Lunes, 18 de Mayo de 2026

Comienza a escribirse una página histórica para el Mercosur

UruguayEl País, Uruguay 18 de mayo de 2026

El acuerdo comercial con la UE plantea enormes oportunidades, y también grandes desafíos

Desde el Protocolo de Ouro Preto de 1994, en los 32 años siguientes de historia del Mercosur no hubo un hito tan trascendente como el del pasado 17 de enero de 2026, cuando se firmó el acuerdo de libre comercio con la Unión Europea (UE). Tras una odisea de más de 25 años de negociaciones finalmente se alcanzó la meta, y el 1 de mayo comenzó a regir la aplicación provisional en materia arancelaria. Pero el acuerdo es mucho más que aranceles y cuotas.

También contempla la cooperación en otros temas esenciales como los servicios, la economía digital, las compras públicas, la sostenibilidad, la propiedad intelectual y el tratamiento a las Pymes, que irán moldeándose en futuras instancias.

En el plano arancelario, a partir del 1 de mayo se produce una desgravación inmediata en el 74% del comercio de la Unión Europea, con un calendario de gradual hasta alcanzar el 92% en 10 años. El acuerdo es asimétrico y favorable para el Mercosur, donde las desgravaciones serán por el 14% y 72% respectivamente. Cuando culmine el cronograma, tendremos la zona de libre comercio más grande del mundo conformada por 750 millones de consumidores con casi el 20% del PIB mundial.

Las exportaciones de Uruguay a la UE ascendieron a US$ 1.850 millones en 2025 siendo el tercer mercado de destino más importante después de China y Brasil. El 90% de las ventas a la UE está concentrado en 5 países (Países Bajos, Italia, Alemania, España y Portugal) y el restante 10% se destina a los otros 22 países que integran el bloque. Por tanto, la apertura comercial representa una oportunidad no sólo para ampliar la presencia en mercados existentes, sino también para la captura de nuevos mercados.
El grueso de las desgravaciones en la UE no genera impacto inmediato en Uruguay por tratarse en muchos casos de bienes que no exportamos o ni siquiera producimos. De hecho, más del 80% de las exportaciones uruguayas a la UE están concentradas en cuatro bienes: celulosa (38%), carne bovina (32%), arroz (6%) y madera (5%). La celulosa ya estaba exenta por tratarse de un insumo estratégico para la industria europea del papel. En cambio, la carne bovina es el principal ganador inmediato al eliminarse el arancel del 20% que regía dentro de las cuotas (Hilton/GATT/Bilan), en tanto que Mercosur recibirá una cuota incremental de 99.000 toneladas (peso carcasa) a lo largo de cinco años, con un arancel intra cuota de 7,5% (1).

El sector arrocero es otro ganador, al ser Uruguay el principal exportador de arroz desde Mercosur a la UE, y el acuerdo establece una cuota de 60.000 toneladas de arroz elaborado sin arancel intracuota a implementarse en 5 años. En cuanto a la madera contrachapada, se producirá una reducción lineal del 7% del arancel actual durante 7 años. Otros productos de menor peso relativo pero que también son exportados a la UE como los tops de lana peinada, los subproductos cárnicos, la pesca, o las frutas, también gozan de desgravación inmediata a partir del 1 de mayo. De hecho, la primera exportación uruguaya con arancel 0% fue de merluza con destino a Lituania.
Los acuerdos de libre comercio suelen traer dos consecuencias: i) mejora del bienestar económico general; ii) no todos ganan con la liberalización comercial. Al eliminar la distorsión de precios relativos provocada por los aranceles, se produce una reasignación más eficiente de recursos que beneficia aquellos sectores con ventajas comparativas (en nuestro caso, el agropecuario y agroindustrial), mientras se ven perjudicados otros sectores con menor eficiencia relativa y por tanto con peores condiciones para competir sin barreras arancelarias.

Esto no deja de significar un beneficio para el consumidor que tras el acuerdo podrá acceder a productos importados de mejor calidad a un menor precio, siendo esta otra típica consecuencia de la liberalización comercial: beneficiarios atomizados (consumidores) y perjudicados concentrados (productores que no poseen ventajas comparativas). En nuestro caso, el intercambio comercial con la UE es bastante complementario, dado que no producimos el grueso de los productos que importamos. Pero puede haber sectores amenazados no tanto por el desplazamiento en el mercado interno, sino por el desvío de comercio en otros socios dentro del Mercosur. Por ejemplo, el 26% de las exportaciones de la industria láctea están destinadas a Brasil. La reducción arancelaria en el Mercosur conlleva un riesgo por la competencia de los productos lácteos europeos. Algo similar podría ocurrir con la industria automotriz, aunque en este caso el proceso acordado de desgravación arancelaria es mucho más gradual. Lo cierto es que la movilidad intersectorial de los factores productivos en la vida real no es aceitada como en los modelos económicos, razón por la cual es válido identificar a los sectores amenazados, y emplear políticas públicas para apoyarlos transitoriamente durante el proceso de reconversión. También cabe señalar el mitigante ya aludido de la asimetría en el proceso de desgravación en beneficio del Mercosur.
En cualquier caso, ninguno de estos riesgos debe interrumpir el proceso que generará resultados netos positivos. Al respecto, el gobierno uruguayo presentó un informe preliminar elaborado por el BID donde, en base a la aplicación de modelos de equilibrio general computables al comercio, arroja que en un horizonte de 10 años el acuerdo traerá aparejado un incremento del PIB de 1,9%, un alza del consumo en 2,5%, un abatimiento de 2% en el desempleo y 8,4% en la pobreza.

Un elemento destacable del modelo es que del alza prevista de 1,9% solamente 0,3% es atribuible al efecto directo de reducir los aranceles. El 1,9% esperado proviene de sumar 0,4% por el efecto combinado con la integración regional (convergencia de normas con Europa y entre los países de Mercosur que permitirá reducir barreras no arancelarias) y 1,5% por efecto combinado por ganancias de productividad. Quiere decir que el impacto más significativo no vendrá por la reducción arancelaria propiamente dicha, sino por la mejora en productividad de los factores. Pero estas ganancias de eficiencia no vendrán solas. Las empresas tienen por delante el desafío de mejorar su desempeño en un escenario más competitivo, y el gobierno también deberá contribuir generando las condiciones que permitan a las empresas operar con mayor eficiencia.

La evidencia exhibida por estudios del BID muestra que el stock Inversión Extranjera Directa (EDI) europea aumentó significativamente en aquellos países que celebraron acuerdos comerciales con la UE. En nuestro caso, el acuerdo es a nivel de bloque, con lo cual Uruguay deberá competir con sus tres socios para la captación de IED regional. Por tanto, las políticas públicas deben contribuir en generar mejores condiciones para desarrollar negocios, más allá de los beneficios fiscales actualmente existentes. Próximamente el gobierno presentará un proyecto de ley de Competitividad e Innovación que esperamos vaya en la línea de las reformas microeconómicas necesarias para mejorar la competitividad.

El acuerdo con la UE es un hito histórico que abre enormes oportunidades, pero también plantea grandes desafíos. El gobierno deberá activar rápidamente las reformas necesarias para que las ganancias de productividad se terminen materializando.

(1) La distribución de la cuota extra entre los distintos países del Mercosur es un tema pendiente de resolución a la interna del bloque.

-El autor, economista Marcelo Sibille, es gerente senior del área de asesoramiento económico y financiero de KPMG en Uruguay.
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