Sábado, 16 de Mayo de 2026

El discurso del rey

UruguayEl País, Uruguay 16 de mayo de 2026

Nuestra independencia fue inspirada por la Revolución de las trece colonias norteamericanas

Estos son tiempos difíciles para la democracia. El surgimiento, desde que comenzó el siglo XXI, de regímenes populistas y autoritarios de izquierda puso en marcha un real cuestionamiento a lo que se entiende por democracia en la medida que esos gobiernos tenían "legitimidad de origen", las urnas, pero no creían en el Estado de Derecho. Pasados los años, a esos gobiernos les surgió una fuerte competencia: los populismos, también autoritarios, de derecha. Mensajes distintos pero igual manera de imponer su autoridad, despreciar las instituciones y cercenar las libertades.

En ese contexto, el "discurso del rey", o sea el de Carlos III pronunciado ante la sesión conjunta de ambas cámaras legislativas en Estados Unidos, pegó fuerte y pasadas las semanas sigue impactando a un mundo que no parece muy interesado en defender los valores cívicos que el rey destacó en su mensaje.

Es paradójico que quien se plante firme ante este "asedio a la democracia" que caracteriza a la actual era, haya sido un monarca. En realidad, el Reino Unido es una monarquía constitucional, en la que el rey reina pero no manda, y quien sí gobierna es el primer ministro, vigilado y controlado por el Parlamento.

Si bien es frecuente escuchar cuestionamientos a una monarquía tan tradicional como la británica, ese país fue uno de los pioneros en abrir espacios hasta llegar a ser una democracia liberal, como la que rige hoy en el Reino Unido. con rey incluido.

A eso hizo referencia Carlos III ante el Congreso, al recordar el proceso iniciado en 1215 con la Carta Magna y que continuó con la Revolución Gloriosa de 1688. El monarca en realidad hizo alusión a la aprobación, un año después, del "Bill of Rights" de 1689 y marcó la similitud con la declaración de derechos norteamericana (las 10 primeras enmiendas aprobadas en 1791). Es que Carlos III hizo su visita oficial a un país que hace 250 años, y tras una cruenta guerra, se independizó de la corona británica que ahora él representa.

El discurso tuvo toda la impronta personal del rey. El tono en que lo dijo, sus giros, cierta picardía y hasta una dosis de humor que es una saliente característica suya. Pero es obvio que, en la medida que habla por quien gobierna el Reino Unido, gente del gobierno y asesores reales metieron mano. Aún así, su impronta fue notoria y la valió varias ovaciones de pie y fue tema de conversación por semanas.

En un país cuya interna política está muy picada, y vaya si lo está, era obvio que legisladores, opositores, periodistas y analistas harían una lectura muy doméstica de ese discurso a lo que habría que agregar las duras tensiones que hay en este momento entre los gobiernos de Trump y el británico. En definitiva, y en la medida que el rey no puede entrar en política partidaria, termina siendo el más notorio político y el más sutil diplomático. En ese sentido, fue inequívoca su visión europea y británica, de defensa de Ucrania y de la necesidad de salvaguardar a la OTAN.

Pasados varios días desde aquel discurso, no está de más agregarle a ese contexto interno una mirada más universal. Para eso volvamos a lo del principio: estos son tiempos de democracias asediadas y de indiferencia ante como se horada una forma de gobierno imperfecta, en la medida que es humana, pero la mejor que se ha concebido hasta ahora.

Al pasar revista, muy sucinta pero muy significativa, a esa historia que para Carlos III arranca en 1215 y pasa por las declaraciones de derechos de ambos países, demostró su respeto al Congreso norteamericano y lo que éste significa en una democracia donde los poderes independientes se vigilan y controlan entre sí, conteniendo la tentación a caer en el autoritarismo de un presidente todopoderoso. Su mensaje adquirió relevancia universal y por eso fue celebrado en tantos rincones del mundo.

La insistencia en que la independencia norteamericana fue una ruptura con la metrópoli británica, pero aun así ese proceso se apoyó en valores y formas de pensamiento que fueron y siguen siendo comunes a ambos países, debe ser tomada con especial interés por Uruguay.

Nuestra independencia fue inspirada por la Revolución de las trece colonias norteamericanas y en especial en el pensamiento de Jefferson, Madison, John Adams, Thomas Paine, y ellos a su vez inspirados en lo que ocurría en la metrópoli a través de pensadores como John Locke. Ideas que influyeron en la construcción de nuevas instituciones democráticas, republicanas, federales y liberales, y en forma directa sobre el pensamiento de Artigas. Por lo tanto, al rendirle homenaje allá a ellos, el rey también se dirigió a las democracias que se apoyaron en esa particular forma de concebirse, como lo hizo la nuestra.

Pasadas unas semanas, el tan mentado discurso del rey adquiere una trascendencia inesperada y también saludable ante la necesidad de detenerse a pensar que es lo que realmente importa al hablar de democracia, y definirla con los valores que la sustentan.


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