Cada vez más personas en Chile están interesadas en donar su cuerpo a la ciencia
Aunque los inscritos ya suman miles, cada año la mayoría de estos centros solo recibe uno o dos cuerpos de quienes así lo decidieron en vida, los que ayudarán tanto para la investigación como para la docencia.
Ya sea por altruismo, con el fin de ser útil después de la muerte o por un afán de trascender más allá de la familia de origen, hay chilenos que, en vida, deciden donar su cuerpo a la ciencia una vez que fallezcan.
Dubilia Albornoz (90) es una de ellas. Hace veinte años tomó la decisión y hasta hoy no ha dudado ni un día. "Yo leo mucho y así averigüé que uno podía ayudar a la ciencia a través de su cuerpo; entonces me pareció que es una manera de servir a los demás después de morir", cuenta sobre su deseo, que espera sea respetado por sus hijos y nietos, pese a su reticencia.
Hace poco más de un año, Marcelo Palomino (57) supo que el cáncer que lo acompaña hizo metástasis. "Fue una noticia fuerte, pero en vez de echarme a morir comencé a pensar qué hacer y le dije a mi familia que me gustaría que mi cuerpo sea usado para estudios y me apoyaron".
En Chile, el artículo 146 del Código Sanitario establece que cualquier persona mayor de 18 años puede ceder su cadáver para que sea usado en investigación científica, en docencia universitaria o formación de especialistas, por ejemplo.
Unos 15 años atrás, la U. de Chile era la única que recibía cuerpos donados a la ciencia. Pero ante el aumento de consultas y al ver los beneficios que puede tener en su trabajo docente, por ejemplo, diversas casas de estudios superiores, en Santiago y regiones, ya cuentan con programas destinados a este propósito, sin costo para el donante.
Bien informadas
Una de ellas es la U. de La Frontera. "La persona debe realizar una declaración jurada ante notario -en rigor, es gratuita-, donde manifiesta su voluntad de donación y a cuál institución", precisa Nicolás Ottone, profesor asociado y director del Laboratorio de Plastinación y Técnicas Anatómicas.
"Casi el 95% de las personas que vienen ya están bien informadas y convencidas de que quieren hacer esto; uno simplemente responde dudas de procedimientos", agrega.
Una forma de constatar el interés por el tema, dice el médico, se observa en las visitas al sitio de esta universidad www.donacionparalaciencia.com, disponible desde 2018: de 22 visitas aquel año, se pasó a 254 en 2025. "Un aumento aproximado de 1.055%", dice Ottone. En lo que va de este año, las visitas ya suman 168. Eso sí, no todas acaban en un nuevo donante.
Miguel Soto, encargado del Programa de Donación de Cuerpos de la Facultad de Medicina de la U. de Chile, con casi 20 años de existencia, cuenta que en ese período cerca de tres mil personas han realizado el trámite. Desde jóvenes a adultos mayores.
"La mayor parte lo hace por un tema altruista, pero también hay otros motivos, como que no quieren quedar encerrados en un nicho o ser comidos por los gusanos. Cualquier razón es absolutamente plausible y respetable", enfatiza.
"Quienes toman esta decisión reconocen el valor concreto que su donación representa para la formación de futuros profesionales de la salud y para el avance del conocimiento científico", agrega Emilio Farfán, profesor asociado y jefe del Departamento de Anatomía Normal de la Facultad de Medicina de la U. Católica.
Disposición familiar
Los expertos concuerdan en que estos programas han experimentado un crecimiento sostenido a lo largo del tiempo. "Este aumento se explica principalmente por una mayor difusión e información sobre el tema: a medida que las personas conocen en profundidad el alcance y el impacto de la donación de cuerpos, el interés crece de forma natural", dice Farfán.
Cada año, la mayoría de estos centros recibe uno o dos cuerpos de personas que así lo decidieron en vida.
"No hacemos campaña de donación. Esto en general es como de boca a boca", dice Marcela Negroni, directora del Departamento de Anatomía Normal y Medicina Legal de la Facultad de Medicina de la U. de Concepción.
"Una pregunta que nos hacen mucho es si es posible donar órganos y aparte ser donante de cuerpo, y sí, son absolutamente compatibles", comenta.
Una vez que la persona fallece, un familiar debe informar a la universidad para iniciar el proceso.
"La familia puede realizar los rituales funerarios que estime conveniente. Una vez concluidas esas ceremonias, el cuerpo es trasladado a las instalaciones de la universidad, donde se aplican protocolos secuenciales y estandarizados para su recepción", cuenta Farfán.
En este punto es clave la disposición familiar.
Al igual que ocurre con la donación de órganos, aunque exista la voluntad del fallecido, "los familiares tienen la prerrogativa", dice Soto. Eso sí, la tasa de rechazo es mucho menor. "Diría que el 99% acepta la voluntad de su familiar".
Incluso, agrega, "hay un 10% de personas que nunca dejaron su intención por escrito, pero los familiares dicen que siempre quiso donar y lo cumplen".
Una vez recibido, hay un lapso de 48 horas para someter al cadáver a un proceso de conservación. "Un cuerpo puede durar 50 años. Si está en mal estado, se retiran las partes blandas y el esqueleto puede durar 300 años", cuenta Soto.
Un aspecto importante son los "protocolos de anonimización de los cuerpos", precisa Farfán.
Es decir, "medidas que eviten que se pueda identificar el cadáver, el nombre o quién fue la persona".
De hecho, agrega Negroni, se debe descartar a donantes con marcas demasiado evidentes en la piel (cicatrices, tatuajes, manchas).
Un apoyo claveLa donación de cuerpos está mucho más desarrollada en Europa y Norteamérica, precisan los especialistas. "Al igual que en Chile, en varios países del mundo existen leyes que permiten que puedan llegar cuerpos a las universidades de personas que fallecieron en hospitales y no fueron reclamadas, que no tienen deudos", agrega Ottone, quien además es presidente de la Asociación Panamericana de Anatomía.
De todas formas, precisa, "lo que queremos es promover más la donación".
Soto precisa que estos cuerpos son claves "tanto para docencia como para la investigación y cualquier actividad que tenga que ver con la formación de los especialistas. Lo primero que inculcamos en los estudiantes es el respeto al cadáver".
Si bien existen modelos virtuales y fantomas, son un complemento, pero no sustituyen aprender desde un cuerpo real.
"No somos iguales; hay una variabilidad casi del 70% entre una persona y otra. Entonces el cuerpo humano real da esa posibilidad de enseñar, de aprender, con toda esa variabilidad", explica.
Cada año, para el Día del Patrimonio, varios de estos centros ofrecen visitas y recorridos que permiten conocer lo que se hace con los cuerpos donados.