Domingo, 17 de Mayo de 2026

El Gobierno y la seguridad pública

ChileEl Mercurio, Chile 17 de mayo de 2026

Hay una mirada amplia de cómo avanzar, pero existen vacíos que deben resolverse.

Es lamentable la polémica que se abriera a partir de las palabras de la ministra Steinert sobre su sorpresa ante la exigencia parlamentaria de presentar un plan estructurado para su área. Y es que su gaffe comunicacional ha terminado opacando los contenidos incluidos en el plan que ella misma expusiera esta semana ante la Cámara y que representó un avance conceptual relevante.
En efecto, definió allí un marco preciso para su gestión, orientado por tres pilares: recuperación de control territorial por parte del Estado, mayor eficacia no solo de las policías, sino de todo el sistema de persecución criminal, y fortalecimiento de las instituciones. En ese plan, cada pilar va acompañado de objetivos estratégicos. Entre estos, se mencionan focos en crimen organizado y terrorismo; prevención integral para evitar que los delitos se produzcan; un mejor uso de la información para potenciar las labores de inteligencia; mayor integración de los distintos organismos del Estado, incluidos municipios, y una coordinación más efectiva con la seguridad privada y la sociedad civil.
Una pequeña muestra de lo que pretende la ministra comienza a verse en los despliegues que han realizado las policías y demás instituciones del Estado para capturar a personas con órdenes de detención pendientes, efectuar incautaciones de droga y contrabando, y para el ingreso a Temucuicui. Ello revela un énfasis en gestión y mejor organización del Estado para enfrentar las distintas realidades delictuales. Es un giro respecto del esfuerzo legislativo de los últimos años, el cual quizás requiera de una pausa para que sus frutos se puedan aplicar y evaluar. Por cierto, es posible que el fortalecimiento institucional demande nuevas leyes, pero ellas surgirían como una respuesta a los obstáculos que pueda enfrentar su plan. Hay aquí una dosis de realismo que parece razonable.
Con todo, en la exposición ante la Cámara quedó mucho mejor esbozado el modo en que se espera satisfacer el primero de los tres objetivos prioritarios. Los ejemplos citados por la ministra se concentraron, por lo demás, allí. Más difusos fueron, en cambio, sus planteamientos sobre los otros dos pilares. Por ejemplo, respecto del segundo, argumentó la importancia de convertir las detenciones en sentencias, pero ello requiere de cambios en el funcionamiento de las policías y de mayor coordinación de estas con los órganos persecutores, puntos que no quedaron bien delineados. A su vez, y a propósito del traspaso de Gendarmería a su repartición, prácticamente no hubo referencias a la política carcelaria. Adicionalmente, un plan debe tener indicadores medibles y compromisos transparentes, que permitan ir evaluando su efectividad. Quizás el escenario no era el más apropiado para exhibirlos, pero su ausencia se hizo notoria. Así, la presentación dejó en claro que existe una mirada amplia de cómo avanzar hacia un país más seguro, pero también evidenció sus vacíos, y ellos requieren pronta atención. No menos relevante es revisar y fortalecer la capacidad comunicacional de una cartera que sigue mostrando graves falencias en ese ámbito.
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