguay apueste más fuerte a la ciencia para ser reconocido globalmente en este ámbito. De esto, y más, habló en esta entrevista.
-¿En qué momento está Eolo Pharma?
-Estamos en una etapa muy linda. Terminamos el ensayo clínico de Fase 1 en 2024 y ahora estamos en la planificación de la Fase 2, que comenzaremos este año.

-En Uruguay no se supo del éxito del estudio de Fase 1 hasta que se difundió en la revista científica Nature Metabolism en 2025. ¿Por qué eligieron no divulgarlo?
-Por estrategia. En Uruguay, los inversores que quieren invertir en una empresa como Eolo ya no lo hacen tanto porque la compañía está avanzada. En cambio, en Estados Unidos sí funciona, pero ahí les escribo a los inversores que me interesan, les muestro los resultados, les mando la información. Es una comunicación más corporativa. Nosotros tratamos de mantener un perfil bastante bajo.
-¿Cuál es el diferencial de su fármaco frente a otros?
-Los fármacos para la obesidad que están en el mercado, como Ozempic y similares, inhiben el apetito. Nosotros vamos por un camino diferente, nuestro fármaco va al tejido adiposo y promueve el gasto energético. Es como si hicieras ejercicio suavemente, no quita las ganas de comer. Eso es muy importante para la adherencia al tratamiento, porque con los otros medicamentos, después de meses, la gente se cansa de tomarlos. No les gusta tener un fármaco que hace vomitar o que saca el apetito porque no es compatible con la vida social. Queremos mostrar que el nuestro se puede usar a largo plazo, y es un punto de inflexión en el valor de Eolo demostrar que con un tratamiento de largo plazo se mantienen los resultados.

-¿Cuál es la diferencia entre la Fase 1 y la Fase 2 que viene?
-En la Fase 1, el objetivo principal fue (demostrar) seguridad con algo de eficacia. La Fase 2 serán 12 semanas (de trabajo) con pacientes con la enfermedad porque queremos ver eficacia real, mostrar pérdida de peso sostenida y, sobre todo, que esa pérdida es de tejido adiposo y no de músculo, que es lo que diferencia nuestro mecanismo de lo que existe hoy. La Fase 2 la haremos en Chile. La experiencia de Australia estuvo muy buena para la Fase 1, pero para un estudio de 12 semanas necesitamos estar más cerca. Chile tiene investigación clínica muy desarrollada, muchas empresas de pharma grandes trabajan ahí, el idioma y la cultura son similares, y podés tomar un avión e ir y volver en el día si hace falta. Esa agilidad es fundamental cuando se genera información de tu fármaco en tiempo real.

-¿Cuándo estiman que llegue SANA al mercado?
-Si todo sale bien, en plazo de unos cinco años.

-Comenzaron cuando en Uruguay el sector biotecnológico era incipiente, ¿cómo fue salir al mundo a conseguir capital?
-Fue extremadamente desafiante. La primera inversión, de US$ 600.000, fue del fondo Cites. Nos dio una primera validación y un capital que en ese momento en la región no había. Después vino la segunda ronda, de US$ 2,7 millones, en la que se sumó Paul Elberse, hoy director de la compañía, quien nos ayudó a identificar inversores ángeles. Y en la tercera ronda, de US$ 3 millones, volvieron los inversores anteriores y se sumó Securitas Bioscience, un fondo específico de biotech. La clave ha sido contar con figuras que han hecho el recorrido y que pusieron su credibilidad junto a la nuestra.

-¿Qué retos enfrentan al hacer y vender ciencia desde Uruguay?
-Al inicio fue difícil porque vendíamos ciencia y (también) la compañía. Lo que nos sorprende cuando salimos es que lo que hicimos acá, afuera lo hacen con diez veces más capital. El uruguayo trabaja con muchos "sombreros", se remanga y es muy eficiente, eso es una ventaja competitiva. Al principio te miran raro cuando decís qué querés hacer, pero una vez que mostrás que lo lograste con poco dinero, quedan impresionados. Eso sí, tenemos que lograr una ciencia tan buena que justifique que te presten atención, no podés tener fallas porque el sesgo de que Uruguay no es conocido por la ciencia existe. Como punto positivo, el talento científico local es muy bueno y competitivo. Como desafío, a nivel país falta financiamiento para ir más rápido, y sobre todo más agilidad al importar reactivos e insumos. En un laboratorio en EE.UU. pedís un reactivo y lo tenés en el día; acá esperás dos o cuatro semanas, y eso retrasa todo.

-¿Qué le falta al ecosistema biotech uruguayo para crecer?
-Primero, más financiamiento en las etapas iniciales, para estudios en animales y validaciones, algo en lo que se está trabajando. En otros países, lo cubre el gobierno con fondos no dilutivos. Segundo, infraestructura. Uruguay no tiene laboratorios que hagan estudios de buenas prácticas de laboratorios con certificaciones necesarias. Son muy costosos y se necesita una alta demanda para que valga la pena (invertir), pero serían un recurso que daría trabajo y servicios para el ecosistema regional. Y tercero, mayor agilidad en los procesos de importación de insumos. También, que exista algún caso de éxito importante. Hay casos muy interesantes, pero son esfuerzos aislados. Entonces, hay que promover, apoyar y difundir más a los científicos y a las startups de Ciencias de la Vida.

-¿Qué rol debe asumir el gobierno en este proceso?
-Hay que promover el "Uruguay Ciencia", igual que se promovió "Uruguay Natural" o el Uruguay tecnológico. Hay investigadores excelentes, hay cosas muy buenas que se hacen pero falta difusión. Me preocupa que, si no mejorás las condiciones, los profesionales terminan yéndose a otros lugares donde es mucho más fácil hacer esto. Yo me quedé porque me gusta hacer esto desde acá, pero es un desafío. Además hay que cuidar muy bien cómo se desempeñan las empresas, porque lo que haga una repercute en todas las demás. El ecosistema es muy chico y muy de nicho. Hay que construir la marca Uruguay en biotecnología con mucho cuidado y mucha seriedad.

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